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¿Adopción por parejas homosexuales? Claro que no

En la entrada anterior conversábamos acerca de un cuento infantil, que el lobby gay chileno presentó el año pasado a la Junji, para su distribución en los jardines infantiles y con la intención de acostumbrar a los niños desde pequeños a la idea de que la homosexualidad es normal. Algo nos dice acerca de la normalidad de esta conducta, el hecho que sea necesario apoyarla con campañas para que los niños se acostumbren a ella. Al menos yo no he oído que sea necesario invertir recursos públicos para que los niños entiendan el matrimonio natural.

En los comentarios, un visitante nos pide ir más allá de las apelaciones emocionales, y que hagamos explícitos los argumentos racionales en contra de la adopción de niños por parejas homosexuales. Eso es lo que nos proponemos hacer en esta entrada.

La premisa fundamental es que todo niño que nace tiene el derecho de conocer a sus padres biológicos, y de ser amado y criado por ellos.

 

La fuerza de este principio queda en evidencia con el siguiente el ejemplo hipotético. Consideren la situación de un matrimonio que, conmovido por el dolor de las parejas que no pueden tener niños, deciden ellos embarazarse regularmente y entregar sus hijos recién nacidos a esos otros matrimonios. Las parejas favorecidas estarán muy agradecidos, pues pueden conocer a sus futuros hijos adoptivos desde el embarazo, y los padres biológicos tampoco piden dinero por realizar esta conducta, lo hacen por “generosidad”. Incluso podrían ser católicos, pues no incurren en anticoncepción ni aborto. Sin embargo, yo diría que a todos intuitivamente nos suena que hay algo profundamente distorsionado e inmoral en toda la situación.

El problema es que en este caso hipotético, se está privando al niño de su derecho a conocer y ser educado por sus padres biológicos. La conducta propuesta a modo de ejemplo atenta contra la dignidad humana, porque un niño no debe ser concebido (en sentido biológico e ideológico) como un producto, un objeto que los adultos adquieren para completar la imagen que tiene de una familia.

El siguiente paso mira a determinar cómo ejerce este derecho un niño que no puede tener a sus padres.

Muchas veces, por diversas circunstancias de la vida, todas ellas dolorosas, se hace imposible que un niño conozca y sea educado por sus padres biológicos. Esto abre la posibilidad de una adopción. Ahora bien, la posibilidad de una adopción no hace que el derecho del niño a su familia biológica desaparezca, sino que toma una nueva forma. El niño nunca podría quedar privado totalmente de este derecho, porque eso lo convertiría en un objeto de conveniencia para los adultos. Él es una víctima y es el deber de la sociedad minimizar los efectos de su situación, no profundizarlos.

Por eso, el niño tiene el derecho a ser adoptado en circunstancias que sean lo más similar posible a la familia a la que tenía derecho originalmente. El Estado debe instar por una adopción dentro de una familia donde pueda contar con un padre y una madre. También incluye el derecho a que los hermanos sean adoptados en conjunto, a que los adoptantes formen una relación estable, y a que sus nuevos padres sean de su misma raza y cultura.

Nuevamente, esto no siempre es posible, pero se deben priorizar las opciones disponibles en el sentido de respetar este estos principios. Por eso, por ejemplo, jamás se podría poner un niño en adopción por una persona soltera, mientras existan parejas casadas que estén dispuestas a recibirlo, incluso si han llegado posteriormente al proceso. Pueden llamarlo discriminación, pero es que el derecho de los niños está antes que las expectativas de los adultos.

Ahora bien, todas estas decisiones se dificultan por la presión y el daño que se produce cuando los niños permanecen por tiempo indefinido a la espera de ser adoptados, habitualmente en casas estatales donde sufre abandono. Eso hace que muchos se pregunten si, incluso poniendo a las parejas homosexuales hacia el final de la lista, podrían participar de todo este proceso.

A esta posibilidad debemos responder negativamente. De todas las situaciones familiares en que podría encontrarse un niño, la de estar al cuidado de una pareja del mismos sexo es la que menos se parece a la familia biológica que originalmente tuvo y a la que tenía derecho. Incluso en situación de poligamia, lo que es claramente irregular para nuestros estándares sociales, el niño podría al menos establecer un vínculo con un padre y una madre.

En último término, se podría decir que en un hogar de menores o casa de acogida estaría peor que con una pareja homosexual, pero hay una gran diferencia entre ambas situaciones: el hogar de menores es una situación provisoria, mientras que la adopción es una situación permanente. Con esto queremos decir que un niño está mejor en un hogar, con la esperanza de contar con un padre y una madre, antes que con una pareja homosexual, con la certeza de que jamás los tendrá.

Por favor, nótese que en ningún momento de esta explicación hemos apelado a consideraciones religiosas, o a que las conductas homosexuales sean inmorales. Tampoco hemos mencionado el cariño que un niño puede recibir en una u otra situación, o a la calidad de la enseñanza. Estos factores no dependen de la situación familiar de cada uno, hay matrimonios que nunca se separan pero abandonan a sus hijos, y sujetos profundamente promiscuos que pueden logran crear un ambiente familiar mejor para sus hijos. Lo que quiero decir es que hay buenos y malos padres en todas las circunstancias de la vida, y se da por descontado que quien es aprobado para un proceso de adopción al menos presenta un buen prospecto en ese sentido.

Por lo tanto, a la pregunta sobre la adopción de niños por parejas homosexuales, tenemos que responder claramente que no.

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  1. Yolanda
    6/06/15 en 5:28 am

    Los argumentos que usted esgrime son puramente sociales y morales. Los suyos claro. Existen y han existido sociedades pogámicas, androgámicas, multigámicas, etc. A los niños les parece normal lo que ven porque no tienen prejuicios. Lo que nos muestra el autor de este articulo son unos prejuicios aprendidos desde su niñez, sobre todo inducido por la creencia religiosa judeocristiana (aunque sea ateo) pero el concepto moral ha calado en su forma de entender la vida. No se preocupa de aprender y ver nuevas posibilidades de familia, simplemente se aferra a lo aprendido desde niño y esto mismo es lo que pretende inculcar a futuras generaciones. Resumiendo, no hay motivo objetivo alguno para evitar los matrimonios de homosexuales ni la posibilidad de que estos puedan adoptar niños. Todo lo que se puede esgrimir contra ello no son más que producto de prejuicios.

    • 14/07/15 en 8:11 am

      Todo argumento tiene que partir de alguna base común entre los interlocutores. En mi caso, utilizo la base que considero común a las generalidad de las personas que podrían llegar a leer esta entrada. Si Ud. quiere que conversemos acerca de qué es una familia, también podemos hacer eso, y así le demostraré que no son prejuicios.

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