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Más sobre San Agustín y los que lo citan fuera de contexto

Conversábamos el mes pasado acerca del invariable grupo de 4 ó 5 citas de los padres de la Iglesia, que se repiten en innumerables sitios anti católicos, como prueba de una supuesta misoginia y nos hacíamos cargo de las atribuidas a Santo Tomás y a Tertuliano. Las citas de San Agustín, en cambio sólo podíamos decir que estaban mal citadas, porque se indicaba que provenían del libro “De Trinitate”, pero en él no se encontraba el texto en cuestión.

Sin embargo, hemos podido determinar el origen de la cita, gracias a uno de los comentaristas, que nos señala:

Pato:

La cita con la que se comenzó este post y que ha originado toda esta polémica por contener en ella la palabra “matrimonio”, sí existe, pertenece a San Agustín y se encuentra en el libro de “Los Soliloquios”, y no en “De Trinitate”. A continuación proporciono las referencias:

Capítulo X, #17 (en respuesta a la pregunta sobre el matrimonio): “Por muy bien que me la pintes, enjoyándola de mil prendas, nada tan lejos de mi propósito como la vida conyugal, pues siento que nada derriba de su señorío y arruina la fortaleza viril del ánimo tanto como los halagos femeninos y el vínculo carnal con la mujer… Por lo cual, mirando por la libertad de mi espíritu, justa y provechosamente estoy resuelto a no desear, no buscar, no tomar mujer.”

En el Capítulo XIV, #25 (pregunta de la “razón”).- “…¿Recuerdas la seguridad con que ayer decíamos que ninguna infección nos contagiaba y que sólo amábamos la sabiduría, supeditando lo demás a su logro? ¡Qué sórdido, feo, execrable y horrible te parecía el abrazo conyugal cuando discutíamos acerca de la servidumbre de la carne! …” San Agustín llama “abrazo conyugal” al sexo entre los esposos.

Es notable que el objeto sobre el cual está hablando San Agustín es el matrimonio o la relaciones conyugales, pero se le cita para decir que hablaba sobre una supuesta inferioridad de las mujeres ¡como si el ser mujer se redujera al matrimonio o al sexo!

Pero específicamente en lo relativo a esta cita, afortundamente hemos contado con la colaboración de Alejandro Galván, quien responde:

La cita que originó el post sigue siendo espuria y fuera de contexto una vez que:

1) Fuera de contexto: no está en el libro referido. Puede parecer que, estar en una obra o en otra es lo mismo. Pero Soliloquios es considerada obra filosófica, en cuanto S. Agustín no era todavía cristiano. De Trinitate, sin embargo, es obra de cuando era obispo. Tienen dos valores totalmente distintos, y dudo mucho que la “equivocación” sea fortuita

2) Espuria: Porque la forma que circula por internet, no corresponde a la idea original expresada en el libro.

Frase original: Quantumlibet velis eam pingere atque cumulare bonis omnibus, nihil mihi tam fugiendum quam concubitum esse decrevi: nihil esse sentio quod magis ex arce deiciat animum virilem, quam blandimenta feminea, corporumque ille contactus, sine quo uxor haberi non potest. [fuente]

Traducción original: Por muy bien que me la pintes, enjoyándola de mil prendas, nada tan lejos de mi propósito como la vida conyugal, pues siento que nada derriba de su señorío y arruina la fortaleza viril del ánimo tanto como los halagos femeninos y el vínculo carnal con la mujer. [fuente]

Traducción espuria: “Nada rebaja tanto a la mente varonil de su altura como acariciar mujeres y esos contactos corporales que pertenecen al estado del matrimonio.”

La clave está en “deiciat animum virilem“.

La cita espuria traduce: animum por mente, cuando es “ánimo” y virilem como “del hombre” cuando es viril (del hombre es “hominis”): no dice que el trato del matrimonio rebaje a la capacidad del hombre; sino que hace que el animo pierda fuerzas. Si uno dice que es lo mismo, que se difunda la traducción correcta, por favor.

Ahí lo tienen.

Nuevamente, no se trata de hacer del Santo la imagen de un hombre moderno. Para él es evidente que el celibato es un estado superior al matrimonio, idea que puede resultar chocante en la actualidad. El punto puede ser objeto de controversia, pero lo importante es lo que no encontramos aquí: argumentos para sostener que el matrimonio sea un estado pecaminoso, o mucho menos para hablar de una inferioridad de la mujer frente al hombre.

También es destacable que, a pesar de la amplísima literatura patrística y eclesial que han producido papas y santos durante dos milenos, los enemigos de la Iglesia no hayan podido producir más que unas pocas citas y repetirlas una y otra vez, párrafos que además pueden ser desmentidos sin mayores problemas, una vez que se conoce el contexto textual o histórico en que se escribieron.

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