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Desastres electorales

Estas últimas semanas nos han traído un desastre tras otro en la arena política, para los que defendemos la vida y la familia.

Partiendo por casa, en Chile tuvimos elecciones de alcalde y concejales a fines de octubre, donde el gobierno de Sebastián Piñera, con una clara posición pro-vida, fue derrotado estruendosamente, dejando el campo abierto para que nuestro próximo presidente sea Michelle Bachelet, quien actualmente se desempeña como Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, y no tengo que decirles qué significa eso.

Peor aun, en la derecha comenzó la competencia para designar a un candidato único del sector, y la UDI, el único partido que defiende el matrimonio natural y la vida en Chile, designa a Laurence Golborne como su carta, pero el primer apoyo que recibe es de Karla Rubilar, diputada de derecha conocidamente liberal, que por ejemplo ha emplazado al gobierno para reconocer las uniones homosexuales.

Seguimos con las elecciones en los EUA, donde el candidato pro-choice de los republicanos resultó derrotado ante el candidato pro-death que buscaba la re elección. De nada sirvió que los obispos católicos a una sola voz denunciaran los ataques a la libertad religiosa que ha implementado la administración de Obama. Además por primera vez, luego de 30 intentos anteriores en diversos estados, se aprobó el matrimonio homosexual en las urnas.

Peor aun, la dirigencia del Partido Repúblicano ha salido a culpar de la derrota a las declaraciones contra del aborto incluso en los casos de violación, de algunos candidatos que, por cierto, perdieron su re elección en los cargos a los que postulaban.

Finalmente, el Tribunal Constitucional Español ha puesto su sello a la ley de 2005 que promulgo el gobierno socialista de la época y que permitía el matrimonio homosexual, y el Partido Popular, de derecha y actualmente en el poder, ha dicho que no tiene intención de alterar en nada lo establecido en esa ley.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Acaso nuestros argumentos son errados? ¿O no hemos sabido explicarnos convincentemente?

El cristianismo no tiene problemas en ser un movimiento minoritario dentro de la sociedad, y nada nuevo tiene para nosotros esto de perder elecciones, si desde la primera a la que nos presentamos, aquella del pretorio de Pilatos, hemos salido derrotados.

También sabemos que el mensaje cristiano es locura para el mundo, pero ¿no podremos hacer algo mejor en política? ¿Estamos destinados a ser extremistas, repudiados por la izquierda y avergonzando a la derecha?

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Categorías:Política y derecho
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