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¿En qué te cuesta creer?

En varias oportunidades he intentado ordenar mis ideas en torno al fenómeno de la fe y las creencias, con mayor o menor éxito… ya lo dirán Uds. Para mí es un tema de nunca acabar, porque nunca he tenido una experiencia donde pueda decir “sí, estoy seguro que esto es de Dios, y no puede tener otra explicación”. Por eso me fascinan las historias de conversión de ateos, con un fuerte contenido sobrenatural, como las de Roy Schoeman, John C. Wright o André Frossard.

En cambio, yo dudo todo el tiempo y reviso las razones que me autorizan para decir “soy católico”, tanto más cuando uno mantiene un blog bajo esa etiqueta. Así, he llegado a determinar que existe una verdadera jerarquía de verdades, que propone nuestra fe, según sea más o menos difícil creerlas.

Esta no es una cuestión menor. Algunos de mis hermanos católicos, muchos más avanzados que yo, tienen una fe enorme, que se trasluce en cada uno de sus actos y derrochan día a día. Pero para mí, el problema se hace grave porque apenas tengo una fe pequeñita y al aplicarla una vez, corro el serio peligro de agotar mis existencias.

Por eso tengo que preguntarme día a día si se necesita fe para creer …

…Que Dios existe?

Y mi respuesta es un claro “No, para nada”, no se necesita fe para creer que Dios existe. Uno puede recurrir a la fe en este caso cuando se encuentra ante un niño, o a sujetos muy simples que no tienen la capacidad de seguir y entender un argumento abstracto, como lo son las pruebas de la existencia de Dios. Pero si hay pruebas (y las hay) no es propio hablar de que tenemos fe por creer en Dios.

Incluso los propios ateos, luego de revisar la evidencia, suelen admitir que no hay fallos lógicos en los argumentos que tradicionalmente proponen los cristianos, y que es probable que algo eterno exista, pero rápidamente objetan que sea necesario llamarle “dios” a ese algo, mucho menos que sea el dios de los cristianos.

…Que Jesús resucitó?

Chesterton dijo que, para bien o para mal, los que creen en milagros lo hacen porque tienen evidencias de ellos; los que no creen, para bien o para mal, lo hacen porque tienen una doctrina contra ellos. La resurrección es un milagro que no es imposible, dado que existe un Dios Omnipotente, y del cual tenemos evidencia, consistente en el testimonio de la comunidad que dio inicio al movimiento cristiano, testimonio por el cual fueron perseguidos y martirizados.

Por extraordinario que sea el que un muerto vuelva a la vida (y les aseguro que es difícil de creer), es igualmente extraordinario el testimonio de los apóstoles y la fuerza y persistencia del movimiento cristiano primitivo. Por lo tanto la prueba se mantiene, y se confirma además con numerosos milagros a través de la historia.

Todavía no es necesaria la fe, propiamente tal, pero ya nos estamos acercando ahí.

…Que Jesús es Dios?

La resurrección de NSJC es un hecho extraordinario para nosotros, pero ciertamente que sería trivial para un dios omnipotente, incluso si se trata de la resurrección en un cuerpo glorioso. En los mismos evangelios hay episodios análogos, así como en otros libros del Antiguo Testamento. Este episodio por sí solo no demuestra que NSJC es Dios. Lo que demuestra la resurrección, es que Jesús era confiable, que su palabra es verdadera y digna de fe siempre, de modo que al decir “El Padre y yo somos uno” o “Tus pecados te son perdonados”, no lo hace sólo por hablar, sino porque es verdad. Esto lo explica Él mismo, cuando los judíos le preguntan por qué han de creerle, y le piden un signo, y Jesús les responde diciendo que su signo será la resurrección.

Pero debemos admitir que aquí nos hemos acercado al borde de lo plausible. A causa de nuestra propia naturaleza finita, no podemos imaginar ni comprender a un dios infinito y eterno, pero como su existencia se nos presenta como necesaria, admitimos que existe. Pero decir luego que Dios mismo se haga hombre y habite entre nosotros, es algo que parece abrir enormes forados en todo intento de dar coherencia lógica al cristianismo.

Aquí nos acercamos a los bordes de lo plausible, e indudablemente que se requiere de fe para, a pesar de todas las objeciones filosóficas, creerle a Jesús cuando afirma que “el que me ha visto a Mí ha visto al Padre”, y esa misma fe (no se requiere más de este limitado recurso) es la que empleamos para para admitir Su doctrina de la Santísima Trinidad.

Pero todavía hay algo que es más difícil de creer.

…Que la eucaristía es el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor?

Múltiples objeciones se pueden alzar contra la idea de que Dios Eterno se hiciera un hombre verdadero, allá por Judea en el año 33; pero los obstáculos parecen irremontables cuando intentamos proponer que ese mismo Ser Supremo se hace presente hoy ante nosotros, bajo la apariencia de un trozo de pan. Después de todo, al menos el hombre es un ser espiritual, que lleva en sí la imagen de Dios, y NSJC ha sido el único hombre perfecto en todo, y desde ese punto de vista puede ser compatible con la idea de una divinidad personal. Pero ¿un pan? Ni siquiera es un ser vivo, es una cosa inerte, pequeña, finita, absolutamente impotente, esencialmente transitoria.

¿Es ese nuestro Dios?

Los católicos debemos responder “Sí, una vez consagrado, lo es”, y lo adoramos como tal, como la presencia visible que no sólo contiene, sino que es en sí misma el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo, que es Dios, ante el cual la actitud natural es ponernos de rodillas.

Cuando un grupo sale de la Iglesia Católica, es natural que lo primero en caer sea la doctrina de la transubstanciación, pues va contra la evidencia de los sentidos, y atenta directamente contra cualquier sentido de auto estima y respeto. Puestos en la posición de considerar que la Iglesia Católica sea una religión falsa, buenas razones habría para estar furiosos con ella, pues no sólo nos habría mentido, sino que además nos habría humillado, obligándonos a adorar un trozo de pan.

El problema de la eucaristía es que no sólo se refiere a algo que Dios puede o no haber hecho en otro tiempo o lugar, como un milagro, o a que se nos revelen realidades imposibles de comprender como la Santísima Trinidad. En este caso tenemos una evidencia tremendamente fuerte en contra: la de nuestros sentidos, que nos gritan una y otra vez “¡esto es pan, esto es vino!”, y para ignorar esa evidencia es necesaria un enorme ejercicio de confianza en aquel que dijo “este es mi cuerpo, este es el cáliz de mi sangre”.

Y sin embargo, esa es la fe mínima que se le exige a cualquier católico que se sienta un domingo cualquiera en misa. Cuando el sacerdote nos muestra el pan y nos dice “El Cuerpo de Cristo”, nosotros rechazamos conscientemente el testimonio de los sentidos y la fuerza de la lógica, para responder “Amén”, lo creo. Y para hacer eso no existe otra explicación que la fe. Después de creer que un trozo de pan es tu Dios y que debes adorarlo, te pueden decir cualquier cosa –que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo, que tus pecados son perdonados, que María fue asunta en cuerpo y alma al cielo, que Dios te ama–, y uno responder “Pfff, eso no es nada, lo puedo creer”.

Si es cierto que la fe es una de las fuerzas más poderosas de este mundo, no debería sorprender a nadie que la Iglesia perdure, alimentada como está por la fuerza de millones de católicos que creen en la eucaristía, ni que las parroquias que implementan la adoración perpetua inmediatamente experimenten un importante crecimiento.

Bueno, todo esto para decir que para mí es más difícil creer en la eucaristía que en todo lo demás.

Y a ti ¿en qué te cuesta creer?

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Categorías:Religión
  1. BARCINO
    23/03/13 en 5:33 am

    Hola,

    se que comento con meses de retraso, pero bueno. A mi también me chocaba el tema de la consagración del pan, pero , pensando , pensando… recordé el único día de mi vida que hice espiritismo. Aquel día el vaso se movió. Inmediantamente los que estabamos allí paramos y , asustados, lo dejamos estar. Yo tenía 23 años, era de día, no bebo, y las personas que había allí eran familia y me consta que ninguno pudo planear y ejecutar el movimiento del vaso.Muchos años después, pensando en el tema de la consagración me vino un pensamiento: ¿ si unos tipos normales, recitando unas palabras sobre un “altar” con un vaso al reves (¿parodia de la misa ?) pueden invocar “algo” ( un “algo” nada divino, sino todo lo contrario), ¿ porque un sacerdote consagrado en Nombre de Cristo no va a poder invocar y consagrar el pan y el vino?. Desde ENTONCES YA NO TENGO DUDAS AL RESPECTO…

    • 23/03/13 en 9:42 pm

      No te preocupes por la tardanza, pues se notifican todos los comentarios. Mi padre también me ha contado experiencias similares con el espiritismo, así que me parece totalmente posible lo que me cuentas.

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