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Ignacio Walker y las madres heroicas

DCWalkerEl Partido Demócrata Cristiano chileno está profundamente dividido por el proyecto de ley sobre aborto que el gobierno ha presentado al Congreso. Por una parte hay algunos próceres de la recuperación de la democracia, como Soledad Alvear que han advertido que un voto a favor de aborto implica traicionar la identidad del partido dentro de la coalición gobernante. Por otra, los diputados han anunciado que votarán a favor de la idea de legislar, dejando las causales para el debate posterior. La directiva del partido, por su parte dice que “habrá libertad de conciencia”, como si en otras materias ellos pudieran obligar a los parlamentarios a actuar en contra de sus conciencia.

Lo que me ocupa hoy son los argumentos sobre el aborto que el ex senador y ex presidente del partido, Ignacio Walker, habría expresado en el libro “La Democracia Cristiana que queremos, el Chile que soñamos”, que se lanzó la semana pasada.

Según las reseñas aparecidas en la prensa:

Aunque enfatiza en que la DC es -y debe ser, según se lee- un partido contrario a la legalización del aborto debido a su compromiso en la defensa del derecho a la vida, el parlamentario concluye que la colectividad debe “tener una apertura de mente para debatir este tema”.

Siempre me he preguntado qué tan amplia debe ser la “apertura de mente” que se invoca en el debate sobre el aborto. ¿Debe ser la misma para todos los temas? ¿Tenemos apertura de mente para debatir sobre cuándo es legítimo torturar y desaparecer a una persona, si las mujeres pueden votar, o si la homosexualidad es una enfermedad?

Evidentemente que no, hay ciertos temas que en toda democracia están vedados. La DC, si quiere ser un partido pro vida debería instar porque el aborto sea un tema cerrado en Chile, tal como los otros que hemos mencionado. Eso no implica de ningún modo renunciar a los principios democráticos. Simplemente es que la protección de la vida humana es el primero y más fundamental de los derechos humanos.

En ese contexto, Walker sostiene que la falange es un partido político, “no una Iglesia, o un movimiento religioso; somos un partido político no confesional y no clerical”.

Si algún político piensa que debe defender la vida por lealtad a la Iglesia, más vale que deje de ser católico. Por lealtad a la Iglesia un católico va a misa los domingos en vez de otro día, pero jamás la Iglesia exigiría que se pase una ley que obligue a todos a ir a misa. Siendo pecado mortal no ir a misa los domingos, la Iglesia siempre ha tenido muy claro cuál es el fundamento de las obligaciones civiles y religiosas.

La vida no se defiende en la esfera pública porque lo diga el Papa, ni siquiera si lo dijo el Papa Francisco, sino porque es la única opción lógica y razonable de respeto a los derechos humanos, de todos los seres humanos.

Según Walker una mujer que decide continuar con un embarazo arriesgando su vida, cuando éste es resultado de una  violación o pese a un diagnóstico de inviabilidad fetal está realizando un acto heroico. Y se pregunta: “¿puede la ley exigir una conducta heroica a una mujer, bajo amenaza de aplicar en su contra el aparato coercitivo del Estado (delito y pena), en caso de interrumpir ese embarazo? ¿Puede ser la única salida para esa mujer, obligarla compulsivamente, por parte del Estado, a seguir adelante, sin más? ¿Eso es compasión? ¿Eso es hablar “en cristiano”?”. Y concluye que no.

Este es el centro de la argumentación de Walker. ¿Puede la ley exigir una conducta heroica a la mujer? su respuesta, un claro “no”, tiene amparo en la tradición jurídica liberal, que enfatiza la razonable distinción entre derecho y moral.

Desde esa perspectiva, al derecho le interesa el bienestar de la sociedad actual y no el perfeccionamiento moral de los individuos. El derecho se escribe para los ciudadanos y no para los santos. La ley no puede, por lo tanto, exigir conductas heroicas a los ciudadanos, solo puede exigir el mínimo necesario.

En teoría, eso está muy bien, pero ¿Ocurre eso en la realidad? ¿es cierto que los ciudadanos nunca soportan un sufrimiento grave, incluso heroico, porque la ley se los exige?

Al contrario, hay muchas situaciones donde la ley exige a las personas comportamientos heroicos, normalmente en relación al derecho penal. Por ejemplo, en nuestros sistemas penales hemos adoptado como principio la “presunción de inocencia” que, entre otras cosas implica que el Estado debe demostrar los cargos en contra de una persona antes de enviarla a una cárcel. Eso es del todo razonable, pero al mismo tiempo implica una carga que asumen, no solo el Estado sino también los ciudadanos. En la mayoría de los casos, esa carga se considera razonable: perder algunas horas de su tiempo en un juicio.

Otras veces, esa misma carga se vuelve un sacrificio heroico, por ejemplo, cuando el acusado en el cabecilla de un grupo mafioso. En esos casos, los testigos asumen un riesgo importante para su vida e integridad física, y además para la de sus seres queridos. El Estado intenta disminuir esa carga mediante diversas medidas, como el secreto de la identidad de los testigos, que son fuertemente criticadas por los abogados defensores y con mucha razón. Sin embargo, nadie podría decirle al testigo que no corre ningún riesgo al declarar en ciertos juicios. Sabiendo esto, el Estado no renuncia a perseguir a los mafiosos, ni a que sus juicios sean públicos. El testigo es quien soporta el peso de esas decisiones del Estado, con su conducta heroica de ponerse en riesgo a sí mismo y a su familia. Y si se niego a declarar, el Estado puede arrestarlo por desacato.

Otro comportamiento heroico y perfectamente legar, lo soportan las víctimas de abuso sexual, a quienes, además del sufrimiento propio de su situación, deben realizar numerosas declaraciones posteriores si esperan obtener algún tipo de protección. El Estado no les permite simplemente hacer la denuncia, sino que les obliga a asumir su papel de víctima y recordar los hechos al menos tres veces: ante la policía, ante los psicólogos y ante el juez.

¿Cómo se le puede exigir tanto a una víctima de un delito sexual? A pesar que cualquiera comprende el dolor vivido, se le impone esta situación porque el Estado no está dispuesto a renunciar a la presunción de inocencia. Por eso exige que se demuestren los hechos con un alto grado de certeza, y el costo de esa decisión no lo paga el Estado, sino la víctima.

Estos casos de ciudadanos obligados a conductas heroicas no se limitan a los procesos penales. En el ámbito de la salud no faltan ejemplos donde a una persona se le imponen comportamientos más que extraordinarios, sin haber tenido ningún tipo de responsabilidad, incluso sin compensación posterior.

Un niño totalmente sano puede quedar parapléjico a causa de un accidente o un delito, y no solamente él es el perjudicado, la vida de sus padres cambia de un momento a otro. Todos ellos deben ajustar su tiempo y actividades a atenderlo, acompañarlo, renunciando a muchas actividades que, de no ser por ese accidente, habrían podido realizar. Hay enfermedades degenerativas que implican que un niño jamás será independiente, y son lo padres quienes ven destruidas sus naturales expectativas de tener un hijo sano. Creo que nadie negaría que ellos son verdaderos héroes por sus hijos.

Al mismo tiempo, nadie diría que la situación de estos padres les autoriza a abandonar a su hijo, porque el Estado no les podría exigir toda una vida de sacrificios heroicos. Por supuesto que es deber de toda la sociedad, no solo del Estado, acompañar y aliviar esa carga en todo lo que sea posible. Apoyo económico, privilegios sociales, lo que se necesite. Al mismo tiempo, si esos padres, cansados de la vida que ellos no escogieron, se van de la casa a seguir con sus vidas, dejando morir a su hijo, incluso asegurándose que no sufra, ciertamente que serán responsables de su muerte.

Con esto queda demostrado que la segunda premisa del argumento de Ignacio Walker no es cierta: Existen situaciones extremas donde el Estado sí exige a los ciudadanos comportamientos heroicos, incluso bajo amenaza de sanción penal.

¿Cómo se comparan estas situaciones con la de una mujer embarazada? Mucho menos que a los padres de un niño cuadrapléjico o con degeneración muscular, se le pide a la mujer que se ve en una situación tan terrible como tener un hijo que no sobrevivirá fuera de su cuerpo. Nadie podría desconocer el sufrimiento de la situación, de su expectativa de lo que iba a ser su hijo destruida. Pero eso no se compara a enfrentar 20 ó 30 años cuidando a un hijo que nunca podrá alimentarse por sí mismo.

Apoyo para su situación, todo el que le corresponde porque ella es una víctima, pero por favor, no matar al niño.

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