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Archive for the ‘Matrimonio’ Category

La esencia del matrimonio

No puede ser que los prejuicios añejos sean más fuertes que el amor

Con esta explicación, la Presidenta de la República anunció que enviaría al Congreso un proyecto de ley para establecer el matrimonio homosexual en Chile.

A pesar de la constante campaña a favor de alterar la definición misma del matrimonio, en la televisión, en el Estado, en las élites culturales, sociales y políticas, esta iniciativa todavía enfrenta fuertes resistencias. Cuando la única opción aceptable en público es la completa sumisión del entendimiento y la voluntad a las pretensiones del lobby gay, y cualquier alternativa o escrúpulo al respecto es denunciada como el epítome de la intolerancia (y por lo mismo, intolerable), sorprende encontrar que un 60% todavía quiere mantener el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

Es que el matrimonio nunca será un detalle menor en la forma como la sociedad decide organizarse. En las leyes de matrimonio civil hay muchas normas de detalle, que se modifican todo el tiempo. Cambia al régimen de los bienes, a los requisitos para contraerlo, o sus efectos sucesorios, etc. Esto son aspectos periféricos, que se resuelven sin mayor controversia, como un asunto técnico donde la gente no tiene mayor interés. En cambio, decir que dos hombres podrían casarse provoca preocupación y debate. Existe en la población la intuición de que algo no anda bien, que es una mentira sobre la esencia misma del matrimonio, y que desprestigia a la ley que la acoja y la apruebe.

Sin embargo, convertir esa intuición en un argumento razonable requiere un esfuerzo. Lo habitual es intentar apaciguar los ánimos con soluciones de compromiso, como establecer uniones civiles que son matrimonio en todo menos en el nombre, o admitir que dos hombres se casen pero no que adopten niños.

Nuestro esfuerzo, entonces, será hacer explícito ese argumento

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Manuel Contreras y los actos intrínsecamente malos

ManuelEl viernes por la noche falleció Manuel Contreras Sepúlveda, el jefe de la DINA, la agencia de inteligencia de la dictadura del General Pinochet. No es fácil resumir su persona en pocas palabras. Por la distancia que nos separa de personajes como Hitler o Mengele, su maldad casi se ha convertido en caricaturas. Manuel Contreras, en cambio, estaba al mismo nivel de perversidad… y podría haber sido nuestro vecino. Para los no chilenos, tal vez baste con decir que los adherentes a Augusto Pinochet, que todavía existen, culpan a Manuel Contreras de las violaciones a los Derechos Humanos.

Durante el fin de semana, conversábamos en mi familia acerca de este personaje, y como mucha gente esperaba que al final de su vida expresara algún tipo de arrepentimiento. Se tenía la esperanza que eso se manifestara en entregar información sobre la participación de otras personas en sus crímenes, y en el destino final de tantos detenidos desaparecidos, que todavía son buscados por sus familiares. Nada de eso sucedió, y Manuel Contreras murió en silencio y al parecer en paz con su conciencia. Incluso en sus últimas entrevistas, al contrario de arrepentimiento, lo que dijo es que su conciencia estaba tranquila, porque en toda guerra había desaparecidos, y él había actuado en una guerra por su patria.

Manuel Contreras no era un monstruo ni estaba loco. Simplemente vio un resultado como deseable, y encontró la justificación moral que le permitía obtenerlo. Ante su conciencia, él actuó correctamente. Al considerarlo así, uno no puede menos que estremecerse.

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Un visitante consulta…

En la entrada anterior, un visitante (también con muy buena voluntad) comenta:

Dos conflictos que me surjen.
El primero es sobre la validez del matrimonio entre Santa María y San José, pues al parecer, y según se ha dicho con anterioridad en estos blogs, no tenían intención de copular, y por lo tanto, tampoco de procrear.

Me cuesta entender de qué forma podría ser esta una cuestión relevante. Santa María y San José eran judíos, no bautizados, que contrajeron matrimonio bajo las leyes del su época, y que por lo tanto no estaban sujetos a las condiciones habituales que se nos aplican a nosotros. Si quisiéramos aplicar las categorías modernas, tendríamos que decir que el suyo fue un matrimonio natural.

Si vamos un paso más allá, e intentamos aplicar las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio sacramental a esa situación tan peculiar, tendríamos que decir que un matrimonio válido se constituye por el consentimiento de los contrayentes, es decir, por la intención expresada formalmente de contraer matrimonio y sabiendo en qué consiste. Desde ese punto de vista el de María y José también sería plenamente válido, pues ambos habrían dado su consentimiento.

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Nuevas fronteras para la libertad de expresión o ¿En qué te afecta que los gay se casen?

DenierUnos días atrás, el sitio web OK Cupid organizó un boicot contra el navegador Firefox de Mozilla, al enterarse que Brendan Eich, uno de los directores de la fundación encargada de mantener el navegador era contrario al matrimonio homosexual, y había hecho donaciones a campañas políticas en favor de mantener el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Finalmente, El boicot fue exitoso, pues a los pocos días el Eich renunció a su puesto, al tiempo que la directora de Mozilla emitió un comunicado disculpándose con la comunidad por no haber actuado con la rapidez necesaria una vez que la controversia estalló.

Además de la reacción esperable entre los defensores del matrimonio natural, esta situación hizo saltar las alarmas de algunos, incluso en el campo homosexualista, por lo que este resultado representa para la libertad de expresión. Por ejemplo, el columnista gay Andrew Sullivan, escribe:

¿Ahora será forzado a caminar por las calles en vergüenza? ¿Por qué no el cepo? Todo este episodio me repugna, como debería repugnar a cualquiera interesado en una sociedad diversa y tolerante. Si este es el movimiento por los derechos gay de hoy –acosando a nuestros oponentes con un fanatismo más propio de la derecha religiosa que de otros– entonces no cuenten conmigo. Si estamos por intimidar la libertad de expresión de otros, no somos mejores que los abusadores anti-gay que estaban antes que nosotros.

¿Y la réplica de los que apoyaron el boicot contra Brendan Eich? Él conserva la libertad de opinar lo que guste, pero si va más allá de opinar y apoya una campaña que niega sus derechos a una minoría, debe estar dispuesto a sufrir las consecuencias. Después de todo, nadie toleraría que trabajara como director de una gran compañía un nazi o miembro del Ku Klux Klan.

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¿De qué sirve casarse?

casarse ¿Para qué sirve el matrimonio? Esta es la pregunta que se hace la joven pareja que probablemente vive junta hace algún tiempo ya, no tienen el dinero para organizar la boda que ella siempre ha soñado, y él no ve en todo eso más que una tradición, que puede estar bien para los viejos, pero no para uno. Hasta los padres dicen “¿Acaso no es suficiente con que se amen? Y si luego la cosa no funciona y se separan, pues hay un trámite menos que hacer.”

Se suele decir que el matrimonio es bueno para la salud, que los casados viven más años, y ciertamente que los beneficios estatales pueden tener algún valor eventualmente. Pero considerando lo que ofrece la soltería, todo eso no parece compensar, y más bien suenan a razones superficiales.

Yo mismo me casé sin tener clara la respuesta a esta pregunta. Habiendo recibido el sacramento de la Confirmación a los 25 años, vivir en concubinato no era una opción para mi (en ese tiempo) novia y yo, pero todavía no tenía claro por qué se le daba tanta importancia a esto de estar casados, o si era algo más que una obligación religiosa.

A lo largo de estos trece años, he descubierto que existen excelentes motivos para haberme casado, y como me habría encantado conocer en ese entonces las razones que ahora tengo, quiero compartirlas con ustedes.

Sirve casarse, porque es justo.

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Sobre el famoso libro

Si han llegado hasta InfoCatólica, seguro no necesito contarles acerca de la publicación de cierto libro de polémico título, y que ha generado diversas reacciones en la sociedad española.

Como no lo he leído, déjenme compartir con Uds. algunas reflexiones que me surgido a propósito de los artículos y comentarios.

El título

Es evidente que el título está puesto con el ánimo de provocar una reacción. Hay muchas doctrinas que podrían sacarse de contexto para escandalizar al lector casual, pero que son ampliamente conocidas y aceptadas. Pienso, por ejemplo en “no llamen a nadie padre” o “el que no odia a su padre y a su madres no es digno de mí” que pueden prestarse para titular un libro como “la guerra de los cristianos contra la familia” y generar con eso muchas ventas.

El punto es si está justificado o no usar el escándalo como herramienta para promover un libro. Por una parte los cristianos tenemos un deber de veracidad, que comprende no “usar trucos” para atraer la atención, sino confiar en la fuerza intrínseca de la verdad. Además, este título puede tener el efecto pernicioso de reafirmar ciertos prejuicios errados y dañinos que existen en la sociedad acerca de la posición de la mujer en la Iglesia. Prueba de ello son las destempladas peticiones de censura.

Sin embargo, ese mismo escándalo implica que estemos hablando ahora del libro, atención que no se podría haber obtenido de otro modo y conocer la doctrina cristiana nunca es malo (parto de la base que el contenido es ortodoxo). Además el título es indudablemente verdadero, en tanto no hace más que reproducir palabras que se encuentran en la Escritura, y si bien el contexto es siempre relevante, no es menos cierto que un título no está para dar contextos, sino para atraer la atención.

Supongo que mi opinión respecto al título es positiva con reservas.

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El amor mató al matrimonio

Creo que cuando San Pablo escribió “33 En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como así mismo, y la esposa debe respetar a su marido” (Ef 5), sabía perfectamente que estaba iniciando una revolución.

Hasta ese momento, la mujer había sido considerada apenas superior al ganado, de modo que el cristianismo, al poner el amor a la esposa como una “piedra de toque” de la relación conyugal, dio la partida a un cambio fundamental para recuperar la dignidad que tenía la mujer en el principio, y para dejar atrás la idea de matrimonio como un acuerdo económico entre familias.

Pero supongo que el santo jamás se imaginó que sería esa misma palabra, el amor, la que acabaría usándose para destruir el matrimonio.

Algunas entradas atrás les comentaba cómo he llegado a darme cuenta que la enseñanza cristiana acerca del matrimonio es absolutamente incomprensible para nuestra cultura, porque hemos perdido completamente el concepto mismo de amor, como servicio y auto entrega, y lo hemos reemplazado por una idea romántica de auto expresión y auto satisfacción.

Las razones de este cambio radical se suelen trazar hasta la abierta aceptación del divorcio, que comenzó a ganar terreno en las naciones occidentales a mediados del S. XX, y que ha culminado en el presente con una liberalización tal de las leyes de familia (especialmente en cuanto a los divorcios sin culpa), que hoy en día es más fácil disolver un matrimonio que poner término a un arriendo.

Sin embargo, uno podría ir todavía más atrás, y argumentar que el sólo hecho de que el matrimonio sea definido en la ley como un contrato, que deje de ser un sacramento y se convierta en “el contrato del amor”, proceso que se inició hace unos dos siglos, ya lleva en sí el germen de su destrucción.

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