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Almah, parthenos y virgen (Parte II)

Veíamos ayer que el tema de las profecías no era tan sencillo como ir por la calle con un calendario en la mano, y marcando cada hecho vaticinado por un libro del Antiguo Testamento. Al contrario, cuando nos adentramos en los textos lo más común es encontrarnos con muchas ambigüedades, que dejaba un amplio margen a la interpretación.

Es indudable que en la Palestina del S. I de nuestra era existían una serie de expectativas respecto del Mesías, basadas en las profecías más claras y reiteradas del Antiguo Testamento, como que sería un descendiente de David, que reuniría a las tribus israelitas dispersas entre las naciones paganas, que liberaría a los hebreos de dominaciones extranjeras y que sería el Rey de los Judíos. Todos estos anuncios se cumplieron en NSJC, aunque cada uno con cierto matiz inesperado, según lo que esperaban la mayoría de los judíos.

Por otro lado, hay varias características de la misión mesiánica de NSJC, que hoy entendemos como esenciales, pero que en realidad nadie se las esperaba. Por ejemplo, no había ninguna profecía que apuntara claramente a que el Mesías sería Dios mismo (¿poderoso? Seguramente ¿Santo? Sin dudas, pero ¿Dios mismo? De ningún modo), que resucitaría, que aboliera el sábado o las leyes sobre alimentos de Moisés, o que no tuviera por padre a un ser humano.

Ahora bien, el hecho de que nadie lo esperara, no significa que no haya sido profetizado. Como les comentaba, el Antiguo Testamento está plagado de pasajes enigmáticos, cuyo significado sólo se hace evidente a la luz de hechos posteriores. Lo que propongo es que a esta categoría de eventos anunciados pero inesperados, es que pertenece el texto de Isaías:

14 Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel.

En la polémica, en la discusión apologética, ciertamente que existe la posibilidad de plantarse diciendo “almah es mujer joven, no virgen, que se dice betulah, Isaías puso almah y no betulah, y no hay nada más que agregar”, y encerrarse ahí podría ser una táctica ganadora. Sin embargo, en un examen sincero, limitarse a este enfoque tiene el grave defecto de que no explicacómo San Mateo pudo haber cometido un error tan básico y fácil de descartar. Después de todo, no olvidamos que él mismo era judío, escribió probablemente en arameo y que sus lectores inmediatos eran muy probablemente una comunidad de judíos recientemente conversos, perfectamente capaces de detectar un abuso de sus Escrituras.

En cambio, podemos intentar profundizar un poco más y examinar si este pasaje del profeta razonablemente podría haberse entendido como una profecía cuyo cumplimiento estuviera pendiente en tiempos de Jesús.

En primer lugar, veamos el contexto. Ajaz era el rey de Jerusalén y sucesor de David (de hecho es mencionado en la genealogía de Jesús, en Mateo 1,9) y se encuentra con que un ejército se apresta a invadir su ciudad capital, pero Dios anuncia que no la conquistarán, y en prueba de esta confianza, es que ofrece al rey que le pida un milagro, con estas palabras:

10 Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: 11 «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas».
12 Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor».
13 Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? 14 Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel. 

¡Vaya! Si uno no fuera un cristiano piadoso podría decir “¡Por favor, Señor Dios Todopoderoso y Eterno! Con todo respeto, pero ¿no se merecía un Ajaz un trato mejor? Después de todo, él no quiso tentar al Señor –lo que, según Deut 6,16, es una gran ofensa ¿y lo reprendes por eso? Y ya que estamos ¿Qué clase de signo es que la joven esté embarazada y dé a luz un hijo llamado Emanuel? No parece algo muy significativo o milagroso ¿no?”. Uno podría decir eso, pero no lo haremos, porque es la Palabra de Dios. En todo caso, admitamos que la reacción de Dios a la respuesta de Ajaz es al menos enigmática.

Luego tenemos la pregunta acerca de cómo se cumplió esta profecía. Los detractores de San Mateo interpretan que la joven mencionada en el texto es Abiyah, esposa del rey Ajaz, quien estaría embarazada a la época de pronunciarse esta profecía (de ahí el uso del verbo “está embarazada” en tiempo presente), y que el hijo anunciado es Ezequías, quien sucedió a su padre como rey de Judá. Así el signo profético no tendría que ver con la joven y su preñez, sino con que los invasores serán derrotados antes que el niño alcance la edad del discernimiento y la mención a su nacimiento y su nombre no tiene mayor relevancia.

Pero si ese fuera el caso ¿a qué viene mencionar a la almah y su embarazo? ¿No sería más fácil decir “antes que tu hijo cumpla la edad, sucederá esto y lo otro”? Pero según la forma como fluye el párrafo no parece que este embarazo fuera algo común, pues comienza diciendo “signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo”.

Además, si se quiere defender un cumplió directo y completo del signo, está el problema de que Ezequías no se llama Emmanuel. Se podrá replicar que Jesús tampoco recibió ese nombre y que Ezequías podría reclamar el apelativo de “Dios con nosotros” por la forma en que Dios interviene a favor de Israel durante su reinado, pero no parece que él en particular tenga un mejor derecho a ser llamado por ese nombre, o que en este sentido sea superior a todos los reyes anteriores y posteriores de la dinastía de David, como para que la profecía de que será llamado Emmanuel sea un “signo”. Por el contrario, a Jesús se le aplica ese nombre de una forma que no puede ser superada por nadie, ya que Él es Dios mismo que habitó entre nosotros.

Las palabras del profeta, registradas en el capítulo 7 de su libro, no se terminan con el anuncio del nacimiento de un hijo, sino que continúan:

15 El se alimentará de leche cuajada y miel, cuando ya sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. 16 Porque antes de que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, quedará abandonada la tierra de esos dos reyes, ante los cuales estás aterrorizado. 17 El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días como no lo hubo iguales desde que Efraím se separó de Judá».

Y luego sigue así, anunciando desgracias que vendrán sobre el rey de Asiria, hasta el verso 24, con. Lo llamativo es que, a pesar de que la profecía contiene muchas otras menciones que se cumplieron, San Mateo sólo recoge estos dos elementos para aplicarlos a NSJC: que la joven está embarazada y que su hijo será llamado “Dios con nosotros”, precisamente aquellos que parecen no haberse cumplido.

Esto me lleva a concluir que efectivamente el texto de Isaías 7,10-17 había llamado la atención de algunos durante la antigüedad, cuyo cumplimiento en Ezequías no era del todo claro, aunque sin que por ello contuviera una referencia mesiánica.

Es en este punto resulta relevante considerar lo que aporta la Septuaginta. Esta es una versión en griego de las Escrituras hebreas, realizada durante el S. III AdC, y que recibe ese nombre por una leyenda según la cual el rey de Egipto Ptolomeo II encargó a 72 sabios la traducción al griego de la Torah, y todos ellos, al cabo de un tiempo trabajando independientemente, entregaron exactamente el mismo texto, sin variaciones.

Más allá de la leyenda, lo cierto es que la Septuaginta era una versión ampliamente difundida entre los judíos que habitaban fuera de Palestina, donde el griego era la lingua franca, y esta obra traduce almah, como parthenos (παρθένος), palabra en griego que no quiere decir otra cosa que “virgen”. Si almah sólo significa “la joven” y era opinión común que esa era la única interpretación posible ¿Cómo entender que ese concepto se traspasara al griego como “parthenos”?

La explicación más natural es que efectivamente existía una ambigüedad tanto en el sentido del término hebreo, como en la forma en que se había cumplido efectivamente la profecía, y que ante el hecho extraordinario de la concepción virginal, se hiciera evidente para San Mateo la conexión.

Atención: no proponemos que San Mateo sólo conociera el texto griego de las Sagradas Escrituras, y se basara exclusivamente en él para decir que el Mesías sería anunciado por su concepción virginal. Lo que el texto griego demuestra es que aún antes del S. I había entre los judíos cierto estupor ante esa parte de la Escritura, que la aplicación que hace el evangelista de ese texto a NSJC era una de las opciones posibles, y que si bien era una forma inesperada de cumplir la profecía, se hizo evidente en retrospectiva que esa interpretación era la correcta, cuando se cumplieron los hechos.

En resumen, es cierto que nadie esperaba que el Mesías tuviera una concepción virginal, pero ello no implica afirmar absolutamente que no existía una profecía al respecto. Dada la forma en que Dios optó por revelarse, es habitual que los anuncios proféticos tuvieran un cumplimiento parcial en el Antiguo Testamento y otro más pleno en el Mesías. En ese contexto, la profecía de Isaías 7,10 se refiere efectivamente a los eventos ocurridos en los tiempos de los reyes de la dinastía de David, pero al mismo tiempo y de una forma más plena se cumplen en el nacimiento de NSJC, como lo afirma San Mateo.

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Categorías:Religión
  1. 24/04/13 en 9:40 pm

    Sí, la profecía queda algo floja sin ese nombre. Pero además la profecía decía (CONEJITA que sabe hebreo lo puede corroborar): “Una mujer joven no virgen ESTÁ hoy embarazada, el niño será llamado Emmanuel. Cuando tenga uso de razón (a los 13 años según los judíos) tu reino será destruido.” Era una amenaza concreta del siglo VII. Los hechos ya habían ocurrido en el siglo VII o sea 600 años antes de Cristo. Los cristianos o habían mal traducido el texto hebreo o lo modificaron adrede para que significaran otra cosa muy diferente a lo que decía. Judíos en el foro podrán corregirme o no… Los cristianos me criticarán porque se basan en ese texto modificado.

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