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¿Qué hay en dos mil años?

En una entrada anterior, un visitante comentaba:

Es una falacia sostener que la iglesia católica sea la institución católica sea la más longeva de la humanidad, el judaísmo tiene más de 2700 años y la civilazion egipcia tiene más de 3700, es más la democracia nació V siglos antes de la nueva era.

Primero, debemos aclara la cuestión acerca de la cuenta de los años. A pesar de que la era cristiana ya lleva 2013 años, la Iglesia no nació en el 1 Antes de Cristo, sino en el 33, 50 días después de la muerte y resurrección de NSJC (evento cuya fecha, por cierto, conocemos con bastante precisión), para pentecostés, cuando los apóstoles reunidos en el cenáculo recibieron el Espíritu Santo, y con Él la fuerza para iniciar su misión. Así, hoy la Iglesia puede exhibir 1980 años de existencia, lo que todavía es bastante ¿no?

Luego, la pregunta es si podemos calificar de extraordinario o fuera de lo común que una institución dure tantos años, o es algo que sucede todos los días. Para dilucidar ese punto debemos investigar si existen otras cosas que puedan compararse a la Iglesia, y en qué sentido. Nuestro visitante menciona “la democracia”, pero no parece muy justo poner una idea política en el mismo plano que una organización. Si así fuera, bastaría con decir que la familia, la propiedad o el matrimonio son “instituciones” y que ciertamente existían antes que la Iglesia.

Las referencias al judaísmo y a la civilización egipcia parecen ser más comparables con la situación de la Iglesia en la historia. El problema con el judaísmo es que, si bien podemos remontar su existencia al menos hasta los eventos relatados en el Éxodo, la religión fundada por Moisés básicamente dejó de existir en el año 70 de nuestra era, cuando fue destruido el Templo de Jerusalén por las fuerzas del Imperio Romano, y fue imposible seguir realizando los sacrificios y fiestas que únicamente podían llevarse a cabo en ese lugar. El judaísmo que conocemos actualmente podría ser caracterizado como una “solución de emergencia” a la que llegaron los rabinos del S.I DC, en remplazo de los rituales prescritos en la ley de Moisés y ante la desaparición de la antigua casta sacerdotal. Incluso si se admitiera que ambas tradiciones están en cercana continuidad, como si fueran una misma cosa, el catolicismo también podría reclamar esa antigüedad y sumar 1.200 años a su historia, tan profundas y evidentes son sus raíces hebreas.

La cultura egipcia nos presenta un caso bastante interesante, porque sus raíces efectivamente se hunden en la prehistoria, y parece haber una continuidad cultural y política al menos hasta la conquista por Alejandro Magno en el S. IV AC, lo que resulta en un periodo superior a los 2500 años. Pero esa apariencia de continuidad desaparece cuando entramos a conocer detalladamente su historia, y vemos que ese tiempo estuvo dividido en más de treinta dinastías, y numerosos periodos intermedios de guerra civil o invasiones extranjeras, que más bien parecen hablar de mucha inestabilidad y cambios permanentes, de tipo cultural y religioso. En el fondo, parece que lo más estable de la cultura egipcia es su trasfondo geográfico y las crecidas del Nilo, porque todo lo demás cambió a lo largo de miles de años.

En marcado contraste, la Iglesia se puede mostrar una extraordinaria estabilidad, no sólo política sin especialmente doctrinal, y es a eso a lo que apunta la nota de los dos mil años de historia de la Iglesia. No se trata de permanecer por permanecer, sino de haberlo hecho sin haber cambiado sus enseñanzas fundamentales. Cada cierto tiempo, algún listillo encuentra algún documento más o menos oscuro, y proclama que la Iglesia ha modificado su enseñanza sobre el aborto o el destino de los bebés fallecidos sin haber sido bautizados, pero un breve examen muestras a las claras que los principios siempre han sido los mismos. Y para una Iglesia como esta que emite todo tipo de documentos oficiales cada año, durante dos mil años, esa es toda una gracia.

Pero este dato ¿tiene valor apologético, es decir, para demostrar la verdad de la fe?

Sí, y sobre todo en nuestro tiempo.

Por ejemplo, hasta 1930, las principales corrientes del cristianismo eran unánimes en condenar la anticoncepción como una conducta completamente incompatible con el matrimonio cristiano. Ese año, la conferencia de Lambeth, de la comunión anglicana, admitió su uso de forma excepcional sólo a los casados, y 60 años después la Iglesia Católica es la única que mantiene la posición cristiana tradicional, a pesar de ser universalmente vilipendiada por ello.

La necesidad de afrontar el cambio es una realidad en todas las empresas humanas, y las religiones lo asumen de forma diferente. En el mormonismo, sin ir más lejos, es doctrina oficial que la revelación es progresiva, y que los líderes de la organización reciben mensajes permanentes de Dios, lo que los faculta incluso para contradecir lo que habían enseñado antes, y así justifican la abolición de la poligamia, por ejemplo. Los musulmanes y protestantes, por otro lado, no cuentan con un órgano central que pueda entregar una interpretación definitiva de las fuentes de su religión, y por lo tanto permanecen abiertas a un constante escrutinio y adaptación.

La enseñanza de la Iglesia Católica en este ámbito, incluso considerada en abstracto, es sorprendente por su rigidez: la revelación alcanzó su forma definitiva y se cerró con la predicación de los doce apóstoles; y la Iglesia la interpreta de una forma definitiva y sin contradecirse. Más extraordinario aún es que esa afirmación pueda sostenerse luego de dos milenos, porque cada año que pasa, cada documento que se emite y cada tendencia filosófica que se pone de moda y luego desaparece, aumenta las oportunidades de que la Iglesia se contradiga, pero eso no ha ocurrido.

Hablar es fácil. Cualquiera puede decir algo y establecer que sus seguidores no podrán cambiarlo, pero otra cosa es lo que ocurra en la realidad. Es evidente que la consistencia doctrinal que exhibe la Iglesia es un evento único en la historia de la humanidad, y lo será cada vez más, pues los tiempos apuntan a que todo cambie cada vez más rápido.

Para los que consideren la estabilidad como una característica fundamental de la religión verdadera, bastará revisar la historia para ver que el catolicismo no es obra de los hombres, sino que sólo podría mantenerse así por gracia de Dios.

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Categorías:Historia
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