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La declaración de principios del Movimiento Solidaridad UC

Conversando acerca de la participación de los católicos en política, un lector escribe:

Hay una interesante experiencia en Chile con el movimiento Solidaridad que se presentó a las elecciones de la PUC. Pese a que algunos medios los han presentado como de extrema derecha, ellos señalan regirse por la Doctrina social de la Iglesia. Son críticos del neo liberalismos de la UDI y desplazaron al movimiento gremialista de la segunda vuelta. Ver su declaración de principios

En el documento enlazado hay algunas intenciones que resultan novedosas y refrescantes para la política chilena, que deberían tener mucha más difusión. De partida, el nombre del movimiento es excelente,
por varias razones: Primero, no es sólo una sigla ingeniosa; segundo, expresa un principio básico de la acción católica en política; tercero, a los que somos más viejos nos recuerda necesariamente al Sindicato Solidaridad, liderado por Lech Walesa en los años 80.

Ya entrando en la declaración de principios, permítanme compartir algunas ideas del documento, y mis comentarios.

Los principios contenidos en esta declaración aspiran a ser el espíritu que anime a una generación universitaria comprometida con la política, y guiada por la Doctrina Social de la Iglesia –en particular, con su más reciente documento, la encíclica Caritas in Veritate de SS. Benedicto XVI–. No pretendemos ser los auténticos y exclusivos intérpretes de tales ideas, pero sí queremos reconocer en ellas nuestro verdadero y más profundo motivo de acción e inspiración doctrinaria.

Me pregunto cuántos partidos políticos en la actualidad estarían dispuestos a colocar en su declaración de principios, no sólo el nombre de un Papa, sino un documento específico de magisterio pontificio, para describir su anhelo de animar a una nueva generación de jóvenes. Realmente es una movida de gran valentía en el mundo actual.

Hay algo que me molesta de la referencia a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el documento.

Tengo esta intuición de que si queremos ser católicos 24/7, o como dicen los gringos, todo el tiempo, debemos encontrar la forma de derribar las barreras que hacen de la doctrina cristiana un menú donde cada uno puede elegir. Si criticamos la teoría de las dos Iglesias (Pre conciliar vs. post conciliar, moral social vs. moral sexual, acción vs. contemplación, etc.) debemos ser capaces de plantear la Doctrina de la Iglesia, de manera que surja como un todo orgánico y lógico. Siendo los católicos cuatro pelagatos, como lo somos actualmente, no tiene sentido que nos dividamos y clasifiquemos entre nosotros.

Entiendo que la DSI es lo que aparece como más cercano a la acción política, que no tendría mucho sentido poner en el mismo nivel, por ejemplo, los imperativos acerca de la forma de celebrar la liturgia, que pueden ser tanto o más relevantes en el orden sobrenatural, pero que no se pueden proyectar directamente en política. Pero de todas formas, haría esa salvedad: no consideremos a la DSI como algo aislado, con valor en sí mismo, independiente de Cristo, o caeremos en la trampa de convertir a la Iglesia y a NSJC en un medio para un fin político. No hay que perder de vista que, incluso cuando participamos en política, lo hacemos para extender el Reino de Dios.

Otro párrafo del documento:

La autoridad legítima es una condición necesaria para toda sociedad política. No se puede alcanzar el bien común sin una autoridad que conduzca a la sociedad hacia él. Es el pueblo quien otorga de diversos modos la potestad del ejercicio de la autoridad, eligiendo libremente a sus representantes. La legitimidad de la autoridad, no obstante, no se funda exclusivamente en el procedimiento democrático: la principal fuente de legitimidad está en el respeto del orden natural y en la constante búsqueda del bien común.

Una declaración sobria, precisa, y llena de contenidos para desarrollar. Por ejemplo, la referencia a que la democracia no es más que una serie de procedimientos, que puede otorgar cierto grado de legitimidad a las decisiones, pero que no tiene ni puede tener la última palabra, sino que ella corresponde a la ley natural (perdón ¿dice “orden natural”? ley, orden, es lo mismo) y la búsqueda del bien común.

Otro punto por reconocer que la autoridad no es un invento de los poderosos ni producto de una especie de pacto social, sino un elemento esencial de la comunidad política. Lo que sea que estos muchachos estén leyendo para llegar a estas conclusiones, me encantaría darle un vistazo.

Promover un desarrollo humano integral significa defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, nunca instrumentalizar como medios a los demás para alcanzar fines determinados, al mismo tiempo que exigir condiciones para vivir de manera digna, libre y justa, para todos.

Es triste la época en que vivimos, pero esta sola declaración bastaría para hacer del Movimiento Solidaridad el único partido político al cual podría pertenecer un católico, por que todos los demás, de una u otra forma avalan la destrucción de los seres humanos cuando son más vulnerables.

Promover el rol social de las instituciones significa su “politización”, entendida como una verdadera participación política, una responsabilidad con la búsqueda del bien común, una preocupación por lo público y una participación en el debate local y nacional como señal de compromiso con la sociedad. La “politización”, como nosotros la entendemos, excluye en todas sus formas la “instrumentalización” de los cuerpos intermedios por parte de los partidos políticos.

Esta es una idea tremendamente poderosa, y que merece más desarrollo. Efectivamente “politizar” tiene un tufo a “corromper” y poner una institución o idea al servicio de un político. En contra, debería existir un sentido en que “politizar” quiera decir “poner al servicio del bien común”. El problema es que hemos llegado a ni siquiera estar de acuerdo en qué es ese bien común, porque nuestras antropologías, es decir, nuestra concepción misma del hombre, han llegado a ser tan divergentes, que sospechamos del bien común del otro. Y cuando ese otro intenta “politizar” algo, o sea, ponerlo al servicio de su concepto de bien común, creemos que lo está corrompiendo.

En fin, hay un montón de ideas interesantes en un documento de apenas 7 páginas. Seguiremos atentamente lo que los muchachos del Movimiento Solidaridad sigan haciendo.

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Categorías:Política y derecho
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