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De loterías cósmicas y el principio antrópico

Conversando acerca de los biomorfos y de la forma como la molécula de ADN parece cumplir las condiciones para permitir la vida en nuestro planeta, un visitante comenta:

Está claro que si la leyes fueran otras el Mundo tal y como lo conocemos sería distinto y que sólo las leyes que permiten estados compatibles con la existencia de materia/energía estable, son las que permiten que puedan existir Universos en los que esa existencia sea una realidad.

Lo que nos arroja de cabeza en la conversación acerca del llamado “principio antrópico“. Sé que en la red dan vueltas varias formulaciones de este mismo concepto, porque hace tiempo que quería hacer una entrada al respecto, pero la verdad es que ninguna ayuda mucho, y la que nos propone nuestro comentarista es tan buena como cualquiera.

Según este principio,  podemos decir que, para observar el mundo, es indispensable que sus leyes nos permitan observarlo, luego no tiene nada de especial constatar que efectivamente existen esas leyes. Es verdad, pero aun así no he podido quitarme de la cabeza que no es más que una perogrullada. ¡Ah! Pero nuestro visitante ya está sobre ello:

Esto que parece una perogrullada, existe o puede existir lo que es posible que exista con las leyes físicas que condicionan su existencia, es el quid de la cuestión.

¿En serio? Porque primero diría yo que se debe probar que no es una tautología, antes de saber si es o no el quid de la cuestión. “Existe lo que puede existir”. Cierto como una catedral, pero también es cierto que no todo lo que puede existir, existe. Tan cierto como obvio e irrelevante.

Es absurdo buscar diseñadores o inteligencias de cualquier tipo como “hacedores” de esas leyes, por muy complejas y sofisticadas que nos parezcan. Si algo existe, es evidente que esa existencia dependerá de algunas leyes, las que sean, incluso si lo que existiera fuera el caos absoluto, debería seguir unas leyes determinadas.

El caos absoluto, no puede seguir leyes determinadas, porque en tal caso no sería absoluto, sería un caos relativo. Pero entiendo lo que quieres decir: por ridículamente bajas que sean las probabilidades de que yo me gane la lotería, todos tienen la misma probabilidad de ganársela, y si una persona se la gana, no tiene sentido buscar una conspiración únicamente sobre el hecho de una baja probabilidad.

“Nosotros nos ganamos la lotería cósmica” dicen los escépticos “donde el premio era un universo estable, un planeta capaz de sustentar vida y un proceso que pueda generar vida consciente”.

¡El problema es que no sabíamos que había un sorteo! Si el día de mañana alguien organiza una lotería, pone diez billones de boletos a la venta, pero se vende uno solo, y resulta que ese único boleto se gana el premio ¿No sería razonable sospechar de un fraude o diseño? Puede que al final se descubriera que no había nada raro, que fue legítima suerte del solitario participante en la lotería, pero estarán de acuerdo conmigo en que sería irresponsable de parte de las autoridades no hacer la respectiva investigación.

Ahora, si más encima el ganador anda proclamando por calles y plazas que es hijo del organizador de la lotería… yo creo que cualquier juez lo condenaría.

“Ah” nos responden “pero es que sí hay una lotería cósmica, la de los infinitos universos que se crean y destruyen a partir de la nada o, lo que es lo mismo, el campo cuántico”.

¡Vaya! Es una definición bastante peculiar de “nada”. En todo caso, ellos mismos admiten que, por ahora, los múltiples universos no son más que una teoría elegante, que se puede confirmar mañana, o resultar tan válida como la teoría del flogisto.

¿Y si se confirmara que hay una serie de universos que nacen y se destruyen en el campo cuántico? En ese caso, si efectivamente existe esa lotería cósmica todavía no es mucho lo que se resuelve, pues es claro que hasta la más improbable de las loterías está sujeta a ciertas reglas, y del mismo modo los científicos se abocarían a estableccer cuáles son las leyes de las que depende la existencia  de ese campo cuántico. Por ejemplo, saber cuáles son las condiciones del campo en las que un universo aparece, o cómo se regula el flujo de energía en él, ya que no se ve que ni siquiera ese meta universo esté libre de la ley de entropía.

A partir de ahí nos podemos maravillar todo lo que queramos por la existencia y sus “misterios”, pero no tiene sentido sustituir las respuestas que aún no conocemos por mitología, diseñadores o fuerzas sobrenaturales.

Es cierto y es un ejemplo del llamado “sesgo de confirmación”: muchas veces los creyentes tendemos a poner a nuestro dios tras cada hecho que por ahora nos parezca inexplicable. Debemos evitar cuidadosamente esta actitud, porque naturalmente, quedaremos en ridículo cuando otro resuelva el misterio.

Por otro lado, también los ateos caen en esta falacia, cuando dicen “confiamos que la próxima teoría nos permitirá entender X, Y o Z”. Lo cierto es que esta no es más que la expresión de una confianza, una fe, que puede estar más o menos justificada, pero sigue siendo fe.

Ante esto, parece que la ciencia y la cosmología no tienen lugar en un debate religioso acerca de la existencia de Dios. Entonces, lo responsable, lo lógico es seguir la ruta de Santo Tomas de Aquino, que para demostrar la existencia de Dios no se fijó en las excepciones, sino en las generalidades del universo.

Una gota de agua de lluvia adopta la forma que tiene cuando cae debido a una serie que condiciones que no permiten que adopte otra forma, no por que nos parezca a nosotros más atractiva o sorprendente, ni por que a ningún ser superior le guste más una forma que otra.

Sería interesante saber cómo descartas que Dios prefiera la forma de esa gota de lluvia, por sobre otra, pero entiendo que no es tu punto. Lo cierto es que hay miles de gotas de lluvia en el universo, pero sólo un universo. Puede que algún día se demuestre que no es excepcional, pero eso todavía no resuelve la vieja pregunta. ¿Porqué hay algo en vez de nada?

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Categorías:Escépticos
  1. 27/02/13 en 10:59 am

    Las probabilidades de que exista un universo con las magnitudes fundamentales (constantes de las cuatro fuerzas, masas y cargas de las partículas constituyentes de la materia, velocidad de la luz…) compatibles con la existencia de la vida son de diez elevado a diez elevado a ciento veinte… es solo un número pero da que pensar.

    • 27/02/13 en 11:52 am

      Si uno no investigara con profundidad ese tipo de coincidencias, dejaría de comportarse como un ser humano, y sin embargo los que plantean el principio antrópico como respuesta al universo quieren que aceptemos eso como natural.

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