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¿Han oído hablar de los “biomorfos”?

En general, se refiere a un objeto o estructura que imita el comportamiento de seres vivos, sin estar propiamente viva, y es un nombre que se ha aplicado a robots, a diseños fractales, a cristales, o a entidades creadas por un programa de computadoras.

Mi primer encuentro con ellos fue en el documental The Blind Watchmaker, de Richard Dawkins, donde el famoso biólogo ateo emplea los biomorfos generados por computadora para explicar la selección natural. Gracias a YouTube, pueden ver el programa completo o sólo la parte de los biomorfos aquí, si avanzan hasta el minuto 7:

Básicamente, el programa genera estructuras al azar, dentro de un grupo de parámetros definidos (equivalentes a los genes) y el usuario selecciona cuál de las estructuras transmitirá sus características a la siguiente “generación”, de modo que, mediante una serie de elecciones, se pueden llegar a obtener una estructura de características muy precisas y determinadas, que no parecería posible obtener por mero azar.

Algunos han criticado el uso de estas estructuras como analogía de procesos biológicos, pero el mismo Dawkins admite que no se trata de una demostración de la evolución, sino de un “experimento mental” para explicar la forma en que pequeños cambios mantenidos a lo largo de varias generaciones, pueden acumularse para obtener algo totalmente diferente a lo que teníamos originalmente y mucho más complejo. Desde este punto de vista, es claro que lo que se nos muestra es un proceso de selección artificial –y no natural–, pero que permite comprende el rol que puede tener el azar en un proceso evolutivo, para obtener estructuras cada vez más complejas, a través de pequeñas modificaciones no dirigidas.

Dicho de otro modo, si en el ejemplo propuesto remplazamos al usuario seleccionador por un medio biológico hostil (depredadores, temperaturas, escases de alimentos) podríamos observar un proceso de adaptación de los biomorfos, bastante similar al que los biólogos entienden por evolución de las especies y –lo más importante para Dawkins– todo ello sin la intervención de una inteligencia diseñadora.

Otro ejemplo de este proceso, también propuesto por el profesor Dawkins, lo encontramos en el Programa Weasel.

Lo que me intriga, y motiva que traiga a colación este asunto, es que no se repare en que, si podemos decir que los biomorfos “evolucionan” y se hacen más complejos mediante alteraciones aleatorias de su forma, es también indudable que lo hacen dentro de parámetros estrictamente definidos, y sobre una plataforma tanto física como lógica que evidentemente no es producto del azar, sino que ha sido diseñada por una inteligencia superior. Me refiero a que tanto el computador que corre la simulación como el programa mismo que entrega a cada uno de los biomorfos sus características, entorno y proceso “vital”, son el producto de intrincado procesos de obvio diseño.

Si tomamos la analogía que nos presenta el profesor Dawkins con sus biomorfos, y la extendemos a la teoría evolutiva atenemos que ese proceso ¡también presenta evidencia de diseño! Y así, los científicos han descubierto que todos los procesos asociados a la vida encuentran su base en la molécula de ADN, la cual es extremadamente compleja y si bien tiene la capacidad de alterar sus cadenas de información, ella misma debe conservar sus características esenciales, en especial el delicado equilibrio entre mutaciones aleatorias y estabilidad de la información que debe tener la molécula.

Volviendo a la analogía de los biomorfos, el ADN vendría siendo el computador, sobre el cual corre el software “evolución darwinista 2.0” ¿y tenemos que creer que todo el proceso no necesita más explicación que él mismo? Tal vez la trompa del elefante y los ojos del delfín se expliquen satisfactoriamente por un proceso de pequeños cambios, pero ello no quita que todavía el proceso en sí mismo sea tan complejo que nos provoca naturalmente el maravillarnos.

¿Demuestra esto que Dios intervino al crear la molécula de ADN?

Claro que no, la ciencia podría en el futuro determinar las condiciones que, a partir de una situación meramente natural, llevaran necesariamente a su aparición. Sin embargo, lo que si indica es que los reportes de la muerte de Dios, basados en la teoría de Darwin, han sido gravemente exagerados.

En efecto, si bien la evolución darwinista parece una explicación sencilla para la complejidad observable en los seres biológicos (por lo que Dios sería una hipótesis innecesaria), basta con escarbar un poco más para descubrir que ella misma descansa sobre un mecanismo mucho más complejo y, por qué no decirlo, con evidentes trazas de diseño.

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