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El regreso de Felipe Berríos

BerríosUn año se hizo esperar el P. Felipe Berríos para volver a iluminar a los chilenos, tal como ocurre habitualmente con los profetas, sus palabras fueron recibidas con aplausos de todos los sectores: los políticos chilenos son de lujo, los trabajadores y los empresarios, todos maravillosos… todos menos la Iglesia.

Al menos esta vez no habló de los políticos de izquierda como modelos para la juventud, y no las emprendió contra los obispos.

Pero no por ello dejó de lado las declaraciones polémicas:

¿Cuál es el problema del matrimonio homosexual? Los homosexuales son hijos de Dios. Él los creó homosexuales y lesbianas, y Dios está orgulloso de que lo sean […] El problema está en nosotros, que no lo entendemos. No en ellos

Si el P. Berríos fuera un filósofo, todos estarían hablando del evidente non sequitur: es cierto que los homosexuales y lesbianas son hijos de Dios y por eso están llamados a la santidad, pero de eso no se sigue que no haya problema con que dos hombres simulen un matrimonio.

Expliquémoslo como tantas veces antes. El matrimonio como institución es anterior al Estado y cumple una función social indispensable, que va más allá de los sentimientos románticos que puedan existir entre dos o tres o más personas. Esa función es la de proteger a los hijos en común de un padre y una madre, y otorgarles la seguridad de contar con el apoyo de sus padres durante los largos años de formación. De esta labor interminable y permanente, se beneficia el Estado al contar con ciudadanos equilibrados en su desarrollo físico, intelectual y emocional, y por lo tanto es justo que la comunidad reconozca y respalde a los hombre y mujeres que asumen con seriedad esta función social.

Las uniones homosexuales, en cambio, y otros arreglos análogos, no son matrimonio, no cumplen esa función social y no pueden proporcionar a los niños la experiencia de contar con un hogar donde exista la diversidad de un padre y una madre. Por lo tanto, desde este punto de vista no pueden dar lugar a nada más que acuerdos privados, como acuerdos entre particulares, que pueden ser reconocidos en diversas instancias por los órganos estatales, pero que no hay razón para regular expresamente.

El problema de llamar matrimonio a estas uniones privadas, reverendo P. Berríos, es que al cambiar la definición del vínculo conyugal, se lo asimila a una contrato privado sin mayor trascendencia para la comunidad, y se desfigura la relación que debe existir entre los padres por razón de los hijos. El problema es que el Estado comete una grave injusticia con los padres que sí buscan asumir esta función, al no reconocer los sacrificios que hacen, y no contar con una política que los apoye.

Punto aparte merece la temeraria afirmación que Dios es la causa eficiente de la homosexualidad, y que está orgulloso de esa condición. Recordemos mejor el juicio, mucho más prudente de la Iglesia, expresado en el Catecismo Universal:

2357 La homosexualidad […] reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cfGn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” [negritas nuestras]

En el tema del aborto, el P. Berríos intenta salvar su identidad católica, señalando que “para él” se trata de algo inmoral, pero que debemos decidir cuándo estamos ante una nueva persona. Sin embargo, loable como sea este esfuerzo, fracasa estrepitosamente, pues deja la impresión que la oposición al aborto es una cuestión de opinión personal, que depende de compartir o no una fe, y que la protección de la vida humana se encuentra abierta al debate de las mayorías.

Señala el P. Berríos:

Para mí, la vida es un regalo de Dios, desde el momento que se gesta hasta que se muere, pero esa es mi experiencia. Nos tenemos que poner de acuerdo: el espermatozoide y el óvulo son entidades vivas, pero debemos definir cuándo pasan a ser ‘un ser vivo’“, prosiguió.

En realidad, el aborto no tiene nada que ver con la religión que cada uno puede tener, sino que resulta necesariamente de aplicar un principio ético común a toda civilización humana (“jamás procurar la muerte de un ser humano inocente”) y del avance científico moderno que indica que desde la concepción estamos ante un ser humano vivo, único y diferente de sus padres. Y desde luego, ninguno de estos factores se encuentra entregado al juego democrático, por tratarse de hechos objetivos.

Recordemos nuevamente lo que enseña la Iglesia a este respecto, y que el P. Berríos tenía la oportunidad de haber mencionado:

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).

En otro momento de la entrevista, el P. Berríos se lamenta de una percibida distancia entre los obispos y el pueblo creyente, preguntándose cuántas personas de las que se encuentran en la audiencia y se identifican como católicos serían capaces de dar el nombre de más de tres obispos actualmente en ejercicio. La respuesta, naturalmente, es que serían muy pocos o ninguno los que podrían hacerlo, pero la explicación es mucho más profunda que un supuesto alejamiento entre obispos y fieles.

La triste realidad es que, si el P. Berríos pidiera a los presentes en el estudio que nombraran tres o más sacramentos de la Iglesia, el resultado sería exactamente el mismo. La causa, entonces, de esta alienación de los bautizados respecto de la Iglesia que los acogió en su infancia, no tiene que ver con la cercanía o no con los obispos. La razón, creo yo, es que la mayoría de los católicos nunca ha tenido una razón para ser católico, en vez de evangélico, budista, ateo o agnóstico. Sólo cuando los fieles puedan decir por qué es mejor ser católico que otra cosa, podrán empezar a interesarte quién pueda ser su obispo.

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