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300 entradas

blogEl software administrador de contenidos de InfoCatólica nos indica que esta es la entrada 300 en este blog, así que me pareció un buen momento para recapitular lo que ha sido este viaje que partió por junio de 2010 y ya se prolonga por casi cuatro años.

Primero, agradecer a Luis Fernando y el equipo editorial de InfoCatólica, por haberme invitado a participar de este proyecto. Sin tener ninguna referencia mía, aparte del blog que mantenía, confiaron en este chileno para publicar en su sitio, sin ninguna condición ni censura. Básicamente me dijeron “sigue haciendo lo mismo”, y gracias a ellos pude acceder a la enorme cantidad de lectores de InfoCatólica.

¿Se han fijado en la calidad de los bloggers de InfoCatólica? Sacerdotes con libros de teología y vasta sabiduría pastoral, autores de ficción y ensayos, vaticanistas de renombre mundial, catequistas y profesores de religión, especialistas en liturgia, y todo eso sin mencionar los artículos de la sección Opinión. Se los puedo decir con franqueza, porque también se lo he comentado a Luis Fernando: en este ámbito me siento en clara desventaja.

Segundo, agradecer a los lectores. Los blog fueron la primera oleada de la web 2.0, aquella de contenidos generados dinámicamente, por los propios usuarios y a cada momento, en oposición a las páginas estáticas de la primera web, tendencia que no ha hecho más que profundizarse con servicios como facebook primero, luego twitter y similares. En este contexto, un autor no puede menos que agradecer que los visitantes a su sitio se den el tiempo para detenerse un momento, y leer un artículo de más de 800 palabras, no siempre escrito en el español más claro y a veces con errores de tipeo, y acerca de temas polémicos.

Cada vez que alguien hace clic en el enlace “leer más” o en esa terrible advertencia que aparece en facebook, lo siento como un verdadero voto de confianza, en que lo que les puedo decir será al menos interesante. Y por eso les agradezco.

Tercero, un doble agradecimiento para los comentaristas. Si ya es extraordinario darse el tiempo para de entender los balbuceos incoherentes que publica este sujeto, es doblemente valioso, el que algunos hayan dedicado unos momentos a consignar por escrito las reacciones que te produjo el texto. Entre todos, escépticos y creyentes, hemos construido una pequeña comunidad que es digna de destacarse por el respeto y la calidad del diálogo.

Cuarto, una disculpa para los agraviados. Hay artículos del blog que nacen en media hora de escribir furiosamente, otros descansan por semanas esperando una forma definitiva que permita subirlos. Unos y otros tienen altas probabilidades de ofender a algunas personas. Está bien, uno no es moneda de oro para agradarle a todo el mundo, y ciertamente que la perspectiva católica de las cosas no es popular.

No tengo problemas en admitir que un tercio de las cosas que escribo aquí, no se las diría jamás cara a cara a otra persona. Pero esa es la naturaleza de este blog: probar ideas, cómo suenan, qué reacciones provocan en los lectores, qué es lo esencial en un argumento y qué produce más calor que luz.

También hay que tener un poco de perspectiva. Tal vez he escrito cosas ofensivas para algunos, pero la verdad es que no tengo tantos lectores como para provocar mucho daño. En promedio llegan por acá 200 visitantes diarios, y de esos, el 70% salen en menos de 10 segundos, es decir, apenas 60 personas al día se detienen a leer este blog.

Con todo, hay cosas que pude haber dicho de forma más caritativa, con más cuidado hacia las personas que resultaron ofendidas, y por eso me disculpo. Por otro lado, tampoco soy muy amigo de bajar artículos o de reformarlos sustancialmente (agradezco, eso sí, todas las correcciones de errores de tipeo). Si en ellos he cometido un pecado que me avergüence, algo de valor tiene el mantenerlos visibles, para no olvidarlos y evitar así volver a caer en lo mismo.

Finalmente, cabe reiterar la advertencia que pone en la columna del lado:

Todas las opiniones vertidas en este espacio se someten al juicio definitivo de la Iglesia, y nada de lo aquí expresado se interpreta contra el magisterio ordinario o extraordinario del Papa y los obispos en comunión con él.

Dado el estado caído de la naturaleza humana, es muy fácil pensar que todas esa confianza y cariño de los lectores y comentaristas se enfocan en uno, y en sus ideas o características. Pero es un grave error, y para evitar esa tentación es que continuamente debo recordarme que mi objetivo debe ser prestar un servicio a la Iglesia Católica, porque es ella la depositaria y guardiana del mensaje cristiano, y su mejor intérprete a través del Papa y los obispos, y no yo.

Por eso, si una opinión vertida por mí se podría entender en contra de magisterio, es que está mal interpretada, mal expresada o de suyo retractada. Además, como parte de mi compromiso con la Iglesia jerárquica, he prometido que, si algún presbítero estima que lo publicado en este espacio perjudica la difusión del mensaje cristiano de cualquier forma, me someteré a sus instrucciones sin cuestionar motivos, circunstancias ni oportunidad.

Bueno, esas eran algunas reflexiones que quería compartir con ustedes. Feliz blogversario y no olviden que…

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