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5 detalles del relato de la caída que tal vez no habías notado

AdanyevaAl inicio de esta cuaresma, leímos uno de los pasajes más conocidos de la Biblia, el relato del Pecado Original y la Caída; y  tal como es de esperar de las Sagradas Escrituras, aunque hayamos leído un pasaje muchas veces, nunca terminamos de encontrar nuevos sentidos y detalles que no habíamos detectado antes. Por ejemplo:

#5. La serpiente no era una culebra de jardín

Muchos años de arte popular cristiano nos han acostumbrado a imaginar la tentación de Adán y Eva de una forma bastante común: un hombre y una mujer desnudos, junto a un árbol, mirando a un fruto rojo, y a una serpiente de aspecto inofensivo enroscada en el tronco y las ramas del árbol.

Pero si leemos lo que otros pasajes de la Escritura nos dicen acerca de la serpiente que habló a nuestros primeros padres en el jardín, parece que la imagen que deberíamos tener de la escena debería ser diferente. Así, el libro del Apocalipsis nos entrega una descripción mucho más detallada y temible de esa criatura:

Un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema, su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo (Ap 12,3-4)

Sobre la identidad de este Dragón, el propio Apocalipsis nos aclara más abajo “9 Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero“. Con esto en mente, al revisar la breve conversación de Eva con esta criatura, tal vez la tentación tuvo tanto de engaño como de amedrentamiento.

#4. Adán estaba junto a Eva mientras ella hablaba con la serpiente

El relato de la Caída comienza abruptamente, como dejándonos caer en medio de una conversación, con las palabras de la serpiente “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?”. Al observar esto,  naturalmente cabe preguntarse ¿Cómo supo la serpiente lo que Dios dijo a Adán?

Según el Capítulo 2 del Génesis, Adán recibe el mandamiento de Dios antes de crear a los animales del campo (y la serpiente es uno de ellos) y antes de presentarle a Eva, por lo que Adán es el único que puede haber dicho a la serpiente qué Dios les había prohibido comer de un árbol. Desde luego, el Tentador tuerce el sentido de la prohibición, presentando a Dios como alguien celoso y avaro, que deja al hombre para cuidar y proteger el jardín, pero sin permitirle gozar del producto de su trabajo, pero eso no quita que de alguna forma supo cuál era el trato original entre Dios y el hombre.

También es popular la idea de que la serpiente engaña a la mujer y luego ella seduce a su marido para que también coma. Esta secuencia satisface ciertos arquetipos acerca de la mujer como seductora del hombre, pero no es lo que dice el Génesis. Al contrario, después que Eva come del fruto el relato continúa, directamente y sin cambiar de escena, con esto:

luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió

¡Adán está con ella! Ahí, junto a Eva, presenciando todo este intercambio, y observando todo lo que ocurría en silencio cómplice. Si antes teníamos la sensación de llegar en medio de una conversación, ahora nos damos cuenta que estábamos observando una escena incompleta.

Con estos datos, un blogger con ínfulas literarias podría intentar completar esta escena parcial, de la siguiente forma: El Hombre tenía el deber de cuidar el jardín (Gn 2,15) y la serpiente es el peligro del cual debía protegerlo. Cuando ese peligro se presentó, Adán eligió enfrentarlo, acompañado de Eva –lo que es imprudente, porque es él y no ella, el encargado de proteger el jardín–, y luego entra en diálogo con la serpiente, informando al enemigo las reglas que Dios les ha dado. Con esta información la serpiente engaña o amedrenta a a mujer, pero Adán no fue seducido, sino que consintió él mismo en el engaño, por estar presente.

#3. La tentación es menos de lo que parece a primera vista

¿En qué consistió la tentación? La respuesta está claramente expresada en el Génesis:

4 La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. 5 Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal».
6 Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió

“Serán como dioses” dice la serpiente, y para nosotros, que estamos sujetos a la muerte puede parecernos una oferta muy tentadora, pero ¿Qué podría haber significado esa oferta para Adán y Eva? Después de todo, ellos ya eran inmortales y habían sido creados a imagen y semejanza del único Dios verdadero, es decir, eran como Dios mismo.

También se nos dice que la mujer se dio cuenta que el fruto que le mostraban era apetitoso y agradable, lo que parece indicar que este fruto era especialmente atractivo, pero apenas un poco antes, el autor del Génesis nos ha dicho que todos los árboles del jardín “eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer” (Gn 2,9). ¿Qué sentido tiene tratar de tentar a una persona con algo que ya tiene?

Lo único que queda entonces, el núcleo de la tentación, parece ser que el árbol era “deseable para adquirir discernimiento”. De esto concluimos que la tentación de la serpiente, aquello que hizo caer a Adán y Eva, no fue ninguna apelación a los sentidos o algún bien terrenal, sino el deseo de determinar por sí mismos el bien y el mal.

#2. ¿No es ridículo perder todo por una manzana?

Una de las cosas que más nos cuesta comprender en el relato de la caída, es la evidente (para nosotros) desproporción del castigo en relación a la transgresión. Sí, Adán y Eva desobedecieron, pero el mandato impuesto parece arbitrario, y no parece que hayan hecho mal a nadie, como si hubieran cometido un homicidio o algo peor, que justificara el privar de los bienes de la inmortalidad y del paraíso terrenal, no solo ellos sino también a toda su descendencia.

Tampoco tengo una respuesta definitiva para esto, pero pienso si acaso la forma como se nos presenta el relato, el que todo ese bien y alegría dependa de algo tan pequeño como comer o no del fruto de un árbol, tal vez sea una advertencia acerca de la realidad de cada uno de nuestros pecados, y el modo como los veremos desde el cielo. Me refiero a que cada vez que nuestra libertad se enfrenta a la posibilidad de pecar, nos llenamos de razones para justificar la mala decisión que ya hemos tomado, de manera que todas nuestras pequeñas y grandes faltas nos parecen inevitables y justificadas.

El relato de la caída, al presentarnos el pecado original como algo esencialmente estúpido y desproporcionado, nos está diciendo que con cada pecado que aceptamos cometer, estamos perdiendo un bien tan grande como la inmortalidad, y todos los goces que tendríamos, de obedecer la ley de Dios. Visto desde el cielo, cada pecado es una enorme estupidez.

#1. Una historia de dos tentaciones

En la liturgia de esta cuaresma, leemos sobre el Pecado Original, y seguidamente el relato de la tentación de NSJC en el desierto, que nos cuentan los evangelios, siendo claro que la Iglesia quiere que los consideremos como parte de una misma historia, porque considerados así, se iluminan mutuamente.

Los protagonistas del relato del Pecado Original son la humanidad, la serpiente y Dios. Durante el resto de la historia que se desarrolla en la Biblia, se nos describe una relación larga y tormentosa, pero donde Satanás, el otro protagonista de la Caída, permanece en notorio silencio… hasta la tentación de NSJC.

El relato, según San Mateo, comienza así:

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.

Lo primero que nos llama la atención es que sea el Espíritu quien conduce a NSJC para ser tentado, lo que apunta que es Dios quien está a cargo de esta prueba. En el paralelo que intentamos establecer entre Jesús y Adán, este detalle debe llevarnos a pensar que en la primera tentación de Adán, no es que la serpiente aprovechara una distracción de Dios para atacar a su hijo, sino que también fue hecha bajo la conducción del Espíritu Santo.

También es llamativo que Jesús fue al desierto para ser tentado, que es un lugar precisamente opuesto al jardín donde ocurrió la primera tentación. Tal vez Adán también fue invitado por el Espíritu al desierto, y si hubiera obedecido, el resultado habría sido diferente. También, vemos que Adán está con Eva en el jardín, mientras Jesús está solo en el desierto ¿Dónde está María, la nueva Eva? No lo sabemos, pero sí es llamativo que la mujer del capítulo 12 del Apocalipsis, que es la madre del “hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro”, también huye al desierto “donde Dios le había preparado un refugio” (Ap 12,6).

El relato de la tentación continúa:

2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. 3 Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».

Luego de tantos años,  volvemos a escuchar la voz de la serpiente, que intenta repetir el triunfo que le otorgó dominio sobre la humanidad. Y la primera tentación guarda una inquietante similitud con el pecado original: se trata de comer aquello que, siendo bueno, hemos decidido postergar por Dios.

En la segunda tentación, el demonio dice:

6 diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”».

Aquí reconocemos a la serpiente del jardín, por su acabado conocimiento acerca de la ley de Dios, que intenta usar en contra de Jesús, tal como usó el único mandato de Dios a Adán, para engañarlo. Pero esta vez la respuesta de Jesús es clara y definitiva, rechazando la tentación.

Estos son algunos paralelos que yo veo entre ambas tentaciones, ¿pueden notar otros?

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