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5 resoluciones de año nuevo para feministas

Querido feminista

En primer lugar, déjame decirte que personalmente simpatizo mucho con tu movimiento. Sé que viniendo de un católico fiel al Magisterio esa afirmación resulta sospechosa o ambigua, pero te aseguro que es así.

Mi cercanía con los postulados del feminismo proviene desde mi niñez, cuando mi madre divorciada nos sacó adelante a mi hermana y a mí prácticamente sin ayuda de una figura masculina. A ella le correspondió tomar parte en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura, y su coraje moral fue lo que me acercó a la única institución que coherentemente defiende los derechos de todos los seres humanos: la Iglesia Católica. Sin dudas que su figura también influyó en que mi esposa fuera una abogada, con una exitosa carrera profesional y prestigiosa cartera de clientes. También espero que mis dos hijas tengan todas las oportunidades que nuestra sociedad otorga a los hombres.

Por esa simpatía de la que te hablo, me he tomado la libertad de proponerte 5 resoluciones de año nuevo o metas para este 2017, que les podrían ayudar a alcanzar sus objetivos y proteger mejor a las mujeres.

Para el año que comienza, los feministas podrían comprometerse a:

#5. Conocer y apreciar el idioma español

La lengua que nos legaron los conquistadores españoles, y que hoy compartimos con 550 millones de hablantes nativos (más que el inglés) es bellísima y llena de sutilezas. El género es una de ellas y es una herramienta de expresión maravillosa. Un pueblo no es más o menos machista por decir “el sol y la luna”, que otro que dice “the sun and the moon” o “die Sonne und der Mond”.

Nada se gana con cambiar las “a” y “o” por @, un signo impronunciable que interrumpe cualquier idea para decir “¡Mírenme! Que inclusivo y políticamente correcto soy”. Puaj.

Las palabras influyen en nuestra forma de ver realidad, pero la forma de cambiar eso no es mediante la manipulación del lenguaje y el control totalitario de los medios de expresión. Primero se debe convencer con razones, y a su turno el lenguaje se adaptará a lo que se piensa. Es lo que corresponde por el respeto a las personas.

#4. Alejarse de amistades abusivas

Y por amistades abusivas me refiero a la pornografía. La pornografía daña a las mujeres que participan en su producción, las somete a fantasías vejatorias, incluyendo conductas sexuales de alto riesgo, y las marca para toda su vida. También crea expectativas irreales en los hombres que la usan, y las mujeres que se relacionan con esos hombres también quedan sujetas a ellas.

Durante los 60, feminismo y pornografía pueden haber sido percibidas como aliados, en contra de una visión represiva y machista de la sexualidad. 50 años más tarde, ese “enemigo común” ya no existe, y muchas mujeres han comenzado a darse cuenta de lo abusivo de si situación en la cultura machista que crea la pornografía.

#3. Hacer nuevos amigos.

La mejor forma de evitar las amistades abusivas es crear nuevas y sanas relaciones, y la Iglesia Católica podría ser un gran aliado de los feministas. Está claro que Iglesia jamás va a ordenar mujeres al sacerdocio, pero más allá de ese detalle (que después de todo es un asunto bastante interno), basta dar un vistazo a la historia para darse que la Iglesia trabajó por mejorar la condición de las mujeres en la sociedad.

Por ejemplo, los católicos durante siglos han rendido honor a una mujer, María, la madre de Jesús, adornándola con los más excelsos títulos, y presentándola como modelo supremo de vida cristiana. De hecho, la única criatura que tiene el honor de jamás haber cometido ningún pecado, es precisamente una mujer. En la familia, por otro lado, la Iglesia igualó la situación de la mujer a la del hombre, al exigir monogamia y fidelidad en iguales condiciones, y hacer del consentimiento mutuo parte esencial de los votos conyugales. Otro tanto puede decirse de la vida religiosa, donde las comunidades de monjas se constituyeron a la par de las de los hombres, y con plenas facultades de autogobierno.

Como estos, hay muchos otros ejemplos similares. Mi punto es que, si bien las primeras impresiones entre ambos pueden no haber sido óptimas, las bases están para una hermosa amistad entre Iglesia Católica y feminismo.

#2. Dejar de enfrentar a los defensores de la familia

Hay una parte del feminismo que hace del aborto la columna angular de su movimiento, junto a un inamovible apoyo a la anticoncepción y en general intenta destruir la relación entre los conceptos de mujer, madre y familia. Más allá del juicio moral sobre ese esfuerzo, hay un contexto profundamente elitista en él. Si el feminismo aspira a convertirse en algo más que la moda de la socialité, debe reconocer que los hijos y la familia ocupan un lugar importante en la vida de la enorme mayoría de las mujeres.

Hay algo en la naturaleza femenina que está profundamente vinculado a la transmisión y protección de la vida. Cuando el feminismo impulsa el aborto y la anticoncepción está luchando contra esa naturaleza, y fuerza a las mujeres a entrar en conflicto consigo mismas. En cambio, cuando una mujer es realmente libre, cuando no se encuentra sujeta a presiones sociales y económicas, elige la vida siempre.

No se trata de que todo el feminismo se convierta en un movimiento pro vida. Para 2017 bastará con aislar y dejar atrás a los que hacen del aborto un derecho de la mujer.

#1. Alejarse del marxismo

Marx no fue el primero en dividir al mundo entre buenos y malos, pero sin dudas fue el que lo hizo con mejor publicidad, disfrazando su obsesión con una pátina de filosofía y economía. En su caso, los malos malvados eran los aristócratas propietarios del capital, mientras que los bueno inmaculados eran los pobres proletarios. En siglo XX otros asumieron el mismo análisis, solo cambiando las etiquetas. Para los racistas había algunos tonos de piel víctimas y otros victimarios, y para los homosexualistas había tendencias sexuales oprimidas y otras opresoras. El feminismo, a su turno, fue un buen alumno de Marx, y dijo que había ciertos genitales machistas, y que sus opuestos eran virtuosos.

Siempre son dos los polos, ni más ni menos, siempre hay una historia legendaria de conflicto, siempre hay una tortilla que está a punto de darse vuelta, siempre hay buenos buenísimos y malos malísimos. Nunca hay matices, nunca hay individuos con características particulares, nunca hay otra solución que la destrucción del enemigo. Esto es el marxismo… y es mentira.

La realidad social e histórica siempre es más compleja que un inmemorial conflicto entre las fuerzas del bien y del mal. Tal vez Marx estaba justificado en su error hasta cierto punto, pues en su época efectivamente había clubes de aristócratas que se repartían el mercado y fijaban cuotas de participación para cada uno, asegurando sus intereses. Los feministas en cambio, operan sobre el mito de una organización (llamada el patriarcado) que mantendría a los hombres coordinados en sus esfuerzos para mantener la opresión de las mujeres.

Nadie niega que se cometen muchas injusticias en contra de las mujeres, incluso que algunas de ellas ocurren solo por el hecho de ser mujer. El problema es pretender que la causa de esas injusticias es siempre la misma, y que siempre es fácil de conocer y solucionar. Mientras antes reconozcamos que esto es falso, y superemos las falsas dicotomías, antes podremos comenzar a trabajar en una verdadera solución.

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Categorías:Política y derecho
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