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Un par de diálogos entre la esfera y la cruz

Conversando acerca de la sobrepoblación y la oposición católica a los anticonceptivos, un visitante comenta:

Yo soy catolico pero no entiendo ese afan de controlar hasta el mas minimo detalle de nuestra vida privada que tiene la iglesia

Con estas palabras, seguramente refleja la opinión de muchas personas que se sienten cercanas a la Iglesia, pero discrepan de sus doctrinas más “polémicas”.

Partiendo de atrás para adelante, yo respondería preguntando ¿Es el uso de anticonceptivos “un detalle de nuestra vida privada”? Nuestra cultura quiere decirnos que sí, que los anticonceptivos han logrado convertir el sexo en un pasatiempo, y por lo tanto, tan importante como tu plato favorito o qué equipo de futbol te gusta.

Si eso fuera todo, no podríamos menos que estar de acuerdo: la Iglesia no debería tener una doctrina oficial en cosas que no son de gran importancia, como los deportes o las preferencias culinarias.

El problema nos surge cuando la Iglesia dice que el sexo sí es importante, y por eso a veces se la acusa de estar obsesionada con estos temas. Sin embargo, cualquiera puede darse cuenta que, desde un punto de vista biológico, el sexo está esencialmente unido a la transmisión de la vida humana, que es creada a imagen y semejanza de Dios. Por eso el sexo es y seguirá siendo importante para la Iglesia.

Por otro lado, dentro de las religiones, la católica no es ni con mucho una que se destaque por controlar los detalles de la vida de las personas. Así, por ejemplo el Islam dispone 5 instancias de oración al día, mientras que la Iglesia sólo exige el mínimo de ir a misa una vez a la semana; el judaísmo tiene una larga lista de alimentos prohibidos, mientras que los católicos no tienen ningún tipo de requisito en ese sentido; y para qué hablar de las costumbres estrictamente vegetarianas de los budistas y las vacas sagradas de los hindúes.

El problema entonces no es la Iglesia, ni un supuesto afán controlador, sino la opinión común que existe respecto al sexo en la cultura occidental. Y para resolver ese problema, basta con recordar que no es la Iglesia la que elevó las exigencias para sus seguidores en cuanto a la castidad, sino que fue NSJC:

Mt 5, 27Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Y

Mc 10, 11 Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; 12 y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».

Luego, si alguien le quiere enmendar la plana a NSJC, allá él, pero no cuente conmigo… ni con nadie que se diga católico.

*****

El diario La Tercera publica hoy una extensa entrevista a Max Valdés (en la foto), “el más internacional de nuestros directores de orquesta” y hermano de Gabriel Valdés, fallecido político DC, donde también aborda las opiniones de un “católico de familia católica”, acerca de la difícil posición de la Iglesia en el mundo.

Señala el reportaje:

“Yo me defino católico -dice él-, pero preocupado como todos los católicos de cómo va a parar todo esto”. Y con “todo esto” se refiere a una situación concreta: a la distancia que percibe entre la Iglesia y el mundo real.”El hecho, por ejemplo, de que la Corte Suprema de EE.UU. considere absolutamente legal y no ponga objeción a un matrimonio homosexual le presenta un problema indiscutible a la Iglesia. No digo que cambie su punto de vista, pero sí tendrá que considerar una cosa de este tipo, son cambios de una época.

Siempre se producen discrepancias entre la doctrina cristiana y la cultura, pero ¿Por qué debería ser siempre es la Iglesia la que se adapte?

Después de todo, y por propia admisión, la cultura moderna es relativista y no tiene ninguna pretensión de que sus opiniones sean de algún modo verdaderas o permanentes, por mayoritarias que sean, y tal como hoy la Corte Suprema ampara el matrimonio homosexual, mañana puede rechazarlo. Por otro lado, la Iglesia tiene una altísima opinión acerca de la certeza y plenitud de su doctrina, y en el caso del matrimonio, estuvo dispuesta a perder Inglaterra, con tal de no cambiar su práctica y permitir el divorcio del rey.

Son cambios de una época, dicen y puede ser, pero la Iglesia no cambia con la época –ese es el sentido de Cristo como la plenitud de la revelación–, y sobre todo no debería cambiar sólo porque la tecnología facilita cada vez más cometer ciertos pecados, que hasta antes de esa tecnología eran tenidos universalmente como tales. Sí, los tiempos cambian, pero esa es una oportunidad de llamar a los cristianos a tomarse en serio la religión que dicen profesar.

Pero no, en la mente de estos católicos, siempre es la Iglesia la que debe ajustarse a sus opciones de vida, nadie jamás debería ajustar sus decisiones a lo que NSJC espera de ellos.

Continúa Max Valdés:

O reflexionar sobre la situación de millones de católicos que han pasado por un divorcio, como yo mismo, y que han rehecho su vida junto a otra persona, pero a los que la Iglesia les prohíbe comulgar. Todo esto debe ser parte de una revisión para que los cristianos veamos que esta Iglesia a la que queremos no siga un camino de separación respecto de lo que sucede hoy día. Los jóvenes hoy no se casan y no pasa nada. Nacen niños fuera de los matrimonios y no pasa nada.

Ya antes, yo y otros hemos explicado que la prohibición de comulgar a los divorciados no es una mera cuestión de reflexionar más o menos, como si fuera algo que un próximo papa podría dispensar, sino que es la consecuencia lógica y necesaria de las enseñanzas de NSJC y de la naturaleza de la eucaristía. Así que por ese lado no hay mucho que hacer

Dicen que una reforma es indispensable, pues de otro modo había una gran y terrible separación entre la Iglesia y los fieles, pero no creo que se hayan detenido a pensar en que, de acuerdo a ese argumento, la Iglesia debería ajustar sus doctrinas según la cantidad de seguidores que podría llegar a perder o ganar ¡y eso es precisamente lo que critican! Una Iglesia demasiado centrada en cálculos terrenales

Por otro lado, si los jóvenes se casan y “no pasa nada” ¡puede que sea verdad! Pero también la gente miente y parece que no pasa nada, pero eso no implica que cada mentira no sea pecado. Lo que quiero decir es que el comportamiento de los cristianos no es parámetro para nadie ni argumento para nada, lección que debimos haber aprendido desde que todos los apóstoles abandonaron a NSJC en cuanto las autoridades llegaron a apresarlo.

*****

No tengo ninguna duda que las personas como Max Valdés o nuestro visitante buscan sinceramente el bien de la Iglesia, les gustaría sentirse plenamente en comunión con el Papa y los obispos, y desde su punto de vista, quisieran que la Iglesia estuviera más en sintonía con Cristo.

Sin embargo, estos planteamientos (que son los mismos que hiciera Lutero) fallan porque todas las fuentes del cristianismo apuntan a que no es posible separar a Cristo de su Iglesia, y que son precisamente el Papa y los obispos en unión con él, y no a cada cristiano particular, quienes cuentan con el auxilio divino para conducir esta empresa bimilenaria que es la Iglesia fundada por NSJC.

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