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Archive for the ‘General’ Category

El tesoro oculto y la perla ¿Parábolas redundantes?

Un par de domingos atrás, la lectura del evangelio comenzaba de un modo peculiar. Específicamente con dos parábolas de Jesús que parecían decir exactamente lo mismo, o apuntar al mismo punto. Recordemos:

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra. (Mt 13,44-45)

Ambas nos presentan un objeto valioso, un tesoro y una perla, que alguien encuentra y vende todo cuanto tiene para comprarla. Palabra de Dios, y todo eso, pero ya que estamos ¿Qué sentido tendría el poner dos veces los mismo, una a continuación de la otra? ¿Es un mero repetir por repetir? Habiendo tantas enseñanzas de Jesús que registrar en un evangelio ¿Por qué dedicar espacio y tiempo a una simple iteración?

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El matrimonio gay como síntoma

Hace tiempo, no me atrevería a decir cuánto, dos ideas de matrimonio compiten en nuestra sociedad: una que lo entiende centrado en los hijos, y otra que lo ve esencialmente como un contrato entre adultos. Al primero de estos conceptos, más tradicional, pertenecen características como la solemnidad de la boda, la estabilidad, y la prohibición de contraerlo entre parientes. A la segunda escuela acerca del matrimonio, moderna, corresponden las bodas fastuosas, las relaciones abiertas, el divorcio exprés y sin causa y, obviamente el mal llamado “matrimonio gay”.

Entre estas dos tendencias, es indudable que el matrimonio gay es una gran victoria simbólica a favor de la idea moderna de matrimonio. Es más, me atrevería a decir que es la victoria definitiva, pues en una relación homosexual los hijos no figuran por ningún lado. La infertilidad no es un defecto ni una opción buscada, sino un elemento esencial.

Es cierto que ni el matrimonio y ni la sociedad colapsan cuando se instaura el matrimonio gay. Siendo los homosexuales entre un 1 y 2 por ciento de la población, y muchos menos los que se “casan”, los efectos inmediatos y directos de esas leyes son mínimos. Sin embargo, no hemos perdido el tiempo al hablar sobre la importancia del matrimonio natural en este blog. Es un deber denunciar toda ley inmoral y absurda, incluso si sus efectos no son perceptibles en el día a día. Las leyes de matrimonio gay, además de ser una inmorales y absurdas, tiene un enorme efecto simbólico.

“¿Y qué importa?” podrían decirnos “¿No es lo normal que la sociedad cambie? ¿Que sus instituciones se modernicen?”

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¿La más profunda vulneración a los derechos humanos?

El Hogar de Cristo es una institución de caridad fundada en 1944 por san Alberto Hurtado, el primer santo chileno, para que los pobres recibieran, además de alimento y amparo, dignidad y cariño. Hoy en día sostiene numerosas obras de caridad a lo largo de todo el territorio nacional, y se sostiene gracias a las donaciones de miles de socios. Cada año realiza una campaña para atraer más socios, y la de 2017 se hace bajo el lema “la pobreza es la más profunda vulneración de los derechos humanos”.

¿Es eso cierto? ¿Puede una organización católica decir “la pobreza es la mayor vulneración a los derechos humanos”?

No puedo evitar cierta disonancia cuando un cristiano habla de la pobreza como un mal absoluto. No soy pobre, pero demasiadas horas escuchando sermones sobre la predilección de Jesús por los más humildes, y su propia vida y la de sus discípulos bastan para sentir que algo no anda bien si te dicen que la pobreza es intrínsecamente mala. Más bien al contrario, muchas veces se nos ha repetido que el amor al dinero, no la pobreza, es la raíz de muchos males (1 Tim 6,10).

El capellán del Hogar de Cristo, P. Pablo Walker explica: Leer más…

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Por qué no soy feminista

Algunas entradas atrás manifesté mi solidaridad con las metas y la dirección general de los feministas. Nadie podría estar en contra de terminar con las discriminaciones injustas, y a veces eso suede por el solo hecho de pertenecer a cierto sexo. Ciertamente que espero que mis hijas y mi esposa tengan las mismas oportunidades que un varón en análoga situación, si no mejores.

Al decir cosas como esta, me han dicho que soy feminista aunque yo no lo sepa, incluso aunque no quiera serlo. Yo lo niego rotundamente.

Tengo la sensación que el feminismo es expresión de una gran cantidad de “energía moral” que está mal dirigida. La mayoría de las personas sentimos la necesidad de hacer el bien, una energía que nos lleva a querer de colaborar por dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Esa urgencia por el bien está profundamente arraigada en la conciencia humana y, a no dudarlo, proviene directamente de Dios. Por eso respeto profundamente a los feministas.

Sin embargo, no puedo soslayar que el feminismo está profunda y peligrosamente equivocado.

Gustan los feministas de decir que solo buscan igualdad, pero eso se demuestra falso con extrema facilidad. Yo mismo, por ejemplo, estoy a favor de la igualdad de hombres y mujeres, de la misma forma como estoy a favor de la igualdad de chilenos y argentinos, de rubias y morenas, de feos y bonitos. Buscar la adecuada igualdad entre todas las personas no me hace más feminista, ni internacionalista, ni morenista, ni feísta. Si algo, buscar la igualdad me hace más pro-vida, y más católico, pues aparte del cristianismo no hay otra doctrina que tan radicalmente haya defendido la igualdad de todos los miembros de la especie humana.

El feminismo no es solo luchar contra la desigualdad. Es luchar contra la desigualdad y algo más, una causa específica de esa desigualdad. El feminismo identifica la desigualdad como algo malo, pero además sostiene que el origen de la desigualdad es el machismo, o el patriarcado. No sé si todavía habrá feministas tan radicales que todavía crean que la causa de la desigualdad son los hombres, pero si los hay, si importancia es nula. En general el movimiento feminista se enfoca en denunciar el machismo o el patriarcado.

Mi problema con el feminismo es que no es más que marxismo actualizado.

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Manifiesto sobre la transexualidad

Quiero decir que en la especie humana solo existen dos sexos, y no porque lo diga yo, o porque me guste particularmente ese número. La mayoría de las especies biológicas presenta una reproducción sexuada, y esa forma de reproducción solo utiliza dos sexos. Existen excepciones, desde luego, como la bipartición en organismos microscópicos o el hermafroditismo en algunos insectos y peces. En la especie humana, sin embargo, es un hecho biológico que los sexos son dos. Habitualmente se les llama varón y mujer.

Se habla de hermafroditismo en humanos, pero no es un tercer sexo sino una condición patológica que afecta al proceso de gestación. El hermafroditismo en humanos es una enfermedad, porque la reproducción en nuestra especie es sexuada. Es por lo mismo que en nuestra especie los niños tienen pene y la niñas vagina.

También quiero decir que el cambio de sexo en los humanos es imposible. El sexo viene determinado por el código genético repetido en cada célula de nuestro cuerpo, y no por características visibles a simple vista. Si un varón se afeita la barba cada día, no deja por eso de ser varón. Tampoco si se somete a una vasectomía, aunque en adelante no podrá realizar una de las funciones propias de su sexualidad masculina. No es menos hombre un varón que sufre una castración ni la mutilación de su pene. Un varón sigue siéndolo aunque le falte vello facial, testículos o pene, porque el sexo viene determinado por el material genético y no depende de características exteriores, que pueden estar presentes o no. Otro tanto se puede decir de una mujer, que no deja de serlo por sufrir una mastectomía, ni esterilidad, ni hirsutismo, ni ninguna otra condición médica.

Cualquier mutilación del cuerpo, voluntaria o no, no modifica el sexo de una persona, pues el sexo es una realidad biológica, donde la psicología no juega ningún papel.

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Libertad religiosa, de conciencia y de culto

A medida que Occidente se aleja más y más de sus raíces cristianas, los conflictos entre las élites sociales y la minoría cristiana se vuelven algo inevitable. El pastelero que no quiere atender una boda gay, o el médico que se niega a practicar un aborto, son apenas la punta del iceberg. En ese escenario, la libertad religiosa deberá luchar por su espacio en la sociedad, a pesar de ser un derecho fundamental, a medida que nuevos “derechos” parecen exigir que se la límite y restrinja. Sin ir más lejos, los llamados derechos sexuales y reproductivos, o el derecho al aborto, jamás han sido consagrados como fundamentales en los tratados internacionales, pero ya reclaman precedencia sobre la libertad religiosa.

¿Qué es entonces la libertad religiosa? Para entender bien en qué consiste y cuando se aplica, conviene comenzar por aclarar lo que no es.

En primer lugar, libertad religiosa no es el derecho a tener una religión, o un conjunto de creencias espirituales, o a no tener ninguna. Para eso, bastaría la libertad de conciencia, que impide al Estado perseguir a los que tienen una idea o la expresan, sin importar si versa sobre un asunto espiritual, filosófico, político o científico. Si quiero pensar que el cielo es rosa, que Trump es el anticristo, o que un feto no es un humano, tengo la libertad de hacerlo, sin importar lo absurdas que sean esas ideas. Otros pueden pensar que es igual de absurdo creer que un pan es el cuerpo de Cristo o que viviremos para siempre en el cielo, pero ese no es el punto. El punto es que no necesitamos libertad religiosa para proteger el derecho a pensar que Dios existe, basta con la libertad de conciencia. Aunque la libertad religiosa abarca el derecho a creer en Dios y a cambiar de religión, en el fondo es otra cosa.

Se equivoca Google, entonces, cuando le preguntamos por el concepto de libertad religiosa y nos responde con “el derecho de una persona a poseer la fe que desee, ser ateo o agnóstico”. No es eso.

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Aborto en Éxodo 21 ¿una multa?

Recientemente el columnista de Radio Cooperativa, Juan Pablo Rivera quiso resucitar un viejo argumento para convencernos de que Dios no tiene problemas con el asesinato de niños:

Lo más cercano a una condena referente al aborto se encuentra en el capítulo 21 del Éxodo (una especie de declaración de la ley de los antiguos israelitas). Pero incluso allí, se consideraba los fetos como entes que aún no alcanzan la constitución de un ser humano completo […] Un creyente que base sus propias convicciones religiosas en la palabra sagrada de las Escrituras no podría considerar a un feto como un ser humano completo, puesto que no existe pasaje alguno que asimile a un feto al mismo nivel de un ser humano.

La Biblia es un libro maravilloso, que a la vez puede leer un niño y un teólogo, sin agotar jamás sus significados y relevancia. Lamentablemente, algunos se toman de eso para insistir en una lectura pueril y simplista cuando les conviene. El pasaje en cuestión es el siguiente:

Si unos hombres se pelean, y uno de ellos atropella a una mujer embarazada y le provoca un aborto, sin que sobrevenga ninguna otra desgracia, el culpable deberá pagar la indemnización que le imponga el marido de la mujer, y el pago se hará por arbitraje. Pero si sucede una desgracia, tendrás que dar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión. [Ex 21, 22-25]

¿Acaso Dios considera que la vida del feto no equivale más que a una multa?

No, claro que no.

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