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Vargas Llosa las emprende contra nosotros

Se terminó la pascua de resurrección y volvemos a las andadas. Me habría gustado comenzar con un tema más propio de este blog, como las pruebas de la resurrección, pero no se pudo. En fin.

Sí, las emprende contra nosotros. No sólo contra los católicos, o los chilenos, sino que nada menos contra todos sus hermanos latinoamericanos, denunciando la homofobia rampante que, según él, corre por nuestros territorios. Y en un periódico español, para mayor gracia ¿La ocasión? La muerte de Daniel Zamudio, joven chileno y homosexual, a manos de un grupo de presunto neo nazis.

El crimen horrible de que fue víctima este compatriota ocurrió el 3 de marzo, estuvo precedido de brutales agresiones, donde al parecer le marcaron una cruz gamada sobre todo el abdomen y lo dejaron en estado de coma, que al cabo de dos semanas le provocó la muerte. Todos debemos rechazar este crimen horrible, y la verdad es que hoy en día cualquier opinión que no abogue por una mayor tolerancia y apertura de la sociedad chilena es rápidamente tildada de homofóbica y consecuentemente acallada, como si se tratara de una locura.

Este contexto es aprovechado por Mario Vargas Llosa para emitir sus acusaciones. Así, se felicita de las condenas al odio y la discriminación, como si hubiera grandes grupos de la sociedad llamando a estigmatizar y perseguir a las personas homosexuales. No los hay, a menos que acuse de “discriminador y homofóbico” a cualquiera que se oponga a todas las iniciativas que promueve el lobby gay para normalizar los actos homosexuales, y para salvarnos de esa condena, todos debamos cantar las alabanzas de sus concubinatos.

Señala el novelista:

Lo más fácil y lo más hipócrita en este asunto es atribuir la muerte de Daniel Zamudio sólo a cuatro bellacos pobres diablos que se llaman neonazis sin probablemente saber siquiera qué es ni qué fue el nazismo.

Puede que sea fácil e hipócrita, pero no menos que servirse del sufrimiento de una víctima, que ni siquiera eligió si quería morir por esa causa, para avanzar una agenda política de corto plazo.

Agrega:

El asunto no es político, sino religioso y cultural. Fuimos educados desde tiempos inmemoriales en la peregrina idea de que hay una ortodoxia sexual de la que sólo se apartan los pervertidos y los locos y enfermos, y hemos venido transmitiendo ese disparate aberrante a nuestros hijos, nietos y bisnietos, ayudados por los dogmas de la religión y los códigos morales y costumbres entronizados.

¡Ah! Pero es que existe una ortodoxia sexual ¿o es que pretende don Mario que todo está permitido en ese ámbito? ¿Que no existen los pervertidos?

No es un disparate aberrante enseñar a nuestros hijos que las capacidades sexuales del ser humano se ordenan a la reproducción y a la crianza de los hijos ¡sino mera biología! Esa es la base de esa idea inmemorial que tanto deplora el autor, y mientras los hechos sigan porfiando en contra de la voluntad de los que quieren hacer del sexo el terreno del todo vale, eso no cambiará.

El ganador del premio novel continúa:

Tenemos miedo al sexo y nos cuesta aceptar que en ese incierto dominio hay opciones diversas y variantes que deben ser aceptadas como manifestaciones de la rica diversidad humana. Y que en este aspecto de la condición de hombres y mujeres también la libertad debe reinar, permitiendo que, en la vida sexual, cada cual elija su conducta y vocación sin otra limitación que el respeto y la aquiescencia del prójimo.

Hable por Ud. no más, señor Vargas, que yo al sexo no le tengo miedo, y sí algo de pena por la maravillosa unión de mente, alma y cuerpo que algunos se pierden por dar preponderancia a ciertos aspectos de la sexualidad, por sobre otros.

Sus palabras denotan una típica convicción liberal, tan simple como poco meditada: que cada cual elija su conducta y vocación sin otra limitación que el respeto y la aquiescencia del prójimo. ¿Acaso podría oponerse alguien bajo tal formulación a la poligamia, a la efebofilia o a la pornografía infantil animada? Desde luego que no, pero tampoco es eso lo que dicen apoyar los liberales. A uno le gustaría que dieran muestra de una reflexión más profunda.

Se ha avanzado mucho en la lucha contra el racismo, sin duda, aunque sin extirparlo del todo. […] No hay tal cosa aún cuando se trata de gays, lesbianas y transexuales, a ellos se los puede despreciar y maltratar impunemente.

Si en algún país latinoamericano es así, lo lamento. Pero no admito que se hable así de Chile, porque los responsables del crimen contra Daniel Zamudio están actualmente en prisión preventiva, a la espera de su juicio –dato esencial que el articulista omitió tal vez porque no encajaba en su “relato”–, y todas las personas, homosexuales o no, tienen los mismos derechos de instar por la condena de sus victimarios, y denunciar los abusos cometidos en su contra, sin importar su condición.

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