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¿Puede haber otro motor inmóvil, aparte de Dios?

En una entrada anterior, comentábamos acerca de lo mal entendidas que son las 5 vías para demostrar la existencia de Dios, que nos ofrece Santo Tomás en la Suma Teológica, y les contábamos acerca de Parménides de Elea y la teoría hilemórfica de los aristotélicos, para entender en su verdadero contexto la premisa “todo lo que se mueve es movido por otro”, en que se basa la primera de ellas.

Nuestra tarea, sin embargo,estaba lejos de encontrarse acabada, pues rápidamente nos han replicado por el otro extremo del argumento, apuntando a su conclusión, y señalando que no hay razón para suponer que el motor inmóvil tenga que ser uno, en circunstancias que podrían ser muchos; y aún si fuera uno, podría ser un ente diferente a Dios, tal vez el demiurgo platónico, o el propio universo

Para responder a esta objeción, partamos admitiendo que efectivamente a primera vista decir sin más que Dios es el motor inmóvil puede parecer un salto injustificado, pero que no se trata de un defecto del argumento, sino que es un efecto de su contexto. En efecto, la Suma Teológica es un resumen (en latín, summa) de las materias que debían conocer los estudiantes de teología en la Universidad del S. XIII, y como dice Edward Feser, está escrita pensando en creyentes cristianos, y no es un trabajo avanzado de apologética o destinado a convencer escépticos.

Por eso Santo Tomás pasa del motor inmóvil a Dios, sin mayores argumentos al respecto, suponiendo que sus lectores cuentan con el entrenamiento que les permite compartir esa conclusión. Pero claro, en estos nuestros tiempos de barbarie filosófica, no podemos hacer esa mismas suposición, y se requiere explicar cómo un motor inmóvil es lo mismo que Dios.

Entonces ¿Puede haber más de un motor inmóvil?

Antes de responder, dejemos constancia que Santo Tomás aborda esta pregunta en la cuestión 11 de la primera parte de la Suma, dedicado a la unidad de Dios, que pueden consultar aquí. El artículo responde que el hecho de que Dios sea uno, se demuestra por tres vías: la simplicidad de Dios, la perfección de Dios y por la unidad del mundo.

Nosotros, sin embargo, vamos a intentar otro camino, uno vinculado más directamente con la idea del motor inmóvil al cual arriba la 1a vía. En este sentido, debemos comenzar por recordar que los seres que cambian o se mueven, aquellos con los que nos encontramos día a día, están necesariamente compuestos de actos y de potencias, porque si ellos no existieran en acto no existirían de ninguna forma; y si no radicara en ellos ninguna potencia, no podrían cambiar o moverse, pues moverse implica precisamente pasar de la potencia al acto.

Por ejemplo, una pelota de goma es esférica en acto, de un determinado color y de un peso, todo lo cual conforma aquello que la pelota es en acto. Al mismos tiempo, esa pelota contiene diversas potencialidades como ser viscosa, si se le aplica calor, o ser roja, si se le pinta de ese color; y no tiene otras, como convertirse en un pollo, o en tener el peso y la dureza del metal. Desde este punto de vista, nuestra pelota del ejemplo está compuesta de actualidades y potencialidades.

Ahora bien, si aplicamos este análisis (de seres en acto y en potencia) al motor inmóvil de la 1a vía, debemos admitir que este ser existe en acto, porque de otro modo no podría ser un motor (ya que todo lo que mueve a otro debe estar en acto), pero que al mismo tiempo en él no reside ninguna potencia, pues en tal caso sería capaz de moverse, o lo que es lo mismo, pasar de la potencia al acto, y ya no sería inmóvil.

Así, tenemos que nuestro motor inmóvil es un ser que,a diferencia de la generalidad de los seres que conocemos, no está compuesto de actos y potencias, sino que es un ser simple, donde solo encontramos un acto puro, sin ninguna clase de potencia.

Es indudable que un ser que sea acto puro es algo muy extraño para nosotros, porque no forma parte de nuestra experiencia y no tenemos con qué compararlo, pero el análisis del acto y la potencia aplicado a la idea de un motor inmóvil no nos deja otra opción.

Otra forma de referirnos a un ser de acto puro, a un motor inmóvil es decir que se trata de un ser perfecto, porque a este ser no le resta ninguna potencialidad o perfección que alcanzar.

Llegado este punto, volvemos a la pregunta inicial, y consideramos si puede existir más de un ser perfecto o, lo que es lo mismo, más de un ser que de quien se pueda decir que es acto puro o un motor inmóvil. Y la respuesta es que no puede haber más de un ser perfecto, porque si hubiera dos, la única forma de distinguirlos sería identificando alguna característica, algún defecto o perfección, que el otro no tiene, y en ese caso resultaría que uno de nuestros candidatos a “ser perfecto” no lo es realmente, porque se encuentra en él alguna potencialidad.

Dicho de otro modo, incluso si imagináramos muchos motores inmóviles, cada uno originando series de movimientos, fácilmente nos daríamos cuenta que cada uno tendría alguna característica de la que los otros carecen, y cualquiera que fuera aquella, denotaría un defecto incompatible con un ser perfecto, donde no se encuentran potencialidades por realizar, sino un solo acto puro.

Otra posibilidad que levantan los escépticos se refiere a que el universo sea ese primer ser, necesario y eterno al que apuntan las vías de Santo Tomás, y creen que así podrían mostrar que no se justifica identificar al motor inmóvil con Dios.

En ese sentido, debería bastar la explicación que venimos dando, en tanto queda claro que para que podamos identificar a un ser como el motor inmóvil del que nos habla la primera vía, no basta con que haya existido siempre, sino que además es indispensable que en él se encuentren las perfecciones propias de un ser en acto puro. El universo, con toda su extensión y energía, claramente está en movimiento, cambiando siempre y en todas partes, actualizando sus potencias una y otra vez, de modo que nadie lo llamaría un “motor inmóvil”.

Esto debería basta para demostrar que no puede haber más de un motor inmóvil, de modo que Santo Tomás estaba plenamente justificado al identificarlo con Dios. Sé que habrá entre los lectores de esta entrada algunos tomistas, así que espero que disculpen si no he sido riguroso con los términos empleados, y me ayuden a corregirlos.

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