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Neil deGrasse Tyson y el propósito del universo

Neil deGrasse Tyson es un astrofísico y divulgador ateo, que tal vez algunos conozcan de cierto meme, pero que últimamente ha alcanzado notoriedad como conductor en el documental Cosmos, reedición de la serie que con el mismo nombre hizo Carl Sagan a mediados de los ‘80:

En una entrada anterior, un comentarista nos dejó el enlace a este video, donde el profesor Tyson se pregunta acerca del propósito que tendría el universo:

Tal como podríamos esperar de un ateo, su respuesta es un muy razonable “¡Vaya! no estoy seguro”, pero lamentablemente, el video va cuesta abajo a partir de tan auspicioso comienzo, y pasa a criticar a cualquiera que ose decir algo más:

quien sea que exprese una respuesta más definitiva a esta pregunta está afirmando tener acceso a un conocimiento sin bases empíricas

Claro, si lo dices en ese tono, parece que confiar en conocimientos sin bases empíricas fuera algo malo.

Sin embargo, es indudable que el conocimiento basado en la confianza o en la razón (que son las alternativas) es algo con lo que convivimos día a día, incluso para nuestra comprensión física del mundo. Por ejemplo, sabemos que la tierra gira alrededor del sol, a pesar de la evidencia empírica, que nos dice que es sol el que sale y se pone, mientras el suelo y los montes permanecen quietos. Sin ir más lejos, ni siquiera el propio Neil deGrasse podría ejercer de físico, si no confiara en los datos no empíricos (para él) que le proporcionan los físicos experimentales.

Así que nadie puede decir que un conocimiento es inválido por no tener bases exclusivamente empíricas.

Por otro lado, al preguntarnos acerca del propósito del universo, o de cualquier cosa, es absurdo exigir un dato empírico que pueda darnos la respuesta, incluso respecto de las cosas cuyo propósito es evidente. Por ejemplo, el propósito de un ojo es ver, pero ningún estudio de sus partes, o medición de su alto o ancho, podrían llevarnos a decir “sí, esta estructura sirve para ver”. Claro que, una vez conocida esa función, el conocimiento empírico puede ayudarnos a saber si el ojo podrá cumplirla bien o no, pero es incapaz de informarnos acerca del propósito en sí.

En definitiva la crítica es inválida, porque sólo admitirá una respuesta que provenga de en un área del conocimiento (el conocimiento empírico) que no puede responder es tipo de preguntas. Es como preguntar en qué año estamos, pero solo admitir demostraciones matemáticas.

El video continúa acusando a las religiones y ciertas ramas de la filosofía de haber fallado en comprender y predecir el universo y nuestro lugar en él, por usar una forma de razonamiento no empírico. Es fácil darse cuenta que al hablar de “comprender y predecir el universo y nuestro lugar en él”, Tyson se refiere a un universo en términos astronómicos y efectivamente el aporte de la filosofía y la religión en este ámbito puede ser tenido por mínimo y hasta negativo.

Sin embargo, nuevamente nos encontramos un problema de ámbitos de competencia: no es labor de la religión y la filosofía hablarnos de estrellas y planetas, eso corresponde a la ciencia. Ahora bien, si el profesor Tyson aceptara una definición más amplia del “universo y nuestro lugar en él”, yo diría que está equivocado acerca de los aportes de la filosofía y la religión, que han sido muy importantes en ámbitos como el derecho y la ética.

Neil deGrasse se pregunta acerca de algunos “propósito del universo” –que surja la vida, o seres con conciencia–, y los descarta, básicamente porque le parece ridículo que el universo se haya tomado tanto tiempo en una tarea tan pequeña, en comparación a su tamaño y duración.

Pero la pregunta en sí no es tan decisiva como parece. Es perfectamente posible que algo tenga un propósito, y que sea evidente que lo tiene, sin que nosotros sepamos cuál es. Por ejemplo, el Stonehenge en Inglaterra es un monumento megalítico cuyos orígenes son totalmente desconocidos para nosotros, pero donde la ubicación de las piedras no permiten dudar ni por un momento que quien lo construyó tenía un propósito muy claro para ellas. Incluso si nos encontráramos un reloj descompuesto, sin haber visto ninguno antes, seguramente diríamos que tiene un propósito bien definido, aunque no supiéramos cuál sería.

Por lo mismo, no tendría nada de extraño que alguien dijera “Podemos afirmar sin lugar a dudas que el universo tiene un propósito, pero no tenemos la menor idea cuál podría ser”.

Cabe notar que la respuesta del profesor Tyson a su propia pregunta, parte de la base que el ser humano no tiene ninguna importancia en el contexto cósmico, pero esa es una idea que uno no tiene por qué compartir. En efecto, si sabemos que cada uno de nosotros existirá eternamente, que cada decisión nuestra se tomará en cuenta para nuestro destino final, y por lo tanto que cada alma humana durará muchísimo más que todo el universo material, ya no parece tan desproporcionado que el universo se haya tomado unos pocos miles de millones de años en poner las condiciones para nuestra vida.

Muchos creen que esta dicotomía entre la pequeñez del ser humano y la trascendencia que le asigna el cristianismo es un problema que solo surge una vez que la ciencia nos informó acerca de nuestra posición en el universo. No es así, pues tal como decía Chesterton:

Es bastante inútil aducir que el hombre es pequeño en comparación al cosmos; pues el hombre siempre fue pequeño, en comparación al árbol más cercano.

Hablando de propósitos, la Iglesia enseña que el hombre fue creado para servir y amar a Dios (Catecismo 358), y Neil deGrasse menciona esta posibilidad, pero dice que bajo ese razonamiento, las bacterias de nuestro intestino nos dirían que nuestra función es proporcionarles materia fecal para vivir.

Creo que, seamos creyentes o no, podemos estar de acuerdo en que este es un “golpe bajo”. Desde luego, nadie sabe qué tipo de razonamientos podrían desarrollar las bacterias y las referencias a la materia fecal no ayudan a saber qué tipo de argumento se puede estar dando. Por otro lado, el servir a Dios no es algo exclusivo de los humanos, pues toda la creación sirve a Dios, y más aún, el hombre sirve a Dios a través de servir a los demás e incluso a la creación, por ejemplo, al cuidar el medio ambiente.

Así que nada de lo dicho aquí invalida la respuesta tradicional cristiana acerca del propósito del ser humano.

Concluye el video afirmando que los eventos en el universo se presentan como caóticos y aleatorios, y por eso es extremadamente difícil afirmar que tiene un propósito. El problema es que estas mismas palabras pueden tener diferentes sentidos y no es fácil saber qué pretende afirmar el profesor Tyson.

De partida, si los eventos en el universo fueran realmente caóticos, no solo toda la ciencia y el más básico razonamiento sería imposible, también lo sería la vida misma, que se basa en las regularidades de los procesos químicos. Tal vez quiere decir que el universo no parece especialmente hospitalario para el hombre, pero esa misma observación sirve para concluir que la propia improbabilidad del surgimiento de la vida humana es prueba de que ese es el propósito del universo.

En fin, nuevamente se demuestra que, por mucho que alguien sepa de ciencia dura, ese conocimiento no necesariamente se traslada a la filosofía más básica. Por eso físicos y biólogos deberían dejar el ateísmo a los filósofos ateos.

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Categorías:Escépticos
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