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Las “razones” del matrimonio igualitario

Un lector nos deja sus “trece motivos por los que estoy a favor del matrimonio igualitario” y ya que se ha dado el trabajo de hacer un comentario tan largo, no podíamos menos que responder:

1) Porque las leyes deben responder a la realidad, y no someter a los sujetos al cumplimiento de “supuestos” ideales. Ideales que a su vez responden a un modelo único de sociedad, a una cultura que tiende a excluir al diferente.

Según esta premisa la ley debería admitir la violencia doméstica, porque esa conducta es extremadamente común y prohibirla responde a un “ideal” de una sociedad sin violencia. Es evidente que no es así.

Tampoco tendría mucho sentido que la ley se limitara a “reconocer” todo lo que hagan los ciudadanos. Por eso es que no hay leyes que, por ejemplo, regulen cómo celebrar los cumpleaños, a pesar de que es algo que todos hacemos.

Efectivamente el matrimonio natural plantea un ideal de relación y pone incentivos para cumplirlo. Lo importante es que no es un ideal arbitrario, sino que depende de las exigencias que impone la crianza de los hijos en común, y como afecta eso a la sociedad.

2) Porque entiendo que es profundamente discriminatorio impedir que dos personas se casen por su mera orientación sexual. Permitir que heterosexuales se casen y que homosexuales no, deviene per se en un acto discriminatorio, en donde ciertas personas (por un determinado atributo) tienen la posibilidad de casarse mientras que otras no

Seamos precisos, nadie impide casarse a los homosexuales a causa de su “orientación sexual”, tal como nadie exige que los casados estén enamorados. Incluso podrían hacerlo dos personas homosexuales (un varón con una lesbiana, por ejemplo), porque la llamada “orientación sexual” no es una categoría que la ley civil de matrimonio contemple. La ley no discrimina por orientación sexual.

La diferencia de sexo entre los contrayentes sí es un requisito, y es tan legítimo como los demás del matrimonio, como que los contrayentes sean solteros, o que no sean familiares.

3) Porque, si bien insisto con fines políticos en hablar de heterosexuales u homosexuales, considero que en la práctica dichas identidades no existen; la sexualidad es plural, polimórfica, profundamente compleja como para crear identidades en base a las preferencias sexuales de los sujetos.

Esa es tú opinión acerca de la sexualidad. La ley no debería usarse para imponer las opiniones sobre lo que es aceptable o no en la esfera privada, por muy mayoritaria que sea, si no hay una razón previa de bien común.

4) Porque la sexualidad no se limita a la reproducción, porque es erróneo concebir que el fin del matrimonio es la perpetuación de la especie; existen matrimonios entre personas infertiles, parejas que deciden no procrear e incluso matrimonio in extremis, lo que borra de un plumerazo cualquier equiparación matrimonio=reproducción, del mismo modo, todos sabemos que la especie se pudo , puede ,y seguirá pudiendo reproducirse, independientemente de la conformación del matrimonio. Por lo tanto, la tesis reproductivista es falsa.

Es cierto que la sexualidad no se limita a la reproducción, pero es el único aspecto de la sexualidad que es relevante para la comunidad, y eso justifica que el Estado regule el matrimonio. A quien uno ame o deje de amar no le importa a nadie más que a los interesados, y el Estado no debería estar metido en el negocio de poner estampas de aprobación sobre ciertas relaciones.

Y respecto a las situaciones extremas de parejas infértiles, ya aborde ese tema hace poco en la entrada La Apelación a la Infertilidad.

5) Porque contribuye a visibilizar y legitimar vinculos que históricamente se han vivido en secreto y en las penumbras.

O sea, a imponer una idea acerca de cuáles relaciones sexuales son legítimas. El Estado no debe hacer eso.

6) Porque si nos preocupan los niños y niñas, deberíamos permitir que se exprese la multiplicidad propia de los individuos, acaso qué legislador reconoció la existencia de niños y niñas ya criados por parejas del mismo sexo? Qué legislador enfatizó en el estigma que cargan los niños y adolescentes que no pertenecen al modelo hegemónico?

¿Conoces a algún niño o niña que no quisiera vivir con ambos padres? ¿Y que los adultos pusieran de lado sus estúpidos egos (alias multiplicidad propia) para entregarles amor y atención? Yo no, y legalizar el matrimonio homosexual siempre va contra ese derecho fundamental de los niños.

7) Porque concebir que una pareja formada por dos hombres o dos mujeres no están capacitados para el pleno desarrollo de un niño o niña es una gran mentira; el desarrollo correcto de una persona responde a lo sano de los vinculos y los afectos, a las figuras de apego, es esto independiente del género, orientación sexual o identidad de género de los mismos. Una pareja heterosexual, sencillamente por estar conformada por varón y mujer no necesariamente implican que van a criar correctamente a un niño o niña.

No es mentira, es verdad, que se reafirma cada día con las encuestas que apuntan a que los niños que crecen junto a su padre y su madre son más felices y tienen mejores herramientas emocionales y éxito en la vida, que los que crecen junto a uno de ellos.

Si los niños que crecen con un solo padre tienen todos estos problemas (y yo soy uno de ellos), incluso cuando lo hacen en un segundo hogar heterosexual, es lógico que insertar a esos niños en una situación muchísimo más anómala tendrá efectos aún más perniciosos.

9) Porque el argumento de “lo natural” o “lo esencial” es falso, no hay nada en la sexualidad humana que no sea social, que no se contruya historica y culturalmente, que no dependa de contextos económicos y políticos, por ende, NADA ES NATURAL EN LA ESPECIE HUMANA, y si seguimos en esta línea de razonamiento, el propio matrimonio es antinatural (sea entre hombre o mujer, o entre dos hombres o dos mujeres), dado que no responde a principios inmanentes de la física, la química o la biologia, sino que es un contrato entre dos personas, un invento jurídico, un arreglo socio-político, no existe gen, célula ni hormona que nos predisponga al matrimonio !

El matrimonio es natural, porque sus características responden a la biología de los seres humanos.

En el matrimonio, la diferencia de sexo se corresponde con el funcionamiento de la reproducción sexuada en los mamíferos; la exclusividad y permanencia, con las altas necesidades y vulnerabilidad de los niños humanos y la inaudita duración de la niñez en nuestra especie (otros mamíferos entran en edad reproductiva a los 4 ó 5 años); y la distancia familiar, con los efectos perniciosos que en nuestra especie tiene la endogamia, que no se observan en otras.

El matrimonio no es natural en el sentido biológico, sino que lo es en el sentido racional.

10) Porque discutir ya de por sí esto me parece patético, no deberia estarse discutiendo esta ley, debería ser un hecho inadmisible y sin peros. Que se debata, que se reflexione al respecto o que se decida o no, ya implica asumir que la homosexualidad es “algo” a debatir, “algo” sobre lo que opinar. Quisera saber yo en qué momento se debate sobre la heterosexualidad; o porqué motivo nadie se le pasa por la mente argumentar contra el matrimonio entre personas de distinto sexo?

Como ves, la reflexión acerca del matrimonio, entre ellas su heterosexualidad, no es una cuestión de ahora, la filosofía y el derecho vienen pensando hace mucho al respecto.

11) Porque los nombres no son menores, porque dar nombre implica consolidar un marco de existencia, porque se és en este mundo siempre y cuando pueda ser nombrado, y lo no nombrado, pasa al plano de lo no existente, lo susceptible de ser violado y humillado. Porque la palabra matrimonio tiene un peso simbólico significativo y de reconocimiento social, y la ingenua solicitud de darle el nombre de “unión civil” tiene un fin de sometimiento, de nombrar diferente y de perpetuar la invisibilización.

Se agradece la honestidad de admitir que no se busca el matrimonio, sino el prestigio social que conlleva.

Dicho eso, debemos agregar que el peso simbólico del matrimonio no es arbitrario, se gana cada día con los padres que están junto a sus hijos en la sala de urgencia, o se quedan hasta tarde haciendo deberes escolares, o renuncian a unas lindas vacaciones en Río por no tener con quien dejar a sus niños. Las parejas homosexuales nunca tendrán esa experiencia, y es injusto que gocen entonces del prestigio.

12) Porque aspiro a un mundo en donde se pueda desplegar el polimorfismo y la heterogeneidad de subjetividades, porque me aterran las dictaduras que someten a los individuos y les dice cómo se deben casar, cómo vestirse y comportarse en función de los órganos genitales, qué realizar con su útero, que tan buena o mala madre ser, qué debe o no plantar o consumir, y cómo o no morir.

Pues a mí también me molesta que haya dictaduras que digan a las personas qué conductas sexuales estamos obligados a aceptar y celebrar. No puedo dejar de mencionar que al oírte usar palabras como “polimorfismo y heterogeneidad”, pienso en bestialismo, incesto, adulterio, pedofilia, etc.

13) Por último, porque estoy convencido que el matrimonio es una institución de mierda, que sujeta y somete a los individuos al Estado, que alimenta una única forma de relacionamiento entre las personas, que impone una monogamia obligatoria, que condiciona la filiación, que prioriza la cosanguineidad por sobre los vínculos afectivos y un largo etcétera.

Nuevamente, un excelente ejercicio de sinceridad.

El debate sobre el matrimonio gay se da en una sociedad donde la enorme mayoría se siente traicionada por el matrimonio como institución, sea por su propio fracaso en uno, porque fracasó el de sus padres, o porque no tuvieron la oportunidad de crecer en un hogar casado.

Ayer mismo se publicaba una nota sobre las preguntas más difíciles que los niños chilenos hacen a sus padres. La primera era “¿Cómo se hacen las guaguas?” (bebés) lo que no es sorprendente, pero la segunda y tercera era verdaderamente desgarradoras: “¿Por qué mi papá se fue de la casa?, ¿Ya no me quiere?” o “¿Por qué yo no tengo el mismo apellido que mis hermanos?”.

Cada una de ellas habla de una personas que crecerá para no confiar en la palabra de otros ni en el matrimonio, y es en este contexto que hablamos sobre matrimonio gay. No es de sorprender que muchos entren a este debate pensando “el matrimonio es una institución de mierda”. Pero incluso si lo fuera, entonces ¿por qué no dejárselo a la Iglesia? ¿Por qué no derogar la regulación civil del matrimonio, que cada uno se case con quien y con cuántos quiera? ¿Y que la Iglesia celebre los suyos, tal como celebra sus bautizos?

La respuesta es porque eso no le sirve al lobby gay, que en definitiva quiere usar el matrimonio para imponer a la Iglesia lo que puede y no puede enseñar. Yo estoy en contra.

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Categorías:Matrimonio
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 9/03/13 en 8:35 am

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