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“Ser una buena esposa cristiana casi me destruyó”

VyckieGarrisonEn este mismo espacio, y en diversas oportunidades, hemos conversado acerca de las acusaciones de machismo que se levantan contra de los evangelios y de la Iglesia. Por mí parte, he sostenido que tales cargos solo se entienden en el contexto de un feminismo radical que niega toda diferencia entre hombres y mujeres; y que, en cambio, ser hombre o mujer es parte fundamental de nuestra identidad, y ese es un aspecto que no crea uno mismo, sino que se descubre como un don de Dios.

Otras tantas veces, algunas hermanas en Cristo me han reprochado por traer a colación estas cuestiones, apuntando a una larga historia de opresión a las mujeres en la cultura y la Iglesia, y que desde ese punto de vista resulta contraproducente y dañino para la propagación del cristianismo insistir en ciertas doctrinas y pasajes de los evangelios, que son percibidos como profundamente machistas por la generalidad del público, y que probablemente hayan sido más influido por consideraciones sociales de la época, que por verdadera revelación divina.

Esta vez quiero dar un espacio a estas críticas, y tal vez intentar una respuesta, a través de la historia de Vyckie Garrison, madre de 7 niños, ex líder del movimiento Quiverfull, y que en el post How Playing Good Christian Wife Almost Killed Me, cuenta la historia de su alejamiento del cristianismo.

El movimiento Quiverfull, más que una denominación protestante, es un movimiento, que sin distinciones doctrinarias, pone énfasis en considerar la fertilidad y los niños como un don de Dios, y por lo tanto rechaza la anticoncepción y el aborto. Desde este punto de vista, representa un “re descubrimiento” de la enseñanza tradicional cristiana acerca de la sexualidad, que había sido universal en las Iglesias cristianas occidentales hasta 1930, pero que hoy solo la Iglesia Católica mantiene como parte de su doctrina.

El nombre del movimiento está tomado del Salmo 127:

3 Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre es una recompensa;

4 como flechas en la mano de un guerrero son los hijos de la juventud.

5 ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba! No será humillado al discutir con sus enemigos en la puerta de la ciudad.

Vyckie cuenta que su salida del movimiento comenzó cuando fue a pedir ayuda a un centro contra la violencia doméstica, a causa del completo colapso físico y mental en que se encontraba por el abuso de su esposo. Ahí le dijeron que no obtendría una orden de protección a menos que acusara a su esposo de abuso.

Le dije que no creía realmente que mi esposo fuera técnicamente un abusador, y de hecho, no tenía dudas que realmente me amaba a mí y a los niños. Siempre nos puso primero… básicamente su vida estaba centrada en nosotros! Éramos una buena familia cristiana. La Biblia ordena a los esposos “amar a sus esposas como Cristo.” Ese es el tipo de hombre devoto con el que me casé: un verdadero patriarca que gobernaba su hogar según  los principios de Dios para el matrimonio y la familia.

Intenté explicarle que, por alguna razón, a pesar del esfuerzo puesto en intentar vivir según los principios cristianos, nuestro hogar se había convertido en un lugar opresivo y miserable, donde ninguno de nosotros era feliz, y se sentía como que todos íbamos a enloquecer. El problema era que todo lo que sabía acerca de relaciones había sido tan completamente redefinido por enseñanzas cristianas, que no contaba con las palabras para hablar del abuso.

A continuación Vyckie describe una serie de principios cristianos, en términos completamente negativos: Así, la doctrina acerca de la naturaleza caída del ser humano se convierte en un ejemplo de abuso emocional; el temor de Dios, en una herramienta de intimidación; el llamado de Cristo a un seguimiento radical, en aislamiento de la comunidad; la virtud de la esperanza, en minimizar y negar los problemas de la relación; el énfasis en los niños y la fertilidad, en una forma de dominación política; la sumisión mutua, en privilegio masculino; y la confianza en Dios, una ejemplo de abuso económico.

Luego concluye:

Cuando la misma definición de amor perfecto es sacrificar tus hijos y martirizarte a ti mismo, no hay lugar para conceptos emocionalmente saludables como límites, consentimiento, igualdad y mutualidad. No podría decir que el comportamiento patriarcal de mi esposo era abusivo, en tanto yo estaba comprometida en una relación con “el tipo de arriba”, que es un ejemplo de matón abusivo, y que ordena a sus seguidores imitar Su muy retorcida idea de “amor”.

Una versión más detallada de esta historia puede encontrarse en youtube (también en inglés), en una conferencia durante la convención nacional atea 2014, lo que demuestra una vez más que las organizaciones del ateísmo militante están mas ocupados en una cruzada anti cristiana, que en no creer en Dios.

¿Cuál puede ser nuestra respuesta ante estos planteamientos?

Existen varias posibilidades.

La primera, y en cierta forma la más fácil, la encontramos en la primera epístola de San Juan:

1, 18 Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora.

19 Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros.

Dicho de otro modo, quienes nos abandonan nunca fueron realmente cristianos.

En el caso de Vyckie Garrison, sin embargo, esta parece una posición difícil de defender dado que su familia era reconocida como modelo ante la comunidad de la que formaban parte, percepción que se mantuvo por muchos años. Ciertamente que su conocimiento de la Escritura es profundo, por lo que no hay razones para suponer que no fueran verdaderos cristianos.

Esto también debe servirnos como advertencia a nosotros: los verdaderos cristianos, nosotros mismos entre ellos, también pueden terminar renegando de la fe. No en vano San Pablo hacía hincapié una y otra vez en la necesidad de perseverar a lo largo de la vida, y en  trabajar por la propia salvación.

Otra posible respuesta a su historia es tomarla contra una advertencia contra el sectarismo.

En un minuto del video ella dice que su familia consideraba a la sociedad en su conjunto como irremediablemente secularizada, que Estados Unidos había dado la espalda completamente a Cristo, y que incluso la Iglesia Bautista del Sur (que se considera dentro de las más conservadoras) de su localidad les parecía que había cedido ante “el mundo”. Por todo ello, decidieron constituirse como una Iglesia doméstica.

Este fenómeno también se puede observar a veces entre los católicos, que desesperan del mundo, sobre todo en temas de cultura de la vida y sexualidad. El siguiente paso, es el aislamiento, el sectarismo, y el creernos los guardianes de la fe, no solo ante el mundo, sino ante otros cristianos. Y no hablo aquí solamente de casos extremos, como los sedevacantistas, esto también puede suceder incluso en organizaciones de fieles reconocidas por la Iglesia.

El antídoto es la Iglesia, representada con nuestra unión con el obispo, que siempre busca, reconoce y aguarda a todos sus hijos. A uno le puede haber tocado un buen obispo, y debe dar gracias a Dios por eso, o le puede haber tocado uno malo, y no hay que desesperarse por ello. En uno u otro caso, debemos recordar que él es quien tiene a su cargo el cuidado de su diócesis, y que normalmente tendrá una visión mucho más amplia de la realidad de la Iglesia que la que nosotros podríamos tener.

Es esa diversidad y amplitud de miras lo que evita que la Iglesia se convierta en una secta. Si la familia de Vyckie Garrison hubiera sido católica, tal vez ella habría contado con una autoridad por sobre la de su esposo, la de un diácono o sacerdote, ante quien plantear sus sentimientos sobre la situación de su familia, antes de verse en la necesidad de abandonar a Cristo para recuperar su vida.

No es cierto que el cristianismo esté en contra de las mujeres. En el video, Vyckie Garrison muestra una imagen de Jesús golpeando la puerta y dice “¡Por favor, no lo dejen entrar!”, y también señala que su formación cristiana le había robado las palabras para expresar el abuso. Esta acusación, sin embargo, es esencialmente injusta, pues la influencia cristiana en la cultura es el principal factor que ha permitido que las mujeres sean consideradas en pie de igualdad con los hombres. Sin ir más lejos, la monogamia, una idea casi exclusivamente cristiana, es un paso indispensable para pensar siquiera en un plano de igualdad.

Pero parte de las críticas de Vyckie Garrison, hay que considerarlas seriamente.

Por ejemplo, al rechazar la secularización moderna, podemos caer en el error de idealizar el pasado, y no reconocer los abusos que se cometieron contra las mujeres de otras épocas. O enfatizar  las diferencias entre hombres y mujeres, en ámbitos en que no son realmente relevantes, como los trabajos de oficina.

En aspectos como la fertilidad, nos encontramos con que la sociedad se ha empapado tanto en la mentalidad anticonceptiva, que a veces nos cuesta ver que la posición católica es verdaderamente un justo medio entre dos extremos. Por una parte, obviamente rechazamos que los hijos (cada uno de nosotros lo somos) sean vistos como una carga o una maldición, pero eso no implica que, en rechazo de esa mentalidad, estemos obligados a tener la mayor cantidad de hijos posibles.

Punto aparte son los medios que se empleen, pero la Iglesia reconoce el derecho de los esposos a espaciar los nacimientos. Y los motivos para hacerlo no tienen que ser apremiantes o de vida o muerte, basta con que sean serios (Humanae Vitae usa la expresión iustae causae), y su naturaleza  puede ser muy diversa: desde luego físicos, pero también psicológicos o de “circunstancias exteriores”.

En esto los católicos claramente nos diferenciamos del movimiento Quiverfull.

El otro problema es el patriarcado. Como hijo de padres separados y madre profesional, que las mujeres se vean sometidas o limitadas en su capacidad por el solo hecho de no ser hombres, me parece una preocupación lejana y hasta absurdo, y por lo mismo reconozco que mis expresiones en este ámbito pueden resultar dolorosas para quien sí ha tenido que sufrir esta injustica, y puede pensar que es un chiste cruel hablar del marido como cabeza de la mujer. Mi única excusa, es que provengo del otro extremo, de un contexto donde tener un hombre en la casa es casi un accesorio: a veces útil, pero que rara vez vale la pena lo que cuesta mantenerlo.

Por eso insisto, y me maravillo de la sabiduría del cristianismo, cuando enseña que el varón tiene un lugar fundamental en el hogar. Si quieren, pueden decir que lo hago para convencerme a mí mismo.

Es cierto  que en esta doctrina hay un claro peligro de abuso, pero el cristianismo es así. La Palabra de Dios es como una espada de dos filos (Heb 4,12), con la misma  facilidad que corta, puedes resultar cortado; es tan poderosa que el peligro de usarla mal existe siempre. Por eso la historia está plagada de herejías cristianas, que abusaron de uno o dos versículos hasta convertirlos en una monomanía.

Y el machismo es eso: el abuso por parte de algunos, de una doctrina sana en principio. El  rol del hombre respecto a su esposa, es de apoyo y servicio, compañerismo y amor hasta el sacrificio máximo. Convertir esta vocación en una excusa para la opresión y la manipulación (para qué hablar de la violencia) es un grave pecado, una corrupción y una traición intolerables.

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