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“El varón es la cabeza de la mujer” Locura para el mundo

Primero que nada, corresponde dar las gracias a Sergei, por habernos comentado acerca de dos archivos de audio que se encuentran disponibles en Internet, de San Alberto Hurtado.

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Son un par de sermones que el Padre Hurtado predicó en ciertos matrimonios que le correspondió oficiar, y que duran unos 20 minutos cada uno. La calidad de la grabación no es muy buena (consideren que el santo falleció en 1952), pero el contenido es impresionante. Me gustó mucho la fuerza y convicción con que advierte a los novios sobre su rol como esposos cristianos, especialmente incluyendo el bien de los hijos y el papel que a cada uno compete en el hogar. Precisamente eso era de lo que veníamos conversando, en relación a lo que San Pablo escribe sobre las mujeres.

En segundo lugar, pedir disculpas por haber dado la impresión de que era posible compatibilizar la enseñanza cristiana con lo que nuestra cultura entiende por matrimonio. Intenté acercarme al tema como si fuera parte de un concepto en continuidad, algo que pudiéramos conversar y convencer, pero al escuchar a San Alberto Hurtado, me di cuenta que no era así. Al contrario, parece que uno estuviera recibiendo mensajes, ni siquiera de otra civilización, sino de otra dimensión, y eso que son apenas 60 años los que nos separan.

Dicho de otro modo, al comparar la enseñanza de estos sermones con los mensajes que recibimos a diario de la cultura, resulta evidente que no es un tema de argumentos más o menos convincentes, sino que el mundo moderno ha perdido el vocabulario, las categorías mismas que podrían hacer comprensible el matrimonio cristiano. Con razón una de las comentaristas nos decía “Desde una posición independiente, en este ‘putsch’ pienso que ganan los ateos”, porque precisamente estábamos usando las palabras y las categorías de la cultura actual

Esto no es nuevo, desde luego. Ya San Pablo advertía que predicar a Cristo crucificado era “escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1Cor 1,23), porque la antigüedad, con sus dioses despóticos y hermosos, no podía entender que aquel que había sido ajusticiado como criminal por el Estado, fuera al mismo tiempo Dios y causa de nuestra salvación. Dos mil años después, nos hemos acostumbrado a la imagen del crucificado, pero todavía nos escandaliza Su mensaje.

Por ejemplo, consideremos la frase “La felicidad está más en dar que en recibir”, que todos reconoceríamos como una máxima altruista y parte de una vida moralmente elevada, adecuada para todas las personas. Pero ¿dónde ponemos realmente nuestro interés? ¿en dar o en recibir? Concretamente pensemos en cuántas veces al día pagamos por recibir algo, y si alguno de nosotros estaría dispuesto a dar su dinero a cambio de la oportunidad de dar. En el fondo, nuestras acciones denuncias nuestras palabras, porque decimos “sí, hay mayor alegría en dar que en recibir”, pero luego buscamos la felicidad en las cosas que recibimos y estamos dispuestos a pagar por eso. Ni siquiera imaginamos que alguien podría gastar su dinero a cambio de la oportunidad de servir a otro.

En tercer término, anotar que la enseñanza de San Pablo sobre el matrimonio, se basa en una idea que es tanto o más extraña para el mundo, que esto de que “La felicidad está más en dar que en recibir”. Porque si eso es cierto, cuando San Pablo propone a las esposas cristianas que se sometan a sus maridos –es decir, que se den ellas mismas, para ser fuente de alegría y consuelo para el esposo–, en realidad les está augurando y dando la receta para alcanzar la felicidad, una libertad más grande y duradera de que a la que podrían aspirar de otro modo.

Escandaloso, lo sé.

Absurdo que alguien pueda encontrar la felicidad en el servicio, cuando es evidente para todos que la plenitud y realización de todos, hombres y mujeres, es consecuencia de la libertad y el poder del que puedan disponer. No sólo escandaloso y absurdo, sino peligroso, cuando recordamos la triste estadística de tantas mujeres que son golpeadas, violentadas y sometidas a una vida de sufrimiento por sus maridos. Tal vez para alguna monja o santa por ahí, pero ¿para la vecina o para mis hijas? Nada más ridículo.

Ef 5,23: “El varón es la cabeza de la mujer” Locura para el mundo, y escándalo para los judíos.

¿Qué podemos responder los cristianos? Desde luego, ninguna de esas tonterías que no hacen más que hacerle una finta al tema, que eso no lo escribió Pablo sino un cristiano anónimo, o que en ese punto podemos ignorar lo que dice la Biblia

Por ahora sólo se me ocurre repetir lo que dijo San Pablo cuando lo denunciaron por predicar a Cristo crucificado:

1Cor 1,25 Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

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Categorías:Matrimonio
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