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Un visitante consulta…

En la entrada anterior, un visitante (también con muy buena voluntad) comenta:

Dos conflictos que me surjen.
El primero es sobre la validez del matrimonio entre Santa María y San José, pues al parecer, y según se ha dicho con anterioridad en estos blogs, no tenían intención de copular, y por lo tanto, tampoco de procrear.

Me cuesta entender de qué forma podría ser esta una cuestión relevante. Santa María y San José eran judíos, no bautizados, que contrajeron matrimonio bajo las leyes del su época, y que por lo tanto no estaban sujetos a las condiciones habituales que se nos aplican a nosotros. Si quisiéramos aplicar las categorías modernas, tendríamos que decir que el suyo fue un matrimonio natural.

Si vamos un paso más allá, e intentamos aplicar las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio sacramental a esa situación tan peculiar, tendríamos que decir que un matrimonio válido se constituye por el consentimiento de los contrayentes, es decir, por la intención expresada formalmente de contraer matrimonio y sabiendo en qué consiste. Desde ese punto de vista el de María y José también sería plenamente válido, pues ambos habrían dado su consentimiento.

En este contexto, el consentimiento no es la cruda “intención de copular” sino el conceder al cónyuge el derecho a mantener relaciones sexuales. Lo que ocurriría en el caso de un católico que tuviera la gracia de imitar el matrimonio que había entre María y José, es que a ese consentimiento válidamente entregado, se agregaría el compromiso de no hacer efectivo ese derecho.

No es que se niegue al otro el derecho de mantener relaciones sexuales, pues eso haría inválido el consentimiento, sino que se le agrega algo más a ese consentimiento válido.

Espero que eso sea de ayuda.

Nuestro visitante continúa describiendo una situación tremendamente delicada.

El segundo es mi rechazo al prejuicio aquel por el que no puede comulgar el que convive con su pareja sentimental, pues presume que tal convivencia implica necesariamente incurrir en un tal «pecado objetivo», lo cual llega a ser, según el caso, injurioso y difamatorio.

Habría que ver de qué forma te has encontrado con ese prejuicio. Tampoco quiero conocer más detalles, solo me parece muy interesante la situación en abstracto.

La regla en cuanto a la comunión es clara: no puede comulgar quien ha cometido pecado mortal, porque atraería su propia condenación. Luego la pregunta es: quien convive con su pareja sentimental ¿Comete pecado mortal? y la respuesta dependerá de qué entendemos por “convivir”.

Si esa convivencia implica mantener relaciones sexuales sin estar casados, es claro que quien esta en esa condición sí comete pecado mortal y por lo tanto no puede comulgar. En cambio, si la respuesta es que no, que esa convivencia solo implica compartir el mismo techo, sin mantener relaciones como esposos, la respuesta será que al menos no cometen un pecado mortal contra la castidad.

El problema es que la cosa no termina ahí, porque luego se debe analizar la posibilidad del escándalo.

Como católicos, no nos importa solamente nuestra propia salvación o la relación personal que tengamos con Dios. También nos resulta relevante que los demás puedan ver a Dios a través de nuestras acciones y actitudes. Por eso, aunque uno sepa que no está pecando, debe preocuparse de no generar esa impresión en los demás.

Por ejemplo, puede que un sacerdote estime necesario acompañar a una mujer que está sumida en la prostitución, para salir de esa vida, y que naturalmente se entreviste con ella en múltiples oportunidades. En esa circunstancia, ese sacerdote hará bien en pedir a la mujer que vaya a la parroquia a las once de la mañana y se entreviste con ella caminando por un parque público, en vez de ir él mismo al prostíbulo todos los jueves por la noche.

Para esto no hay reglas infalibles. Las razones para compartir un techo con una pareja sentimental pueden ser de muy diversa índole, y algunas (no todas) plenamente justificadas, pero entre los factores del “cálculo moral” que nos llevan a esa decisión, necesariamente debemos considerar la impresión que damos a los demás, sobre todo si participamos activamente de la vida de la Iglesia. Es nuestra responsabilidad no dar pie a que se nos vea como indiferentes al pecado.

¿Es injurioso o difamatorio? Puede que sí, pero qué le vas a hacer. No todos te conocen, ni tienen la obligación de hacerlo. Lo único que esas personas van a ver una pareja que convive sin estar casada y que comulgan, van a presumir que mantienen relaciones sexuales, y de eso concluirán que a la pareja, al sacerdote que les da la comunión y a la Iglesia en general, no se toman en serio el matrimonio y la castidad. Ese es un gran mal, que debemos evitar siempre que podamos. Todos tenemos la tendencia a decir “allá ellos, qué me importa lo que piensen, yo estoy bien con Dios”, pero esa es una actitud individualista, que debemos rechazar.

En concreto, la mejor solución a una situación como la propuesta, obviamente, es vivir separados hasta después de la boda y comulgar. Si eso no es posible, se puede conversar acerca de la situación con el párroco y ver si accede a darles la comunión en privado (desde luego, asumiendo que se mantiene la castidad) para evitar el escándalo. Si todavía no se pudiera hacer eso, está la comunión espiritual.

Por otro lado, si es una situación que se va a mantener indefinidamente, por ejemplo, si uno de los involucrados es una persona que ya está casada, tal vez sea mejor revisar toda la relación. Tal vez todos estos problemas sean la forma en que Dios nos dice que no es la persona adecuada.

Me temo que la respuesta -si se me da- a este reclamo pueda ser simplemente un «estás muy perdido», pero yo preferiría alguna explicación más concienzuda que logre guiarme en la resolución de estos conflictos.

Espero que estos breves conceptos sean de ayuda, en una situación que desde luego es muy delicada. Lo mejor es conversarlo directamente con alguien que conozca a fondo las condiciones concretas de la situación, como un director espiritual.

En todo caso, es muy interesante la situación como ejercicio abstracto y te agradezco que la hayas planteado.

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Categorías:Matrimonio
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