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El P. Berríos, sobre las bendiciones

Bastante se ha escrito sobre las declaraciones del P. Felipe Berríos, así como acerca de las reacciones que ha provocado. Por ejemplo el P. Carlos Hamel ha publicado en el sitio de la revista humanitas, un artículo bastante claro y exhaustivo al respecto.

Pero en esta entrada quiero centrarme en una de las opiniones expresadas por el sacerdote jesuita, que hace eco de una crítica común entre los anti católicos. Se ha informado que el P. Felipe Berríos, entre otras cosas, dijo:

(Yo) bendigo el anillo a una persona casada por segunda vez y al día siguiente tengo un llamado  del arzobispo de Roma, pero si se bendice una sucursal bancaria que está chupándole la sangre a los chilenos no decimos nada, eso le resta credibilidad y jerarquía a la Iglesia”.

Suelen causar cierto revuelo las bendiciones de objetos que representan actividades con las que algunos no está de acuerdo. Que por qué los curas bendicen las armas de un regimiento, si están hechas para matar gente, que si una sucursal bancaria, que si el hospital que inaugura tal o cual dictador. Al escuchar este tipo de críticas, parece que nadie pudiera ir más allá de la idea que una bendición es una especie de sello de aprobación eclesiástico o un conjuro de protección contra el mal, de modo que todo lo que se haga en o alrededor de esa cosa o lugar esté ocurriendo con la venia de Dios.

Está bien, todos podemos tener esa errónea idea… hasta los 13 años, pero llegado ese punto, bastan dos dedos de frente para darse cuenta que Dios no ha otorgado poderes mágicos a nadie, y sólo se necesita preguntar para saber qué significa realmente. En efecto, una bendición no suele ser más que una petición a Dios de protección y favor para todas las cosas y personas que se encuentran en cierta situación, pero de ningún modo impide que alguien use esos objetos para fines inmorales.

Así, se bendicen armas para que sean usadas en la defensa de la nación y en guerras justas, sin importar que luego los políticos quieran usarlas contra el pueblo; se bendicen hospitales, para la protección y favor de los que trabajan ahí, aunque luego se cometan abortos; se bendicen hogares, para que los esposos y sus hijos sean felices, pero eso no impide que luego se sufra violencia doméstica en el hogar. Insisto, no se trata de magia-

En los ejemplos que pone el P. Berríos, se bendice una sucursal bancaria, porque ahí trabajarán decenas o cientos de empleados del Banco, que dependen de ese sueldo para mantener a sus familias. Que luego la casa matriz de esa corporación bancaria decida cometer usura, pecado horrible y que existe actualmente, nada tiene que ver con lo que hizo el curita al bendecir ese lugar, porque no se está poniendo un sello de moralidad en un sistema.

En cambio, cuando hablamos de bendecir un anillo de una persona casada por segunda vez, la situación es totalmente diferente, porque ese objeto representa a una relación que moralmente no tiene derecho a existir, y que nunca puede tener un ejercicio lícito. En efecto, cuando hoy hablamos de “una persona casada por segunda vez” parece que fuera algo común, sin importancia, pero conviene recordar el verdadero nombre de esa situación: adulterio (como lo llamó NSJC) o poligamia.

Se podría sostener que la situación de la sucursal bancaria es análoga a la de los anillos, porque la sucursal bancaria en cierta forma representa al sistema financiero, y la Iglesia aparecería respaldando los pecados de todos los que operan en él. Sin embargo, dichos vicios, a pesar de estar muy extendidos, no son intrínsecos al sistema, y una actividad bancaria bien llevada puede realizar una labor necesaria y loable en la sociedad, incluso un servicio que traerá bienestar a toda una comunidad, por ejemplo cuando es la primera oficina de ese tipo en una localidad. Caso diferente sería si se bendijeran específicamente las tablas de intereses que cobran los bancos, que es donde se producen los abusos.

En último término, si fuera cierto que la sucursal está tan unida a los abusos del sistema financiero que no se le pudiera dar una bendición, la opción ética sería negarse a ambas bendiciones, tanto de los anillos y como de la sucursal.

Pero eso no es lo que propone el P. Berríos, quien más bien parece entender que no se deberían bendecir las sucursales bancarias, al tiempo que nadie debería reprochar al sacerdote que bendice los anillos de una pareja adúltera. Esta dicotomía parece reflejar la idea de que lo importante, lo que afecta a la gente es el dinero, con eso se abusa y se daña al débil; mientras que el matrimonio no es especialmente relevante, no hay víctimas envueltas en romper los votos hechos ante Dios y una persona que se casa por segunda vez, no hace nada que deba llamarnos la atención. El cristianismo, en cambio, pone un gran énfasis en el matrimonio, en su indisolubilidad y estabilidad, como símbolo de la unión de Cristo y su Iglesia.

Por pensar que el dinero es importante y el matrimonio no, es que vivimos en una sociedad violenta, individualista y materialista, y hace bien la Iglesia en luchar contra esa mentalidad, dando manga ancha a los que bendicen bancos, pero no a los que intentan lo mismo respecto de relaciones adúlteras. Ojalá sus sacerdotes lo entendieran así.

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Categorías:Iglesia
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