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La Iglesia, las mujeres y la brujería

Continuando con nuestro tema acerca de la supuesta guerra de la Iglesia contra las mujeres, otro comentarista nos señala:

¿y que me dices de el Malleus Maleficarum como argumento? Con el Papa Sixto IV se inicio unas de las más longevas masacres hacia la mujer que duro por más de 200 años, donde acusar a mujeres de brujerías y quemarlas y torturarlas en la hoguera era recompensado con dinero.

Vamos a abordar el episodio del Malleus Maleficarum, pero antes hay que despejar un par de puntos.

Primero, el fenómeno de la caza de brujas que afectó a las naciones occidentales entre los S. XVI y XVII, es uno de los más complejos episodios de la historia de nuestra cultura, tanto por la misoginia que efectivamente representó, como por el misterio que todavía rodea a sus causas, muchas de las cuales todavía esperan a ser analizadas con objetividad y sin sesgo político. Nuevamente debemos advertir que no es nuestra intención negar los eventos dolorosos y crueles que ocurrieron en ese contexto, muchas veces cometidos por cristianos que creían actuar por celo de su fe, pero al mismo tiempo tampoco podemos sucumbir a la crítica fácil de personas que vivieron en otra época, en un contexto cuyos detalles en su mayoría no nos resultan evidentes.

Segundo, cuando existe una organización como la Iglesia, que ha existido por casi dos milenios ya, y conformada casi exclusivamente por pecadores, es muy fácil apuntar el dedo a los cristianos que han vivido en tiempos como los de la caza de brujas y decir “ese es el verdadero rostro del cristianismo”, pero eso no significa que sea verdad.

En otras religiones, llegado este punto tendríamos una discusión de sordos, donde cada uno tendría que formarse su personal opinión respecto a cuál es la “doctrina verdadera”, porque no hay una autoridad central que pueda decir “esta es la posición oficial”. Tratándose del cristianismo, en cambio, tenemos la institución del Papado, que a lo largo de estos dos mil años, ha producido una abundante literatura magisterial en las más diversas materias. Esto nos permite explorar la cuestión acerca de lo que ha dicho la Iglesia sobre la las brujas, y si esa enseñanza efectivamente permite acusarla de misógina.

A modo de introducción al tema, reproducimos parte de la entrada de la Wikipedia acerca de la caza de brujas:

La llamada caza de brujas por excelencia se realizó a comienzos de la Época Moderna sobre todo en Europa Central […]. En la persecución de 1450 – 1750 (con un máximo entre 1550 y 1650) se trataba sólo en parte de una acción eclesiástica contra la herejía, principalmente se trataba de un fenómeno de histeria colectiva contra la magia y la brujería, que convirtió la magia en un delito y tuvo como consecuencia recriminaciones, denuncias, procesos públicos en masa y ejecuciones.

Y en lo relativo al Malleus Maleficarum:

Es el más famoso de todos los libros sobre brujería, escrito probablemente en 1486, convirtiéndose en el manual indispensable y la autoridad final para la Inquisición, para jueces y magistrados, para sacerdotes tanto católicos como protestantes, a lo largo de los tres siglos siguientes a su publicación, en la lucha contra la brujería en Europa. […]El Malleus Maleficarum o Martillo de las brujas fue compilado y escrito por dos monjes inquisidores dominicos, Heinrich Kramer, también conocido como Heinrich Institoris, y Jacob Sprenger.

En primer término, convengamos que Kramer y Sprenger, los autores del Malleus Maleficarum, eran simplemente dos inquisidores, sin ninguna autoridad más allá de los procesos en que hubieran intervenido, de modo que lo que pudieran escribir en su libro, no tiene valor doctrinal alguno.

Se suele indicar que el contenido de esta publicación fue aprobado del Papa Inocencio VIII mediante la bula Summis desiderantes afectibus, que Kramer y Sprenger incorporaron a modo de introducción al texto. Sin embargo, basta observar que la bula se publicó en 1484, en tanto que el Malleus Maleficarum lo fue en 1487, para comprender que, cualquiera sea el contenido del documento papal, en ningún modo puede entenderse como una “carta blanca” para todo lo que los inquisidores hubieran dicho en el libro.

Entonces, si queremos saber cuál era la posición de Inocencio VIII acerca de la brujería y los cargos de misoginia, debemos considerar el texto de la bula en su propio mérito, sin referencia a lo que Kramer y Sprenger hubieran podido escribir.

El documento es bastante breve, pero en lo medular señala:

en los últimos tiempos llegó a Nuestros oídos, no sin afligirnos con la más amarga pena, la noticia de que en algunas partes de Alemania septentrional, así como en las provincias, municipios, territorios, distritos y diócesis de Magancia, Colonia, Tréveris, Salzburgo y Bremen, muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se abandonaron a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas, han matado niños que estaban aún en el útero materno, lo cual también hicieron con las crías de los ganados; que arruinaron los productos de la tierra, las uvas de la vid, los frutos de los árboles; más aun, a hombres y mujeres, animales de carga, rebaños y animales de otras clases, viñedos, huertos, praderas, campos de pastoreo, trigo, cebada y todo otro cereal;

La lista de estropicios atribuidos a la brujería continúa, en un catálogo sorprendentemente detallado y hasta pintoresco de la vida medieval, si el contexto no fuera tan terrible. Pero en lo que nos interesa, lo cierto es que no hay ninguna referencia a las expresiones misóginas que se quieren atribuir al Papa y por extensión a la Iglesia, especialmente aquellas referidas a una supuesta especial debilidad de las mujeres para ser tentadas por el demonio, ni se especula acerca de un especial cuidado o atención a la conducta de las mujeres. Al contrario todas las conductas descritas están señaladas como que pueden ser cometidas por personas de ambos sexos.

Insisto, no se trata aquí de blanquear la imagen del Papa, haciéndolo pasar por feminista. Así como creía en el poder de las brujas o brujos para ejecutar todas estas conductas, seguramente también seguía la opinión generalizada en la época de que las mujeres eran más susceptibles a los influjos del diablo. Lo que quiero destacar es que nada de eso se encuentra en Summis desiderantes afectibus.

La bula continúa ratificando los poderes de Kramer, Sprenger y otros inquisidores para investigar y sancionar estas conductas y pide al Obispo de Estrasburgo que se lea en las misas.

En fin, más allá del Malleus Maleficarum, todavía queda pendiente lo relativo a la participación de la Inquisición en la caza de brujas, pero mi punto son las acusaciones de misoginia, y además mucho se ha escrito con más erudición acerca de aquel tema, de lo que yo podría aportar.

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