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Viva Cristo Rey

Al hablar de Dios, lo primero que se me viene a la mente es la idea de Ser Supremo, aquel creador trascendente, infinito y eterno, esencialmente diferente de nosotros, las criaturas. Por eso me parece perfectamente natural que la Iglesia nos invite a celebrar este domingo la solemnidad de Cristo Rey.

Admito que esta mantener esta idea es más propio de una etapa inicial en la vida cristiana. Los santos, por ejemplo, se permiten tratar a Jesús de tú a tú, porque lo conocen íntimamente, y los maestros espirituales nos invitan a conversar con Él como si se tratara de un buen amigo y a ver su mano providente en todos los aspectos de la vida. Para mí, en cambio, Él es NSJC, Nuestro Señor JesuCristo, y pocas cosas me aterrorizan más que Su amorosa mirada.

Por eso, me llamó profundamente la atención (por no decir, escandalizó) la columna ¿Jesucristo Rey? de Faustino Vilabrille Linares, donde vincula esta solemnidad con un intento de la Iglesia Jerárquica del inicios del S. XX para que “los Estados monárquicos reconocieran oficialmente a Jesucristo como Rey de reyes, y a partir de ahí reconocer el poder temporal del Papa sobre los demás soberanos y sus Estados” ¿Eso es todo? ¿Nos aprestamos a celebrar una manipulación política? Porque sí es así, no quiero tener nada que ver con la ceremonia.

Pero NSJC es rey, eso lo afirma categóricamente él mismo, según consigna el evangelio (Jn 19):

37 Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey». Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz».

Entonces, tenemos que Cristo es rey de los “que son de la verdad”, porque ellos escuchan su voz. ¿Qué significa “escuchar su voz? Desde luego, no se estaría refiriendo solamente a estar presente en la prédica, sino que a obedecer en todo aquello  a lo que nos llama la Palabra, tal como Él lo explica en la parábola del sembrador, cuando se refiere a los que escuchan la palabra y la ponen en práctica para dar fruto.

Don Faustino propone que llamar “Rey” a NSJC sería una gran ofensa, porque lo pondría al mismo nivel que los reyes de este mundo, en circunstancias que Él mismo criticó directamente la forma cómo ejercían el poder los gobernantes mundanos (Mt 20,25-26). Sin embargo, bajo tal principio también sería un insulto llamar “Padre” a Dios, porque Jesús dijo que los padres terrenales eran malos padres (Lc 11,13).

Como esta conclusión es evidentemente falsa, la única explicación posible es precisamente la contraria: así como al llamar Padre a Dios no estamos rebajando Su dignidad, sino que se nos propone un modelo superior de paternidad, cuando celebramos la solemnidad de Cristo Rey no sólo no ofendemos a Cristo, sino que, además de glorificar a Dios, le estamos recordamos a los gobernantes la forma en que deben ejercer el poder, y a quién se lo deben.

Era que no, la columna del señor Vilabrille también las emprende contra la jerarquía católica:

La Iglesia quería seguir siendo un poder absoluto, y aún hoy sigue funcionando como una monarquía absoluta, a pesar del C.Vaticano II que intentó poner las cosas un poco en su sitio, porque el Vaticano, y el Papa en concreto, tienen siempre la última palabra, porque en la Iglesia Oficial no hay democracia. Funciona como una monarquía absoluta, a pesar de que Jesús dijo: “mi reino no es de este mundo”.

Estas palabras de Jesús hay que entenderlas en el contexto en que se pronunciaron, donde Pilatos le había preguntado si era rey de los judíos, y NSJC le responde que su soberanía y dominio no estaban limitados por un territorio o una nación. A partir de esto colegimos que el Reino de Dios se encuentra en todas partes, a menos que se encuentre con las barreras a la gracia, que los hombres deciden instalar en sus propios corazones.

En este sentido, en la Iglesia Católica permanece hasta hoy el Reino de Dios, pues ella está en el mundo, pero no pertenece a él, tal como su Rey cuando estaba ante Pilatos.

Por lo mismo la Iglesia no hay democracia, ni puede haberla, precisamente porque ella se ve a sí misma como el reino de Cristo, donde no gobierna el demos (si no es más que una patética colección de pecadores ¿cómo podría?), sino NSJC, el único santo y fuente de toda santidad. Por lo mismo, Él tiene el poder absoluto en la Iglesia y no necesita ninguno de los contrapesos propios de la democracia. No sólo eso, sería absurdo tenerlos, pues ¿Quién querría oponerse a nuestro Dios, que es todo perfección y bondad? ¿Quién podría oponerse a nuestro Dios, que es omnisciente y omnipotente?

En el fondo, insistir en una democracia eclesiástica es haber perdido la fe, porque expresa la idea de que ya no es NSJC quien gobierna a la Iglesia, ni es el Espíritu quien la guía, sino que son los hombres, y precisamente el Papa de turno. Dicho de otro modo, es perfectamente razonable pedir más controles y democracia en la Iglesia, si es que somos ateos.

Continúa don Faustino

Jesús, después de vivir pobre en Nazaret, trabajar como un esclavo y durante tres años andar de pueblo en pueblo anunciando la liberación a los oprimidos, curando a los enfermos, durmiendo muchas veces al aire libre, anunciando la llegada del Reino de Dios, le interpretan su mensaje como que El quiere ser el rey de los judíos. De hecho en una ocasión quisieron nombrarlo rey por aclamación, pero El no quiso saber nada porque era totalmente contrario a todo triunfalismo y poder

Es cierto que Cristo vivió y murió como pobre, ajusticiado por un crimen que no cometió. No dejo de destacar que incluso desde un punto de vista comparativo de las religiones, este es un fenómeno único en toda la historia, pues los fundadores y maestro siempre pertenecen a las clases acomodadas y mueren rodeados de sus seguidores (Moisés, Buda, Mahoma, Confucio).

Pero si Cristo fue sólo eso –un simple obrero que por accidente logró fundar una religión–, con la misma certeza podemos decir que estaba loco, pues tenía fantasías de hordas de ángeles que vendrían a liberarlo si se lo pidieran, y de ser rey. Y es estúpido el que confía en lo que dice un loco. Pero sabemos que no es así.

Si creemos en sus palabras, no es porque las haya dicho un pobre judío que vivió hace dos mil años; si creemos, es precisamente porque, además de ser un pobre judío, era y es rey del universo. Si se hizo pobre y habitó entre nosotros, lo hizo sin perder ni un ápice de su majestad, y por eso, si podemos decir que el Mesías fue pobre, con mayor razón podemos decir ¡Viva Cristo Rey!

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