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Revelación progresiva

Conversando acerca de los mandamientos en el Antiguo Testamento, que parecen arbitrarios o contradecirse con la doctrina de Jesús, un visitante comenta:

A mí me parece que es muy simplón decir que la Revelación fue progresiva y que por eso todos esos actos inmorales les eran permitidos a los antiguos judíos. […]El argumento de la “Revelación progresiva” no es más que un recurso barato para salirse por la tangente y evadir responsabilidades (me refiero al comportamiento de los judíos antiguos). […] Es simplón porque la gente es capaz de creer cualquier cosa si ésta les es presentada dentro de una connotación religiosa.

Puesto de esa forma, se puede entender que al hablar de una revelación progresiva parezca una salida fácil a un tema complejo, como si cualquier discrepancia aparente entre la antigua y nueva alianza pudiera resolverse sin más, usándola como una excusa. Para evitar esto, es necesario refinar qué entendemos por revelación progresiva, y cómo es diferente de un acomodo cualquiera.

De partida, digamos que esto de que Dios se reveló gradualmente a los israelitas primero y luego al mundo entero, no es una invención de los apologistas cristianos, sino que se encuentra claramente enseñado en nuestras fuentes. Sin ir más lejos, el Concilio Vaticano II en la Dei Verbum señala:

15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. Mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.

Con esto queremos destacar que lo que llamamos revelación progresiva no es una excusa sacada de un sombrero, sino que forma parte central de nuestra comprensión de la forma como Dios se ha dado a conocer a los hombres.

Tenemos entonces que el Antiguo Testamento conserva su valor para nosotros, en los tiempo en los tiempos de la Nueva Alianza, pues contiene el anuncio y la preparación de la venida de Cristo, y a la vez una verdadera pedagogía divina. Como yo lo entiendo, de esto se concluye que los mandamientos y ejemplos que podemos leer en los libros del Antiguo Testamento, no son directamente vinculantes para los cristianos, sino que sólo lo serán en la medida en que expresen una exigencia de la razón y la naturaleza humanas, entendidas a la luz de la revelación definitiva, que es Cristo.

Tal vez un ejemplo ayude a aclarar qué quiero decir.

Tenemos que en el capítulo 20 del Éxodo, Dios mandó a los israelitas apartar el día sábado para el descanso, pero cuando NSJC estuvo en esta tierra criticó duramente a los fariseos por la forma en que cumplían este mandamiento, poniendo la observancia estricta de la ley por sobre las necesidades humanas (Mc 2,23-28). Luego San Pablo escribió que nadie debía ser criticado por no observar las fiestas judías, entre ellos los sábados (Col 2,16), y finalmente la Iglesia determinó que era el domingo el día que debíamos dedicar a Dios, y si voluntariamente los católicos faltan a esa obligación incurren en pecado mortal (Catecismo 2181).

¿Cómo entender este proceso, que se inicia con un mandato claro de Dios, pero termina con los fieles celebrando en otro día,  pero termina con los fieles celebrando en otro día, bajo pena de pecado?

La clave está en reconocer que es justo y necesario que toda criatura agradezca el ser a su creador, según su naturaleza y condiciones, y que en el ser humano esta necesidad se traduce en apartar un tiempo determinado para los deberes de la religión, pero para los israelitas, esta obligación se especifica mediante una revelación, que forma parte de su Alianza con Dios, y que les indicaba que esa debían dedicar el día sábado al descanso.

Sin embargo, habiendo NSJC satisfecho plenamente la ley de la Antigua Alianza, los cristianos no están forzados a esa forma especial de cumplir su deber de adorar a Dios. Como nuestra obligación persiste, todavía tenemos que apartar un tiempo especial para Dios, pero en este caso la Iglesia ha determinado que el misterio cristiano se expresa mejor apartando el primer día de la semana, el domingo, como aquel dedicado a Dios, y ya no con un descanso estricto como se regulaba en la tradición judía, sino con nuestra participación en la misa.

Así queda claro que ir a misa en domingo no tiene nada de arbitrario, sino que es el desarrollo natural de una enseñanza ya prefigurada en el Antiguo Testamento, que así adquiere su valor de anuncio y pedagogía.

Apliquemos entonces estos principios al tema que interesan a nuestros comentaristas: si acaso la prohibición de las conductas homosexuales y de consumir mariscos que se encuentra en el Levítico tienen la misma importancia. Así, en el Levítico 18 se dice:

22 No te acostarás con un varón como si fuera una mujer: es una abominación.

Tenemos que admitir que este mandamiento no es directamente vinculante para nosotros, por el solo hecho de estar expresado en la Biblia, sino que forma parte del proceso de revelación progresiva del que habla Dei Verbum. Pero la siguiente pregunta es ¿expresa este mandamiento una exigencia de la razón y la naturaleza humanas?

Y la respuesta es que sí, que la mera razón nos muestra con claridad que las capacidades sexuales del ser humano están ordenadas a la transmisión de la vida, y por lo tanto cualquier acto en que se empleen esas potencias al tiempo que se niega su fin, son inmorales, y un pecado ante Dios.

No porque lo diga el Levítico podemos decir con certeza que es pecado, pero en ese lugar la Palabra de Dios se hace explícita, como parte de la pedagogía divina para que tengamos claridad al respecto. Además, el mismo juicio se ratifica en el Nuevo Testamento cuando San Pablo escribe en su primera carta a los Corintios, capítulo 6:

9 ¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios.

Incluso si no tuviéramos estos textos, todavía podríamos llegar a la misma conclusión, tal como ocurre con otras inmoralidades graves, pero que no están expresamente prohibidas en la Biblia. Por ejemplo, cuando la Iglesia reafirma la inmoralidad de clonar a una persona o arrojar bombas atómicas sobre la población.

¿Y qué ocurre con los mariscos?

Efectivamente, hay otras conductas que también están consideradas como abominación en el mismo libro del Levítico, pero que no parecen dar cuenta de una exigencia natural, sino más bien ritual. Por ejemplo se ordena tener por inmundas las criaturas marinas que carezcan de aletas y escamas (Lev 11,10-12) algunas aves e insectos (13-20), etc., pero al no ser evidente una razón de fondo para la prohibición, podemos suponer que nos encontramos ante normas que sólo debían cumplir los israelitas, obligados como estaban a las prescripciones sobre pureza ritual de la Antigua Alianza.

Por si hubiera alguna duda respecto a la naturaleza de las prohibiciones alimenticias de los israelitas, en el Nuevo Testamento nos encontramos con la enseñanza de Cristo acerca de que “11 Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella» (Mt 15), y el episodio en que se ordena a San Pedro comer de los alimentos prohibidos en la ley mosaica (Hch 10,10).

¿Hay una contradicción entre una Palabra de Dios que declara impuros algunos alimentos y otra que dice que no existe tal cosa? No, lo que ocurre es que el primer mandato era particular para una época y personas determinadas, estando en la libertad de Dios establecerlo y según la alianza que hizo con Israel, mientras que el segundo se aplica en la actualidad.

Por otro lado, la historia del Pueblo de Israel dista mucho de ser una crónica idealizada de poderosos héroes que combaten en tiempos legendarios. Al contrario, entre nuestros venerables patriarcas, llamados por Dios a conservar y extender su mensaje de su mensaje, hay borrachos (Noé), incestuosos (Abraham), mentirosos (Jacob), adúlteros (David) polígamos (Salomón) y un largo etcétera. No deberíamos olvidar esto cuando nos enteramos de los casos de abusos sexuales de los sacerdotes.

Pero lejos de ser este un argumento para desechar la revelación que nos llega a través de ellos, lo lógico es destacar la confiabilidad de los relatos, pues evidentemente no se han editado para embellecer las partes que resultan más reprochables de sus conductas, y fijar nuestra mirada en Cristo, que es el único que encarnó perfectamente la forma definitiva de la revelación de Dios a los hombres.

¿Por qué Dios hizo esto? ¿No habría sido mejor hacer una sola revelación? Y si bastaba con la razón y la naturaleza humana ¿Por qué era necesario que revelara nada?

Mucha tinta ha corrido por esos ríos, y seguro que correrá más, pero admitido que Dios es soberano en su libertad, no tiene mucho sentido que nosotros, sus criaturas, intentemos adivinar qué podría haber sido y no fue.

En todo caso, siempre que se plantea esta objeción pienso en Roma, sin lugar a dudas el pueblo más civilizado de la antigüedad, con obras arquitectónicas y de ingeniería monumentales, con un genio jurídico y militar único en toda la historia, y que sin embargo se divertían con espectáculos sanguinarios donde se celebraban el sufrimiento y la muerte. Comparados con ellos, los israelitas eran poco más que una tribu de bandidos salvajes que vivían en medio de los montes, de modo que no parece descabellado que Dios se tomara la molestia de ir paso a paso con ellos.

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