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Un par de argumentos emotivos en el debate del aborto

Hace unos días me sumaba a las expresiones de José Luis Widow, sobre el tema del aborto, sobre todo porque los defensores de este crimen horrible no hacen más que insistir en los mismos argumentos trillados, que han sido respondidos tantas veces. Siguen diciendo “queremos que se debata” pero no hacen más que organizar foros donde sólo se expone su posición ¡porque los debates los pierden todos!

Gracias a las ecografías, ya es totalmente evidente que un feto es un ser humano, así que los proponentes del aborto han abandonado el discurso racional, y se han volcado a una estrategia totalmente emotiva: que si eres pro-vida sólo puedes ser machista, que las mujeres son oprimidas por la Iglesia, que a ellos nadie las deja expresarse. Y en medio de esta “auto victimización”, gustan de insistir en que, según tal o cual encuesta, la mayoría de las mujeres apoyan el aborto terapéutico.

Primero ¿Alguien puede considerar “una encuesta dice” como un argumento serio? A estas alturas, los profesionales de la estadística deberían, por su propio prestigio, decir algo cada vez que alguien pretende fundarse en “una encuesta” para apoyar su punto ¿Cuál es el universo de la encuesta? ¿Qué pregunta se hizo? ¿Cuándo se aplicó? ¿Fue telefónica, presencial y o secreta? El manoseo del este recurso no ha hecho más que desacreditar el legítimo uso que tiene la disciplina, lo cual es una lástima porque hay mucho que aprender de información bien recopilada.

Pero en segundo lugar, no debemos olvidar que cualquier medida, discurso o política se puede justificar con el recurso a los “casos extremos”.

Por ejemplo, en Chile se derogó la pena de muerte en los ’90, pero si alguien quisiera reinstaurarla, bastaría con que encargara una encuesta donde se preguntara ¿Estaría Ud de acuerdo con aplicar pena de muerte al que viola y mata a su madre? Estoy seguro que una importante mayoría respondería favorablemente a esa consulta, sólo como una excepción, sólo en ese caso. O la tortura ¿Estaría de acuerdo en torturar al terrorista que se niega a decir dónde y cuándo explotará una bomba? O la castración ¿Estaría de acuerdo con castrar a los pedófilos reincidentes? O el fin del debido proceso ¿Estaría de acuerdo con que a los narcotraficantes no se les dé abogado gratis?

La certeza de una respuesta positiva de la gente a cada una de estas preguntas se explica por la constatación de que nuestra cultura está empapada en el utilitarismo, que mira a conseguir un fin bueno, por cualquier medio disponible. Pero contra este populismo trasnochado de las encuestas, los políticos y legisladores son los llamados a mantener la cordura, y responder claramente “no, nosotros no hacemos eso: el Estado no mata, no tortura, no impone castigos crueles e inhumanos, no permite que se destruya la vida de un niño indefenso.”

No nos engañemos. Al responder así, el Estado admite que algunas bombas estallarán, matando a personas inocentes, porque no quisimos torturar a los terroristas; que algunos violadores vivirán años a expensas del Estado y tal vez escapen para seguir atacando mujeres, porque no quisimos matarlos; o que algunas mujeres sufrirán algunos meses, antes de poder entregar a esos niños en adopción y seguir con su vida.

Pero estos principios están ahí para obligarnos a ir más allá de las limitaciones del momento, y para proteger a todos esos otros casos, donde podremos sentirnos tentados de aplicar la misma solución. Esta no es una mera expresión del miedo de la “pendiente resbalosa”, porque lo hemos visto suceder en cada caso en que se legisla en estas materias y además porque los mismos proponentes del mal llamado aborto terapéutico admiten que sólo es un paso más en su lucha.

Hay otro argumento que ha salido estos últimos días y que también es exclusivamente emotivo, por lo que se hace muy difícil de responder desde nuestro punto de vista. Me refiero a los que se preguntan “¿Cómo vamos a encarcelar una niña de 16 años, que quedó embarazada, fue presionada por sus padres, se vio ante un embarazo sin difícil y por eso decidió abortar?”

Uno se pregunta si esta gente se cree que el Derecho Penal se inventó ayer, y en un país extraño. ¡Tonterías! Los jueces se encuentran con situaciones como esa, y no sólo en relación al aborto, cientos de veces cada día, y la ley ha recogido esas situaciones y se ha modificado en consecuencia.

Así, el actuar movido por circunstancias que anulan la libertad (es decir, los mismos casos extremos que ahora se nos quiere decir que exigen una ley especial) es una eximente de responsabilidad penal. Es decir, a la calle, sin problemas. Por otro lado, si no se acredita que la libertad estaba anulada, pero severamente disminuida, entonces se puede rebajar la pena en uno o dos grados, es decir del piso de 3 años y un día bajamos a 61 días de privación de libertad. Si a eso sumamos otras atenuantes, como admitir el delito o no tener antecedentes, la pena se rebaja aún más.

“¡Ah!” nos pueden decir “pero dos meses no es poco tiempo para estar en la cárcel”.

Cierto, y enviar a la cárcel a una persona que no ha cometido antes otro delito puede ser muy traumático… que es el motivo por el cual un primerizo de cualquier delito con pena inferior a 5 años puede cumplirla sin pasar un día siquiera en prisión preventiva. ¿Cómo así? Pues en el caso de una menor de edad, como es el “caso extremo” que se nos planteaba, la pena se convierte automáticamente en libertad asistida o prestación de servicios a la comunidad, y si la madre es adulta, siempre la pena se le remitirá condicionalmente, o en el peor de los casos cumplirá con libertad vigilada. Es decir, ni un solo día de cárcel. Y todo eso sin considerar las facultades que tiene la Fiscalía para terminar un juicio antes de llegar a una sentencia.

Sin ir más lejos, según el informe estadístico de Justicia para el año 2005 del INE, en Chile, el único país con una legislación tan dura en este sentido –como gustan de decir–, se condenó a 7 personas por aborto, tres hombres y cuatro mujeres, y a 5 de ellas, 4 mujeres y un hombre, se les otorgó algún beneficio para cumplir su condena en libertad. Yo me pregunto ¿Dónde están los cientos de miles de abortos al año que supuestamente ocurren en Chile? Porque si eso es verdad, entonces las policías no están haciendo su trabajo o estamos ante una conspiración que envuelve a millones de personas.

Pero no, la cordura indica que los casos extremos no son más que excusas para imponer una legislación que a estas alturas del desarrollo de la ciencia, ya no resiste un análisis racional.

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Categorías:Pro-vida
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