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Archive for the ‘Economía’ Category

Posnatal de 6 meses

En la última temporara electoral, todos los candidatos prometieron un posnatal de 6 meses. A primera vista, nadie podría oponerse, y nosotros, que tenemos una clara opción pronatalista, el primero de todos ¿no?

Ojalá fuera así de simple.

Pero no lo es, y el primer efecto evidente es que aumenta el costo de contratar mujeres. Como lo he dicho antes, que las empresas prefieran, en igualdad de condiciones, contratar hombres antes que mujeres, no es un problema de puro machismo (y la empresa que funcionara con tales prejuicios rápidamente se iría a la quiebra); es simplemente que quien contrata a una trabajadora sabe que acepta la posibilidad de que ella tenga un hijo, y que la empresa deberá soportar parte de los costos asociados a esa opción. Esto no ocurre con los hombres y eso explica la permanente diferencia entre la tasa de empleo de hombres y mujeres, que incluso los países ricos llevan decenios intentando eliminar, sin éxito. Creo que esto también se refleja en el menor sueldo que en general reciben las mujeres por el mismo trabajo, dado que ellas mismas no se sienten seguras para negociar un aumento salarial o postular a un nuevo trabajo, sabiendo que pueden quedar embarazadas o que no pueden comprometerse con un nuevo proyecto, dados sus compromisos previos hacia sus hijos.

Los economistas dicen que el costo económico de la medida se compensaría plenamente con lo que hoy se paga por licencias médicas para las madres por enfermedad del hijo, una vez concluído el pos natal. El punto es que un posnatal de 6 meses tiene además fuertes costos en la organización. Consideremos que un posnatal no es un imprevisto, viene precedido de un prenatal, de entre 1 y 2 meses dependiendo de la complejidad del embarazo, y seguramente será seguido de las vacaciones correspondientes a ese año. En total, la empresa no contará con un recurso valioso al menos por 2/3 de un año, y eso lleva asociado un costo, porque cada trabajador tiene capacidades y responsabilidades propias, que no son fácilmente transferibles.

Para paliar esta situación se propone tomar medidas para hacer participar a los padres en la crianza de los hijos, distribuyendo mejor el costo del embarazo entre los dos involucrados. Hasta cierto punto esta perspectiva es de justicia básica y estamos de acuerdo en la urgencia de que los padres se involucren activamente en la educación, pero al mismo tiempo se debe reconocer que sólo las mujeres pueden ser madres, y por lo tanto hay roles en los que jamás podrían ser reemplazados por el padre. Por otro lado, esto tendría un efecto de aumentar el costo la mano de obra masculina, pero no cualquiera, sino que aquella que ha tenido hijos, lo que a su vez perjudica a los padres de familia frente a los solteros.

Como ven, siendo del todo deseable que las madres y padres tengan más tiempo para pasar con sus hijos, sobre todo en la etapa de la vida en que se construyen las bases de la personalidad, implementar una medida como la propuesta, sin acompañarla de otras que apunten a distribuir el costo de tener hijos equitativamente entre toda la sociedad, puede tener efectos perniciosos que perjudiquen precisamente a quien se quiere ayudar.

Un posnatal de 6 meses debería presentarse acompañado de políticas de apoyo a los padres, beneficios y subsidios a las parejas que optan por asumir conjuntamente la educación de los hijos, y darles estabilidad, y aumentar los costos para las personas que optan por no tener hijos.

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Categorías:Economía

Lucro en la educación

Me gustaría que alguien me explicara qué es “el lucro en la educación”. Este es un tema que ha estado muy de moda en los últimos años en Chile, y tiene que ver con las demandas de un grupo de estudiantes de poner fin al lucro en la educación y al mercado como forma de autoregulación de las instituciones educativas.

Tomada en su forma literal, buscar que nadie lucre en la educación es simplemente absurdo ¿Quién podría pedir que un profesor eduque sin recibir un pago? ¿o que un auxiliar limpie las salas por amor a los niños que reciben en ella instrucción? todo pago que recibe una persona es un aumento de su patrimonio, y por lo tanto todos lucran con su actividad ¡y tienen derecho a ello! Si quieren terminar con el lucro en la educación ¿Quién dejará de recibir su sueldo por su trabajo?

Respecto del mercado, sería bueno que nos vayamos haciendo la idea que mientras exista dinero y libertad existirá el mercado, si no es mercado abierto, será mercado negro. En el caso de la educación, esto significa que los padres siempre querrán la mejor educación que esté a su alcance para sus hijos: si sólo existe oferta estatal, el dinero se usará para comprar bajo cuerdas el ingreso a determinados colegios, o para contratar profesores particulares que remedien los defectos que se perciban en la educación, o para enviar a los alumnos al extranjero. En cualquier caso, el resultado será que los hijos de padres ricos (sean empresarios, latifundistas o miembros del partido X) recibirán mejor educación que los hijos de padres pobres.

Puede que este resultado no nos guste, pero ¿cuál es la alternativa? Si alguien quiere terminar con el mercado en cualquier ámbito, sería bueno que se dejara de hipocresías y nos dijera qué quiere quitarnos, nuestro dinero (con lo que volveríamos al trueque) o nuestra libertad (lo que nos deja un Estado totalitario).

Como la mayoría de la gente no está dispuesta a renunciar a ninguno de los dos, lo que le queda al Estado es desgastar inútilmente sus recursos tratando de combatir contra las tendencias de las personas o usar el mercado a su favor, influyendo en aquellas áreas críticas donde resulta más eficiente hacerlo. Se ha identificado que una de esas áreas críticas, que marca la diferencia entre buenos y malos alumnos es el apoyo familiar. Además, la tendencia y el deseo de formar una familia estable y cariñosa es natural en el ser humano, y ambos factores combinados hacen que sea una opción evidente para que el Estado intervenga y obtenga una mejor educación.

Que la educación sea una de las actividades más importantes para la existencia y permanencia de una comunidad, no implica necesariamente que sólo el Estado debe proporcionarla. Por poner un caso análogo, una ciudad sin un suministro permanente de comida perece en pocos días, y sin embargo, todas nuestras necesidades de alimentos son satisfechas por particulares. Otro ejemplo, nada influye más en nuestra forma de ver la vida y a los demás que los medios de comunicación social, y sin embargo los privados juegan un rol más importante que los entes públicos en esta función. Desde luego, estas ámbitos están sujetos a importantes regulaciones, que deben ser cumplidas por las personas que quieran trabajar en ese ámbito, pero aún así la participación del Estado en la prestación misma del servicio es menor, y algo similar debería implementarse en la educación.

Creo que contribuye a la popularidad del movimiento contra el lucro en la educación, es la idea muy arraigada en el alma chilena que el Estado debe hacerse cargo de la educación y la salud de los chilenos. Esto han prometido los políticos desde mediados del S. XX, y creo que  tiene que ver mucho con el ambiente en que crecieron quienes ahora ejercen el poder, años 50 y 60. En esa época la sociedad y los tratamientos médicos se iban haciendo progresivamente más complejos, y sólo el Estado parecía contar con los fondos necesarios para afrontar esos desafíos. Se olvida entonces, que la educación de la prole ha sido labor primordial de los padres en la mayoría de las culturas (y por eso los oficios se transmitían de padre a hijo) al igual que el cuidado de los enfermos. Más aún, hoy en día ya no es sólo el Estado quien tiene con los medios para proporcionar educación y salud, así que no se ve por qué debe ser el Estado quien monopolice estas funciones.

Los cristianos, después de haber visto la persecusión sufrida por nuestros hermanos de parte del Estado, debemos tener una sana desconfianza de dar más poder a los órganos estatales, y tender hacia la cordura, que no es el otro extremo de una autonomía individualista a ultranza, sino la subsidariedad.

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Cristianismo y capitalismo

A propósito de la conversación acerca de la peso de la Iglesia en la cultura occidental y algunas comentarios anteriores en la categoría de economía, han sugerido que exagero esa influencia. Al menos, parece que no soy el único.

Cómo el cristianismo creó el capitalismo

Fue entonces la iglesia medieval la que creó las condiciones que describe el economista F. A. Hayek como el “orden espontáneo”, necesario, para que un mercado pueda surgir. Eso no puede ocurrir en tiempos caóticos sin leyes. Para que el capitalismo funcione, necesita de reglas que permitan una actividad económica predecible. Bajo estas reglas, por ejemplo, si Francia necesita lana, la prosperidad llega al criador de ovejas en Inglaterra quien primero incrementa sus rebaños, sistematiza la esquilada y mejora el transporte.

Como es de esperar, el artículo concluye llevando agua a su propio molino de libre empresa y capitalismo, pero de todas formas hace alguno puntos importantes acerca de la influencia del cristianismo sobre occidente.

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La piedra filosofal y el mercado

La piedra filosofal es una sustancia legendaria que permitiría a quien diera con la fórmula adecuada, convertir en oro los metales vulgares, de acuerdo con los principios de la alquimia.

La economía tiene muchos postulados que resultan contrarios a la intuición. Por ejemplo, los alquimistas que buscaban encontrar la fórmula de la piedra filosofal, perseguían en definitiva aumentar la cantidad de oro disponible y así terminar con la pobreza: si todos tenemos más oro, todos viviremos como los ricos ¿cierto?

“Falso” nos dice la economía, si la cantidad de bienes en una comunidad se mantiene igual y aumenta el dinero circulante (en este caso el oro filosofal) el resultado no es un incremento en la riqueza de las personas, sino un aumento o inflación de los precios, por acción de la leyes de oferta y demanda con las cuales se rige el mercado.

Otros han recurrido a la imagen de la piedra filosofal, no ya como sustancia sino como idea, tiene una interpretación mística, en el sentido que apunta a una situación donde es posible obtener un mal a partir de un bien.

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John C. Wright está de acuerdo conmigo

En Econ 101, John C. Wright explica que si las mujeres en promedio ganan menos dinero que los hombres, no es a causa de una vasta y multisecualr conspiración masculina para privarlas del poder que gozaban cuando la humanidad adoraba a “la diosa”, sino consecuencia necesaria de que son diferentes a los hombres, y tienen vidas diferentes.

Que es lo que había intentado explicar aquí. Es simplemente cuestión de la forma en que se comporta el mercado.

John C. Wright está de acuerdo conmigo, y, como dijo Gandalf, ese es un pensamiento reconfortante.

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El mercado funciona

Hace mucho tiempo que no hacía una entrada sobre economía.

Cuando el gobierno militar liberalizó la educación universitaria, la sensación general en nuestro país fue de rechazo. La principal crítica era que la educación se convertiría en un negocio, cosa que en Chile, en la tracidición francesa, es una de la mayores herejías. Como corolario, se decía que, presionados por el hecho de recibir un pago, las universidades privadas producirían profesionales “marmicoc” (marca que fabricaba ollas a presión) es decir, demasiado rápido y mal preparados.

Los defensores de la igualdad aducían lo mismo que dice hoy Carlos Peña, que los ricos recibirían educación universitaria desplazando a los pobres con méritos, y que eso produciría que se perpetuaran las desigualdades.

En esa época yo estaba en 6° ó 7° básico y no me preocupaba el tema, pero cuando llegué a 3° y 4° medio ciertamente que tuve en cuenta el postular a una universidad tradicional, pensando que al salir, sería una de las últimas generaciones en las que eso importaría.

Todo eso, antes de convertirme a las bondades del mercado.

Ayer fui a mi escuela, la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, y encontré que estaba muy cambiada. Se está construyendo un edificio de cinco pisos de altura, donde antes había un casino de dudosas condiciones de salubridad, el patio prinicpal lo están haciendo de nuevo y están construyendo estacionamientos subterráneos. La biblioteca ha incorporado catálogos electrónicos (yo alcancé a buscar y pedir libros con tarjetas índice), conexión a internet y climatización para conservar los libros.

Vimos un libro con la programación académica (en mi época eran 15 hojas carta anilladas) y los cursos que se detallaban a los alumnos sonaban interesantes y novedosos. Estaban, claro, los clásicos de Derecho Civil, Derecho Penal y Derecho Procesal, pero además había cursos sobre derecho la empresa, análisis tributario, derecho musulmán, etc.

Estu fue muy significativo para mí, pues quería decir que, luego de haber enseñado durante 150 años lo mismo, la Escuela más tradicional de Chile había cambiado profundamente en 10. La explicación para este cambio es que la mayoría de las universidades privadas tienen la carrera de derecho, y muchas hacen serios esfuerzos, si no por mejorar, al menos por diferenciarse. Ante esto, la opción es renovarse o morir, y la Escuela ha escogido renovarse, con excelentes resultados a la vista.

A pesar de las aprensiones que tenía, el mercado ha demostrado su capacidad para llevar al hombre para buscar lo mejor.

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Trabajo de mujer

Siempre se dice que en Chile las mujeres ganan un 30% menos que los hombres por el mismo trabajo. Lo que nunca se dice es qué estudio se hizo para llegar a esta conclusión, pero aceptémoslo para efectos de análisis.

Desde un punto de vista económico, este hecho sólo nos puede llevar a una conclusión:

El trabajo de una mujer vale menos que el de un hombre

Ya sé que esto suena a herejía, pero en el mercado las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ella, y respecto al trabajo, ese valor se expresa en el salario.

Entonces ¿Por qué se paga mejor por el trabajo de un hombre que de una mujer?

La respuesta “políticamente correcta” es que hombres y mujeres hemos sido educados en una sociedad machista y tradicionalista, y que por eso oprimimos a las mujeres, pagándoles menos por el mismo trabajo. ¡Que vergüenza!

Un análisis económicó (siempre amateur, ténganlo presente), puede darnos una respuesta diferente.

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