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¿Qué es una fe adulta?

FeadultaUno podría pasarse toda la vida respondiendo a artículos de teólogos progresistas, acerca de los más diversos temas. La mayoría, sin embargo, dejan la impresión de un queso suizo: están llenos de afirmaciones grandilocuentes y absolutas, sin mucha conexión lógica entre sí. Un par de veces he comenzado artículos para responder, y a medio camino me encuentro con que ni siquiera es claro que estén diciendo algo. En cambio, están llenos de eslóganes, lemas, frases que suenan bien, pero cuyo sentido no es del todo claro.

Por ejemplo, suelen hablar de la necesidad de tener una “fe adulta”.

¿Qué es una fe adulta? Luego de encontrarme con la famosa frasecita en diversos artículos, me queda claro que es la fe que tiene el autor, todos los que están de acuerdo con él… y cualquiera que no sea católico.

Una marca de esa adultez en la fe sería cuestionar todo lo que proviene del Magisterio. Todos los caminos a Dios serían válidos, en tanto se aparten de lo que la Iglesia ha enseñando y defendido a lo largo de su historia. Fe adulta sería el encuentro místico y personal con Cristo, o ningún encuentro con nadie. Los adultos en la fe no tendrían miedo a cuestionar a quienes los precedieron, y a protestar contra ellos.

Hay un mensaje que suele circular para el día del padre, sobre lo que piensan los hijos de su padre. A los 5 años los hijos piensan “papá lo sabe todo”; a los 15, “papá no tiene idea, es de otra época”; a los 25, “tal vez papá sabe algo de esto”; a los 35, “consultaré con mi papá”; y a los 50 “habría podido aprender tanto de mi padre”.

Toda esa cháchara acerca de una fe adulta, me deja la impresión de que más bien están hablando de una fe adolescente.

Entre los 15 y los 25 años, es natural que cada uno intente construir su identidad. La forma más sencilla de hacerlo es negar y cuestionar las tradiciones recibidas. Es propio de la adolescencia buscar formas nuevas de hacer las cosas, pensar que somos originales y que lo que yo puedo decir o hacer jamás se le ha ocurrido a alguien antes. Sin embargo, la experiencia se encarga de mostrarnos que las cosas son como son por una buena razón. Un adolescente piensa que la policía siempre reprime y destruye la libertad. Un adulto, en cambio sabe que, a pesar de algunos abusos, la policía es su la mejor garantía de la libertad de todos.

Por eso, una verdadera fe adulta sería aquella que respetara al Magisterio. Razones hay muchas, incluso de doctrina, pero al menos debería hacerlo porque la Iglesia ha estado aquí por miles de años y ha sido testigo de las más diversas modas teológicas. Laxistas y rigoristas, existencialistas e idealistas, todos han probado su mano contra el Magisterio y han pasado. Algunos han dejado su huella, pero la doctrina cristiana de hoy es perfectamente reconocible en las palabras de Jesús en el evangelio.

En 2005, durante la misa pro eligendo pontifice, el Cardenal Ratzinger se refirió en su homilía acerca de esta búsqueda de una fe adulta:

¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento! […]No es «adulta» una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar esta fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe.

Cuestionar está bien, dudar es fantástico. Pero cuando la Iglesia ha dado sus razones y son claramente superiores a las alternativas, una fe adulta no se queda murmurando y taimada, una fe adulta acepta y asume esas razones como propias. No lloriquea cuando la jerarquía no toma el camino que a nosotros nos gustaría.

La adolescencia también tiene mucho de narcisismo, de pensar que todo depende de lo que uno pueda hacer, de creerse indispensable. Una fe adulta, en cambio, confía en Dios, en que es Él quien construye su reino. Si por dos mil años Dios ha dejado que su Iglesia diga A, y tú estás seguro que Dios jamás diría A, sino que siempre ha dicho no-A, tal vez sea el tiempo de buscar otra Iglesia.

PD: Preparando esta entrada, no pude dejar de notar que los mismos sitios donde se habla de una fe adulta suelen usar con frecuencia caricaturas y dibujitos como el de esta entrada. Curioso.

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