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El Acuerdo de Vida en Pareja del Presidente Piñera

Cuando le resta poco más de un año para terminar su mandato, el Presidente Sebastián Piñera ha decidido dar nuevos bríos a su promesa de campaña de impulsar el Acuerdo de Vida en Pareja, intentando convencer a los diputados de su propio sector que lo respalden. Sin embargo, ha encontrado bastantes reticencias de parte de la UDI, que a cambio le ha pedido patrocinar una reforma constitucional que defina el matrimonio como una unión entre un hombre y una mujer.

En tanto, desde la vereda opuesta, tampoco ven con buenos ojos esta propuesta, pues si bien algunos lo perciben como un avance hacia el cambio en la legislación matrimonial, otros lo perciben como un punto muerto, que consagre una situación permanente de discriminación hacia las parejas del mismo sexo.

El gobierno insiste que no se trata de una legislación que sea sólo de interés para las parejas del mismo sexo, pero es difícil ver cómo podría no serlo. Como dice Claudio Alvarado de IdeaPaís:

En efecto, si se trata de otorgar beneficios legales a convivientes que se prestan apoyo y cuidado entre sí, ¿por qué no pueden someterse a ella dos hermanos viudos que viven juntos? ¿O unos abuelos que se hicieron cargo de su nieta cuyos padres fallecieron? Si estamos en presencia de una iniciativa que persigue resguardar los derechos generados en una convivencia, ¿por qué excluir entonces a los parientes directos de dicha posibilidad? ¿Por qué limitarlo sólo a dos personas?

En el esquema de la derecha liberal chilena, estas preguntas no tienen respuesta, precisamente porque el AVP que proponen no se funda en una idea sólida y coherente, sino en un mero sentimentalismo, envuelto en cálculo político. Quieren quedar bien con el lobby gay, manifestar su modernidad y progresismo, y alejarse de la vieja derecha, demasiado vinculada a la Iglesia. No les interesa sacrificar en ese empeño a la familia o el matrimonio, que en realidad ven como una cuestión privada, y si encima pueden obtener una buena campaña de RRPP ¡it’s a win win!

En cambio, una visión lógica y consistente del ser humano, de su biología y naturaleza espiritual, nos lleva necesariamente a reconocer que la unión heterosexual es única y tiene repercusiones públicas que van más allá de los sentimientos envueltos en ella, o de la comunidad de vida y patrimonio que producen. Porque sólo de una relación heterosexual pueden nacer niños, es que el Estado debe reconocer el matrimonio como una realidad propia, porque los niños necesitan un vínculo de apego con ambos padres es que debe ser monogámico, y porque el esfuerzo de su formación se prolonga por muchos años, es que debe ser lo más estable posible.

Las otras cuestiones que surgen del matrimonio, como la legislación sobre herencias, o si una persona puede visitar a otra en el hospital, o tomar decisiones médicas por ella, son asuntos privados, accesorios, que se resuelven con una simple declaración de voluntad (testamentos, contratos, etc.) Si lo que se busca es “solucionar los problemas concretos de la gente” ¡ya existen esas herramientas en el derecho chileno! Por ejemplo, el cuasi contrato de comunidad se produce al verificarse un prolongado tiempo de concubinato, y da lugar a una sociedad de hecho, que otorga a el o la concubino/a derechos para ejercer acciones sobre los bienes en común.

Pero esta es una norma general, que se aplica con independencia del “estilo de vida” de los que participan, y que por lo mismo se puede invocar entre parientes, entre socios o entre parejas homosexuales o comunidades de polígamos. Lo importante es la justicia y no dar un timbre de “aprobado” a la situación que regulan. En cambio, al dar un nombre y un estatus a la relación, coloca toda la fuerza del Estado para imponer la idea que está bien pasar de una relación inestable a otra. Demás está decir que las que más pierden a la larga son las mujeres, que naturalmente se hacen cargo de los niños y acaban en los tribunales persiguiendo por años una pensión, y los niños que nacen en hogares inestables. Pero ¡hey, nos acusan de machistas!

Ya habíamos dicho que el AVP no es más que un paso hacia el matrimonio homosexual, y que éste a su vez es sólo un instrumento para forzar la aprobación de las relaciones homosexuales. Creo que podemos ir un paso más allá y decir que incluso esta ideología no es un fin en si mismo, sino que se enmarca dentro de un esfuerzo por privar a la sexualidad de todo sentido, y convertirla en el deporte de moda entre los jóvenes. Eso puede sonar divertido y alegre, y por eso es que las discusiones en este ámbito recuerdan a un debate escolar entre los chicos populares y los nerds. Por mi parte creo que mucho se pierde al hacer este cambio, y por eso estoy en contra de cualquier paso en esa dirección.

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