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Los obispos chilenos ante el congreso

Quiero compartir con Uds. la intervención de los obispos chilenos ante la Comisión del Congreso, en el marco de la discusión sobre el proyecto del gobierno que autoriza el aborto en tres casos: violación, inviabilidad fetal, peligro para la vida y la salud de la madre. Quien habla es el obispo Alejandro Goic, de Rancagua,

El Texto completo del breve discurso lo pueden encontrar aquí.

Bajo el corte, algunos comentarios míos al esta intervención:

Desde la antropología y la ética cristiana, la Iglesia Católica promueve el valor de la vida y la dignidad de la persona humana como un aspecto esencial en la sociedad. Desde esa visión humanista que compartimos con muchas instituciones políticas y sociales, hemos articulado iniciativas que el país conoce y valora, como las vicarías de la solidaridad y pastoral obrera, las redes de voluntariado solidario en situación de pobreza y vulnerabilidad, o el apoyo a los privados de libertad e inmigrantes, por mencionar solo algunas.

El punto central de la intervención de los obispos es que la defensa de la vida no es un mandato arbitrario. No se trata de un tabú religioso, sino que forma parte de una ética coherente, la misma ética que se manifiesta en todas las actividades de la Iglesia en favor de los más débiles. Con razón los obispos recuerdan, por ejemplo, la labor de la vicaría de la solidaridad, en defensa de los derechos humanos de los perseguidos por razones políticas. La defensa de la vida forma parte de lo mismo.

Al promover la vida humana, rechazamos el aborto y las desigualdades sociales, la pena de muerte y la usura, la eutanasia y la discriminación. Nuestra opción es pro-vida, no solamente pro-parto.

Resulta sumamente interesante que aparezca la usura en esta lista que define una ética coherente de promoción de la vida humana. En los últimos años, en Chile se han dado a conocer una serie de escándalos relacionados con los abusos cometidos por poderosos agentes financieros. Cobros indebidos en los créditos de casas comerciales, cargos unilaterales en tarjetas de crédito, colusión de precios entre las cadenas farmacéuticas, financiamiento irregular de campañas políticas.

La Iglesia no ha tenido una voz clara ante estos hechos, al menos no una que se haya oído claramente. Por eso es notable que se mencione la usura, que es un pecado frecuentemente olvidado en nuestro tiempo, pero que engloba perfectamente el tipo de abusos que han sufrido recientemente los chilenos. Ojalá volvamos a oír la voz de la Iglesia contra la usura.

Ha llamado la atención de algunos que en una misma lista de pecados rechazados se incluya el aborto y la pena de muerte. No creo que sea razonable deducir de esto que los obispos ponen a un mismo nivel ambas situaciones. También se menciona la usura y la discriminación, pero nadie diría que se está proponiendo que son de igual gravedad. Si bien la pena de muerte en principio puede ser legítima, lo cierto es que el contar con penas alternativas que protejan a la sociedad pueden tornarla en injusta.

A quienes ayer promovían junto a la Iglesia la defensa de la vida y dignidad de los perseguidos políticos, les invitamos hoy a ser consecuentes. A quienes ayer nos desterraban a las sacristías por defender los derechos humanos y hoy se oponen al aborto, les invitamos a promover la vida y la dignidad humana siempre y en cualquier circunstancia.

Si los obispos quisieran ser más explícitos, habrían dicho “¡Hey! Sres comunistas y socialistas ¿Se acuerdan cuando se escondían en nuestras sotanas? Ahora son los niños que están por nacer los que están donde antes se protegían Uds.”.

Intervenimos hoy con gran respeto y consideración por las personas enfrentadas a la realidad del aborto, porque sabemos que ella deriva de situaciones de gran sufrimiento y las expone a decisiones extremadamente difíciles.

Es importante esto, porque en nuestro entusiasmo por defender la vida podemos dejar la impresión que, una vez que se prohíba el aborto, todo será miel sobre hojuelas. No es así., No tenemos dudas que habrá sufrimiento más adelante. Sin embargo, no somos pro-vida porque eso vaya a solucionar todos nuestros problemas, lo somos porque es lo correcto y coherente. Si queremos proteger al débil y desamparado, se impone comenzar por los más débiles de todos.

Eso me parece digno de destacar. También les dejo la intervención posterior del obispo de Concepción, Fernando Chomalí, presidente de la Comisión Nacional de Bioética.

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