Inicio > General > Los hermanos de Jesús

Los hermanos de Jesús

HermanosLa discusión acerca de los hermanos de Jesús es más bien reciente en la historia de la Iglesia, desde luego más reciente que la reforma protestante, pues el mismo Martín Lutero era categórico en defender la virginidad de Nuestra Señora. A pesar de ello, el tema se ha convertido en una doctrina fundamental del protestantismo, y desde luego otros enemigos de la Iglesia, de corte ateo, agnóstico y pagano, no dudan en echar mano de los mismos argumentos para demostrar que la Iglesia no puede ser infalible.

La respuesta católica sobre el punto no se ha hecho esperar, y mucho se ha escrito al respecto, mejor de lo que yo podría explicar aquí. Solo en InfoCatólica, les recomendaría (236) La Virgen María, siempre virgen, del P. Iraburu, y la categoría Virginidad Perpetua de María, en el blog de José Miguel Arraiz.

Por mi parte, puedo afirmar y sostener que total seguridad y hasta vehemencia, que NSJC tiene hermanos, y que Nuestra Señora tiene otros hijos, aparte de Jesús. Así es, y está completamente claro en la verdad revelada en la Palabra de Dios.

Por si alguno tiene dudas, recordemos que en Mateo 12, NSJC dice que:

49 Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Y respecto de uno de los hijos de María:

26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».

Jesús lo dijo, vale para mí.

Pero claro, cuando se habla de los hermanos de Jesús, no es esto en lo que se está pensando. Lo que se busca es demostrar que la Iglesia se equivoca al enseñar que Nuestra Señora es la siempre virgen, y para eso se traen a colación numerosos pasajes donde se habla de los hermanos de Jesús, dando a entender que se trataría de hijos naturales de María.

Así tenemos, entre otros, los pasajes de Marcos 3,31 (“Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar”) Mateo 12, 47 (“Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte»”), Lucas 8, 20 (“Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte»”) Juan 2,12 (“Después de esto, descendió a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días”). También hay referencias a los hermanos de Jesús, fuera de los evangelios, y así tenemos Hechos 1, 14 (“Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.”), 1 Corintios 9, 5 (“[¿No tenemos derecho] a viajar en compañía de una mujer creyente, como lo hacen los demás Apóstoles, los hermanos del Señor y el mismo Cefas?”) y San Pablo se refiere a Santiago como “el hermano del Señor” (Gálatas 1, 19). Finalmente, no podemos dejar de mencionar que Flavio Josefo, el historiador judío del S. I, si bien se duda que haya mencionado a Jesús, sí se refiere a la muerte de su hermano:

Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido y el sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Les acusó de haber transgredido la Ley y les entregó para que fueran apedreados. (Libro 20 Capítulo 9).

La respuesta católica es que estos hermanos no son hijos naturales de Nuestra Señora (que al fin y al cabo eso es lo que importa), sino que se trata de parientes cercanos, ya sea hijos de un matrimonio anterior de San José, en la tradición más antigua; o bien primos, en la alternativa que defendía san Jerónimo por allá por el S. IV .

Nadie pone en duda que la palabra “hermanos” es ambigua, y así se multiplican los ejemplos de uno y otro lado en que se usa exclusivamente para referirse a los hermanos de una misma madre, o a parientes cercanos, o a miembros de un mismo grupo social o religioso, tanto en la antigüedad judía, como en otras culturas y en nuestros días. Los evangelios, a su turno, no nos entregan más datos acerca de estos sujetos, quiénes eran o cuál era su relación con Jesús.

En estas condiciones, se puede debatir indefinidamente y ninguna parte convencerá a la otra, porque la discusión en buena parte se centra en intentar razonar a partir del silencio, es decir, sobre qué deberían haber dicho los autores sagrados o Josefo para dar a entender una u otra relación, dado el contexto cultural en el que escribieron. Sin embargo, esa clase de argumentos en general son muy débiles y rara vez son definitivos.

La existencia de hermanos carnales de Jesús no ha sido demostrada, la virginidad de Nuestra Señora no ha sido refutada, y tampoco se ha demostrado que la doctrina de la Iglesia no sea constante y cierta.

… El Fin … ¿o no?

Lo dicho hasta ahora no es del todo preciso. Sí hay un dato más que sabemos: los nombres de algunas de las personas llamadas “hermanos de Jesús” en los evangelios:

Mt 13, 55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?

y

Mc 6, 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.

De los cuatro nombres que aparecen en los evangelios como hermanos de Jesús, sin dudas que Santiago es el que tendría más probabilidades de ser un hijo natural de María.

Santiago o Jacobo era apóstol, y más aún dentro de los apóstoles es mencionado como parte del círculo más cercano a Jesús, junto con Pedro y Juan, lo que sería esperable si se tratara de una persona tan cercana como un hermano carnal. Más aún, San Pablo y Josefo identifican a un “Santiago” hermano del Señor, y la tradición nos habla que Santiago fue el primer obispo de Jerusalén, cargo que por su evidente importancia sería natural que recayera en un hermano menor de NSJC.

Llegado este punto parece bastante natural que Santiago sea un segundo hijo de María… hasta que revisamos lo que se sabe sobre los dos apóstoles llamados Santiago.

De acuerdo a la lista de los apóstoles que encontramos Mateo 10, Santiago el Mayor era hijo de Zebedeo (Mt 4,21) y hermano de Juan; mientras que Santiago el Menor, primero obispo de Jerusalén, era hijo de Alfeo, y hermano de Judas Tadeo, según el encabezado de la epístola de Judas. Ninguno de los dos apóstoles llamados Santiago era hijo de José, y por lo tanto tampoco era hijo de María, la madre de NSJC.

Las otras alternativas son: que hubo un segundo matrimonio de Nuestra Señora, con Alfeo o con Zebedeo; o que hubo un tercer Santiago, hijo de María y de José, pero que no mereció ser mencionado en los evangelios, a pesar de lo cual llegó a ser un líder tan importante en la comunidad cristiana que Josefo consigna su martirio como hermano de Jesús. Francamente, ninguna de estas dos alternativas parece requerir la más mínima consideración.

Con esto, queda “fuera de carrera” nuestro principal candidato a hijo natural de María, Santiago el Menor. Si este apóstol era ampliamente conocido como “hermano de Jesús” pero no era hijo de María ¿Qué inconveniente podría haber en que otros personajes de la primera comunidad cristiana fueran conocidos como hermanos del Señor y sin embargo no fueran hijos naturales de Nuestra Señora? Yo creo que ninguno.

… El Fin … ¿o todavía hay más?

Con todo, todavía nos queda otra capa que pelar en esta cebolla.

Me refiero al famoso tema de las interpolaciones o ediciones posteriores que supuestamente habrían sufrido los evangelios canónicos y las epístolas, para ajustarlas a las necesidades doctrinales de los diversos grupos que conformaban la cristiandad primitiva. Recordemos que esta hipótesis es absolutamente fundamental para todo tipo de teorías acerca del Jesús Histórico, para la escuela de la crítica textual del Nuevo Testamento, y un amplio sector de teólogos y polemistas anticatólicos.

La virginidad de Nuesta Señora ha formado parte del cuerpo doctrinal del cristianismo desde su más tierna infancia. Testimonio de esto ha quedado en el evangelio apócrifo conocido como protoevangelio de Santiago, donde se relata que desde su niñez María fue consagrada como una virgen al servicio de Templo, que José era un viudo escogido para ser su guardián debido a que ya había tenido familia, y que ya había fallecido cuando Jesús comenzó su ministerio. Este documento ha sido datado en el año 150.

De esta misma tradición dan cuenta Orígenes en 249, San Atanasio de Alejandría en 360, San Jerónimo en 383 (invocando la autoridad de Ignacio, Policarpo, Ireneo y Justino Martir en contra de los que proponen la opinión contraria), San Siricio Papa en 392, San Ambrosio de Milán en 396, hasta su declaración dogmática en el Concilio de Letrán en 649.

Si fuera cierto que los evangelios sufrieron severas alteraciones a manos de copistas posteriores para ajustar los textos sagrados a las opiniones de la corriente que en definitiva llegaría a ser la ortodoxia ¿no sería razonable esperar que las referencias a los “hermanos de Jesús” hubieran sido eliminadas rápidamente? Si era una práctica tan extendida como se nos pretende hacer pensar, el eliminar aquellas frases que no resultaban convenientes, o agregar frases para respaldar las opiniones teológicas más fuertes, lo lógico sería que esas partes fueran las primeras en salir del panorama (Después de todo, es más fácil omitir que agregar); o que se las reemplazara por referencias a otros parientes.

Imaginen el escándalo que se formaría si no hubiera mención a los hermanos de Jesús en el Codex Vaticanus o en la Vulgata, que fue la edición oficial de la Biblia durante la Edad Media, y que luego en el S. XX comenzaran a aparecer manuscritos fiables de versiones antiguas de los libros de la Biblia, pero con estas referencias a los hermanos. El escándalo sería mayúsculo.

Pero nunca fue así. La Iglesia se preocupó de trascribir fielmente cada palabra de las Escrituras, muchas veces sin entenderlas a cabalidad, pero consciente de su rol de transmisora y no de creadora. A veces los copistas cometían errores, e incluso puede que algunos tuvieran intereses doctrinales, pero no hay evidencia que haya sido una tendencia generalizada, o que existan razones para dudar de los textos con que contamos hoy en día. Ni siquiera se ha podido identificar una línea de manuscritos donde referencias difíciles para los cristianos desde la antigüedad, como es el caso de los hermanos de Jesús, hayan sido editadas o alteradas.

Y por eso los evangelios son un fuente histórica confiable.

Ahora sí … El Fin …

Anuncios
Categorías:General
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: