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Intrínsecamente desordenados

Un visitante consulta:

Por que usted ve a las relaciones sexuales como intrínsecamente desordenadas?
Por que las relaciones homosexuales serían más desordenadas?
Hay personas que son desordenadas sexualmente sean hetero o sean homo y personas que no son desordenadas. Hay parejas de homosexuales masculinos o femeninos que viven en pareja desde hace años…

La expresión “intrínsecamente desordenadas”, que usamos los católicos para referirnos a la homosexualidad, proviene del Catecismo de la Iglesia Católica, y tiene un significado bien preciso en ese contexto. Lamentablemente parece que en el uso común del adjetivo “desordenado” puede prestarse para confusión, en el sentido que se estuviera acusando a las parejas homosexuales de llevar una vida sexual particularmente promiscua, esencialmente diferente de la que pudieran practicar otras parejas; mientras que el adverbio “intrínsecamente” apuntara a una especial gravedad del reproche moral.

Para aclarar ese malentendido, conviene partir examinando el contexto a que nos referíamos, donde se señala:

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen síquico permanece ampliamente inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19,1-29; Rm 1,24-27; 1 Co 6,10; 1 Tm 1,10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

El Catecismo ha sido muy cuidadoso en comenzar definiendo el concepto del que tratará, diciendo que la homosexualidad no designa a las personas o sus tendencias, sino a las relaciones entre personas del mismo sexo.Luego, nos recuerda que, a pesar de las disputas ideológicas que rodean el origen de esta condición, la causa que lleva a una persona a efectivamente incurrir en este tipo de conductas permanece hasta hoy en el misterio. Simplemente no hay evidencia científica categórica al respecto, que permita decidir entre las diversas hipótesis posibles.

En todo caso, la discusión acerca de su origen puede tener valor para evaluar la acción pastoral en cada caso, pero no para su calificación moral.En efecto, sería irrelevante que la homosexualidad tenga un fundamento estrictamente biológico (como apunta la posición mayoritaria del lobby gay actual) y desde ese punto de vista fuera “natural” para la persona, por cuanto hay diversas condiciones que tienen su causa en una configuración determinada del material genético del individuo, pero algunas de ellas son moralmente neutras, como la raza o el color de los ojos, y otras son enfermedades, como ciertos tipos de diabetes. Si se probara que el ser homosexual viene dado por la combinación aleatoria del ADN al momento de la concepción, ello no influye en el carácter moralmente desordenado de la conducta. Es por eso que los argumentos del tipo “Dios me hizo homosexual, así que es bueno que exprese mi sexualidad así” no tienen ningún valor.

El Catecismo continúa citando casi al pie de la letra la declaración Persona Humana, acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, emitida en por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en diciembre de 1975. Este documento señala en su párrafo 8:

Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía por esta causa incurran en culpa personal; pero atestigua que los actos homosexuales son por su intrínseca naturaleza desordenados (en latín actus homosexualitatis suapte intrinseca natura esse inordinatos) y que no pueden recibir aprobación en ningún caso.

Aquí entramos en el núcleo de la inquietud de nuestro comentarista ¿En qué sentido son desordenados los actos homosexuales?

El Catecismo explica que ellos “cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera”, y lo hace en el contexto en que viene hablando de que la unión conyugal se sitúa bajo la doble exigencia de fidelidad y fecundidad (2363), mientras que los actos homosexuales biológicamente no están abiertos a la vida y no son complementarios. Esta conclusión procede de la ciencia y los hechos, que nos muestran el sentido de la diferencia sexual entre hombres y mujeres, y el proceso por el cual esa diferencia se ordena a la reproducción.

Como se ve, el “desorden” a que se refieren los católicos cuando hablan de homosexualidad se refiere exclusivamente al carácter moral y biológico del acto, y no tiene nada que ver con que la relación de una pareja sea más o menos estable.

Por otro lado ¿En qué sentido decimos que este desorden es intrínseco?

Repasando nuestras clases de ética, recordemos que un acto bueno es sólo aquel que lo es en sí mismo, en sus circunstancias y en sus fines; y cualquier defecto en alguno de estos aspectos hace que degenere en uno malo. Por ejemplo, el acto sexual es bueno en sí mismo, pero se hace malo cuando los que participan no están casados (circunstancia mala) o, estándolo, impiden que cumpla su fin de procreación (fin malo). Por el contrario los actos intrínsecamente malos, como el aborto, son aquellos que nunca pueden justificarse moralmente, ni por sus circunstancias ni por sus fines.

Entonces el Catecismo emplea la expresión “intrínsecamente” para referirse a los actos homosexuales, en el sentido que nunca pueden ser ordenados al fin propio de la sexualidad, sin importar, por ejemplo, que los involucrados se encuentren en una relación estable (circunstancia buena) o busquen expresar afecto (fin bueno). Desde luego, esto no implica un reproche moral directo hacia de la persona que incurre en estas conductas, porque ese juicio sólo corresponde a Dios, y la culpabilidad moral puede verse disminuida y hasta suprimida por diversas circunstancias. Tampoco hay una correlación directa entre actos moralmente malos de enorme gravedad y actos intrínsecamente malos. Por ejemplo, matar a otro no es intrínsecamente malo, porque la circunstancia de hacerlo en legítima defensa lo justifica moralmente, pero ello no implica que asesinar a otra persona sea mucho más grave que otros actos que nunca pueden cometerse, como la tortura.

En conclusión, al decir que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, la Iglesia está cuidadosamente emitiendo un juicio categórico acerca del pecado, pero dejando abierta la puerta para la conversión del pecador, y esto es evidente para cualquier católico que lea el catecismo en sus propios términos. Para los enemigos de la Iglesia todo esto no será más que un montón de sutilezas para ocultar su homofobia, pero claro, ahí ya es evidente que opera un prejuicio.

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