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4 clichés de la ciencia ficción, que no veremos en nuestra vida

SpockPrimero que nada una justificación: ¿Qué hace un artículo sobre ciencia ficción, en un portal de información religiosa respetable como InfoCatólica?

A pesar de que comenzó como un subproducto de las revistas de aventuras y western, en nuestra cultura, maravillada todavía con los avances científicos, la ciencia ficción ha llegado a ser algo más que una forma de entretención. A pesar de que hay mucha basura bajo la misma etiqueta, la ciencia ficción se ha convertido en uno de los pocos espacios donde nuestra cultura todavía puede pensar en categorías filosóficas, acerca de sí misma, del ser humano y de sus expectativas.

El ser humano simplemente no puede vivir sin esperanzas, y en ese sentido los universos que nos presenta la ciencia ficción han comenzado a tomar el espacio que antes ocupaba la religión en las esperanzas de la gente. Eso, que puede ser esperable en una sociedad cada vez más secularizada, se convierte en un problema si lo que se ofrece para llenar ese espacio se vende como ciencia o subproducto de la ciencia, cuando en realidad no son más que promesas vacías.

Por ejemplo:

#4. Vida extraterrestre inteligente

En la ciencia ficción el espacio está lleno de vida, especies animales y vegetales y razas humanoides e insectoides, más antiguas, sabias y tecnológicamente avanzadas que los humanos. El extraterrestre ya ni siquiera es un cliché, sino que ha pasado a ser parte del paisaje del universo de la ciencia ficción.

Esta idea se asentó aún más en el imaginario popular cuando Carl Sagan nos explicó la ecuación de Drake en su serie Cosmos. Según esta ecuación, partiendo de la enorme cantidad de estrellas en la galaxia, era posible afirmar que habría al menos 10 civilizaciones extraterrestres esperando a ponerse en contacto con la humanidad.

El resultado de esta esperanza es que cada pocos meses, aparecen notas de prensa acerca del descubrimiento de planetas similares a la Tierra, basados en su distancia con su estrella, tamaño y composición. Y si existen las condiciones ¿no sería posible que alguno de ellos haya vida inteligente y capaz de comunicarse con nosotros?

Pero no lo veremos en nuestra vida…

Porque no tenemos idea acerca de cómo surgió la vida en la Tierra, o si podría hacerlo en otro lugar.

Si se trata de buscar señales de vida en planetas similares a la tierra, se suele olvidar que ya tenemos uno: La Tierra. Y a pesar de que aquí contamos con las proporciones ideales de agua, aire y temperaturas, la vida no surge espontáneamente en nuestros charcos y océanos. Toda la vida que conocemos proviene de otro ser vivo y, sin importar lo perfectas que sean las condiciones, no aparece espontáneamente. ¡Vaya! Ni siquiera aparece artificialmente, cuando recreamos en un laboratorio todas condiciones que buscamos en esos otros planetas. Por todo lo que sabemos, la vida surgió solo una vez.

Y ese todavía no es el paso más difícil.

No basta con que haya vida en un planeta, incluso si tuviéramos mares llenos de peces extraterrestres y eternos bosques llenos de animales, todavía no contaría como “vida inteligente”. Y nadie sabe cómo lo hicieron los humanos para hacer de su cerebro su principal ventaja evolutiva. Aletas, ojos, garras y dientes han aparecido una y otra vez, en diferentes especies, como respuestas de la evolución a las exigencias del medio ambiente, fenómeno llamado evolución convergente; la inteligencia, en cambio, solo una vez.

Y aún falta un paso más: el de la civilización tecnológica, que lejos de ser inevitable, solo surgió una vez, bajo el alero del cristianismo.

Con esto en mente, no es de sorprender que el autor de la ecuación de Drake haya sido propuesta por Frank Drake, presidente del instituto SETI que en los años 70 implementó el observatorio en Arecibo para rastrear señales provenientes del espacio, con nulos resultados a la fecha, a pesar del dinero invertido en él.

#3. Una base en Marte

¡Ah, Marte! La nueva frontera de la humanidad, nuestro planeta de repuesto, ubicado tan cerca que un poco de tecnología aplicada nos podría llevar de un salto hasta nuestra segunda casa. Un poco desértico tal vez, pero nada que un buen aire acondicionado y un invernadero correctamente aislado no pueda solucionar. También están todos esos canales que construyó la antigua civilización marciana, eso demuestra que hay grandes cantidades de agua oculta en Marte ¿verdad?

Además, ya contamos con las serias advertencias del genio-profeta Stephen Hawking, quien dijo que para el 2100 habrá personas habitando en Marte y que la humanidad desaparecerá si no coloniza otros planetas. Están advertidos.

Pero no lo veremos en nuestra vida…

¿Han oído hablar del proyecto de construir una gran ciudad en la Antártica? Yo tampoco, y sin embargo es infinitamente más fácil albergar a toda la humanidad en el territorio antártico que mantener una colonia en Marte. Olvidémonos por un momento de todos los recursos económicos y humanos que serían necesarios para llevar hasta allá a un grupo de personas, y que no hay razón alguna para hacerlo. Partamos de la base que ya estamos ahí.

De partida, nuestro compañero rojo es extremadamente frío: las temperaturas fluctúan habitualmente entre los -5° y -187°, mientras que la temperatura más baja medida en la tierra es de -92°. Luego, está todo el tema del suministro de agua, que no hemos encontrado en Marte, y de aire (la atmósfera marciana tiene una densidad del 1% respecto a la terrestre). Volviendo a nuestro ejemplo de la ciudad en la Antártica, aire, agua y temperaturas más aceptables, son todos elementos que tenemos a raudales en la Antártica, y aún así, a nadie que tener ahí una colonia allá sea la solución a algún problema.

No menos relevante, resulta el tema del transporte, ya que se calcula en 9 meses el tiempo mínimo para llegar a Marte, lo que se vuelve una barrera infranqueable en caso que sea necesario enviar ayuda. A lo largo de la historia de la humanidad, muchos grupos han quedado aislados a la espera de ayuda, pero al menos no tenían que preocuparse del suministro de algo tan básico como el aire. Y en un ambiente tan diferente, la cantidad de cosas que pueden ir mal son muchas.

Algún optimista dirá que no consideramos los avances de la tecnología, pero eso es porque esto es apena un esbozo de la clase de dificultades que se podrían encontrar. Otro ejemplo, Marte no cuenta con un campo magnético comparable al de la tierra, y eso combinado con una atmósfera mucho más delgada hace que los niveles de radiación en la superficie sean intolerables para los humanos a largo plazo.

Y tampoco parece que la viabilidad económica de una empresa como esa se solucione con más tecnología: si la base espacial internacional tiene que luchar por su financiamiento, y nadie ha encontrado una razón para volver a la luna en 50 años, simplemente no existe una razón que justifique los gastos económicos mantener una colonia en Marte.

#2. Inteligencia artificial

C3PO, el Teniente Comandante Data, Number 5 y el Terminator; la computadora de la Enterprise, Skynet, Cortana de Halo o Jarvis de Iron Man. Todos ellos son ejemplos de seres artificiales, productos del ingenio humano, que de una u otra forma exhiben el comportamiento típico propio de los seres inteligentes: voluntad, adaptabilidad a su entorno, capacidad de análisis, creatividad y el deseo de seguir existiendo. En cada relato, ellos proporcionan una perspectiva única y ajena al pensamiento humano, que los hace fascinantes.

Pero no es solo ficción. En 1996 la computadora de IBM llamada Deep Blue derrotó por primera vez al campeón mundial vigente de ajedrez, Gary Kasparov, y al año siguiente su hermana menor Deeper Blue nuevamente lo venció, esta vez en un match de 6 partidas. Incluso unos días atrás aparecieron algunos reportes de computadoras que habían pasado el test de turing, lo que indicaría que están en condiciones de convencer a un examinador imparcial que son humanos.

Incluso más, los video juegos aportan toda la motivación económica necesaria para que las investigaciones en este campo continúen avanzando

Pero no lo veremos en nuestra vida…

Porque nadie sabe qué es o como funciona la inteligencia.

A pesar que forma parte de nuestra experiencia diaria, realmente se sabe muy poco de lo que hace el cerebro cuando realiza una operación sencilla, como decir “2+2=4”. Es cierto que contamos con máquinas calculadoras, que pueden entregarnos la respuesta correcta en esa y otras operaciones mucho más complejas, pero esas máquinas llegan a ese resultado porque un humano les entregó la respuesta, o programó la forma de llegar a ella. En este sentido, cualquier computadora actual no es más “inteligente” que un libro con las respuestas, su índice y las instrucciones para usarlo. Si a la computadora se le dice que “2+2=5”, ella lo aceptará sin cuestionarlo y este error se reproducirá en todos sus cálculos hasta que otro humano venga y lo corrija.

Lo mismo ocurre con Deep Blue y el ajedrez: ante cada disposición del tablero, ella analiza una cantidad enorme de posibles jugadas futuras, a cada una le asigna un valor de probabilidad y deseabilidad, escoge la más valiosa, y realiza la jugada que conduce a ese resultado. Todo ello, las reglas desde luego, pero también la probabilidad y los parámetros que definen qué jugadas son más probables y deseables, han sido predeterminado por un equipo de humanos que conoce el ajedrez y la forma de analizar los resultados, y se los “enseña” a la máquina. Si bien el resultado es el mismo (ganar una partida de ajedrez), cómo llega a él Deep Blue es algo totalmente diferente de lo que hace Kasparov.

Incluso el bullado test de Turing, no demuestra nada más que la capacidad de los programadores para “engañar” al usuario, pues es producto de la teoría reduccionista de Allan Turing, que, en resumidas cuentas, se limitaba a decir que no importa lo que ocurre en la mente, es inteligencia lo que puede ser reconocido como inteligencia. Contra esto, hay muchos filósofos y neurólogos dedicados a examinar las cuestiones relativas a los estados mentales, la conciencia y la inteligencia humanas, que tienen diferentes teorías, sin que ninguna se haya logrado imponer como un avance decisivo.

Mientras todo esto no se logre, para pesar de los gamers del mundo, las promesas de verdadera inteligencia artificial no será más que un truco publicitario.

#1. Viajes en el tiempo

Marty McFly escucha un estruendo y ve aparecer un automóvil volador. “Marty” dice el Doc Brown “es tu familia, debemos volver al futuro y salvar a tus hijos” y en la siguiente toma el DeLorean pasa volando frente a nuestros ojos, envuelto en relámpagos para desaparecer… música y créditos. Es una gran escena que introdujo en el imaginario popular el concepto de viajes en el tiempo y las grandes aventuras que nos aguardaban.

Por allá por los años 30 del siglo pasado, la Teoría de la Relatividad de Einstein introdujo todo el concepto de entender el tiempo como una realidad relativa, flexible, que transcurre más rápido o lento según la velocidad a la que nos desplazamos, y abrió un amplio campo para las historias de los viajes en el tiempo. Hasta ese momento solo se contaba con“La Máquina del Tiempo” de H.G. Wells, que más que ciencia ficción era un comentario social en clave fantástica. Para 1985, cuando se estrenó Volver al Futuro, los fanáticos de la ciencia ficción ya habían explorado hasta el cansancio las diversas soluciones a las paradojas que implica el viaje en el tiempo, al punto que se le consideraba un tópico clásico del género, sino uno ya agotado.

A pesar que las expectativas en este ámbito están mucho más limitadas, eso no ha impedido que los científicos hablen del tiempo como una cuarta dimensión, y a partir de ahí especular acerca de posibles viajes al futuro gracias a la relatividad , agujeros negros y de gusano que nos conecten a otras épocas. Buenas y malas películas lo han integrado a nuestra visión de lo que es la ciencia.

Pero no lo veremos en nuestra vida…

Porque el mero concepto de viajar en el tiempo es una imposibilidad lógica, como lo explicó Santo Tomás. Además podemos estar seguros que no lo veremos en nuestra vida, ni nunca, porque el tiempo mismo no existe fuera de nuestra mente.

Puede sonar extraño, porque nuestra percepción del tiempo y los recuerdos son intrínsecos a nuestra forma de entender la realidad, pero la verdad es innegable: el momento en que comenzaste a leer este artículo es tan inalcanzable para ti o cualquiera como la Tierra Media o Nunca Jamás. Dicho de otro modo, para viajar a Madrid es indispensable que Madrid exista realmente, y si no es así, todo esfuerzo de planear ese viaje es inútil desde su misma concepción. Si el pasado o el futuro solo existen como una idea en nuestra mente, es evidente que nada más que nuestro recuerdo puede permitirnos llegar hasta ahí.

Todos están de acuerdo en que el “viaje en el tiempo” que ofrece la teoría de Einstein es bastante aburrido, pues en realidad no es atravesar las barreras del tiempo sino sustraernos a sus efectos sobre nosotros, gracias a la velocidad. Los viajes al pasado a través de un agujero de gusano parece que estarían respaldados por las matemáticas, pero aparte del detalle de las ingentes cantidades de energía que exigirían, está todo el tema de a qué pasado nos llevarían, y qué lo ha mantenido en existencia

Más interesante resulta considerar cómo es posible que el pasado, que no existe, al menos como algo material, tenga efectos en el presente y el futuro. Es cierto que la física moderna incorpora el tiempo en sus ecuaciones, pero eso resulta muy poco esclarecedor, cuando recordamos que las matemáticas, aún cuando gobiernan la realidad física con puño de hierro, tampoco existen fuera de nuestra mente.

Algo hay ahí, que es una chispa de la presencia de Dios.

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