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Un católico ante la sobrepoblación

La mayoría de los debates acerca de lo sobrepoblado que se encuentra nuestro plante, comienzan más o menos así:

¡Aaaaaah! ¡Todos vamos a morir de hambre! ¡o aplastados bajo el peso de los demás! ¡Aaaaaah!

Estoy parafraseando el argumento, claro; y exagero, pero no mucho.

La generación anterior, nuestros venerables y hippies padres, sucumbió ante la elocuencia de este razonamiento, y estableció organismo internacionales y políticas para “controlar la sobrepoblación”. Y, a pesar de que ninguna de las predicciones que hicieron los expertos en los años ’70 se ha cumplido, cada vez que la población mundial se acerca a un múltiplo de mil millones, se ponen a dar vueltas en círculos como si el cielo fuera a caer sobre sus cabezas.

En este contexto, y para sorpresa de nadie, la posición liberal, optimista y natalista de la Iglesia Católica, se sumó a la larga lista de razones para destruir a l’infame y acusarnos de fundamentalismo, estar sólo interesados en el dinero, amar la miseria, odiar a la humanidad, y lo que se necesite. Sin embargo el pertenecer a una institución con un par de milenios en el cuerpo, y que toma decisiones como una cámara éntica, al menos tiene la ventaja de no tomar muy en serio las modas y esperar a ver como resulta todo. Como los discípulos de Maltus han fallado una y otra vez en sus profecías, al menos sabemos que no estábamos tan mal.

Pero ¿qué puede decir un católico a los agoreros de la sobrepoblación?

Primero que nada, “Cálmate, por favor. Todos nosotros vamos a morir, cierto, pero no por causa de que haya demasiadas personas en el planeta”.

¡Aaaaah! ¡Pero China, y la India!

La población actual de la tierra se acerca a los siete mil millones, es cierto, pero ¿cuánto espacio ocupan realmente esas personas? Muy poco en realidad. El Estado de Texas, por ejemplo, tiene una superficie de 696.241 kilómetros cuadrados, lo que significa que si pones a toda la humanidad en ese territorio, podrías entregar algo menos 1 km2 a un grupo de 10 personas. Recuerda que 1 km2 equivale a un millón de metros cuadrados, o 100 hectáreas, es decir, a cada sujeto le correspondería 100.000 m2 o 10 ha. Así, si te quieres construir una mansión tejana de 1.000 m2, todavía te restan 99 veces esa superficie para los servicios que permitan sustentar ecológicamente esa casa.

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Addenda: Varios comentarios han hecho notar un error en mis cálculos, donde el terreno por cada persona en el territorio de Texas sería sólo de 100m2. Queda hecha la corrección, junto con su original.
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Y todo dentro de Texas

Y todavía no hemos combinado los terrenos de las familias, lo que siempre es un gran ahorro de recursos.

Y todavía tenemos el resto de planeta completamente vacío. Texas es sólo una más de las extensas zonas desérticas con que cuenta el planeta que actualmente están… “desiertas” y que en el futuro se pueden habitar, sin impactar otras zonas más ricas en vida natural.

¡Aaaaah! ¡Pero nuestros hijos! ¡o nietos! ¡o bisnietos! ¡o alguien en el futuro lejano!

El problema es que sabemos muy poco del comportamiento de la población, tanto en el pasado como hacia el futuro. Sabemos que antes había menos personas, y que ahora hay más, pero ignoramos muchísimas cosas acerca del proceso que nos llevo hasta acá.

Nuestros detractores gustan de asustarnos con que, de no promover medidas anticonceptivas de amplia distribución, todas las mujeres de esos terribles países pobres tendrían decenas de hijos, y el planeta se llenaría de gente en pocos años. Para estos efectos, suelen referirse a vagos recuerdos de épocas anteriores a la píldora, cuando las abuelas criaban a camadas de 13 ó 15 hijos.

Sin embargo, sabemos que esa no es más que experiencia anecdótica, y que las familias tan numerosas siempre han sido la excepción más que la regla. ¿Cómo estamos seguros? Pues gracias a un simple cálculo matemático. No hablemos de 8 ó 10 hijos por cada mujer en esa épocas pre píldora, digamos sólo 4 ¿Cuánto tiempo nos tomaría alcanzar la población actual si cada mujer cría 4 hijos? Sólo 33 generaciones (2^33=8.589 millones) y si a cada generación le asignamos los bíblicos 40 años, tenemos que eso, en tiempo equivale a 1.320 años. Puesto que la humanidad lleva en la tierra mucho más de ese tiempo, es evidente que, en promedio a lo largo de la historia, la tasa promedio de hijos por mujer ha sido muy inferior a 4 hijos adultos por mujer, aún sin ninguna política de control, cifra que es bastante magra.

La verdad es que guerras y pestes han diezmado la población, pero incluso en ese caso el efecto será marginal. Luego, es claro que sin ningún tipo de control ni anticoncepción, la población ha aumentado de una forma más bien lenta, y por lo tanto no necesitas promover políticas inmorales para controlar el crecimiento de la población.

¡Aaaaah! ¡Pero el agua! ¡y el petróleo!

Los profetas del S. XIX sostenían que si Londres seguía creciendo indiscriminadamente, sus habitantes se ahogarían en excrementos de caballo, pero eso no pasó, porque ya nadie usa los caballos para transportarse. A Malthus le preocupaba la provisión de alimentos, porque veía la producción agrícola como un número fijo, pero el avance tecnológico ha permitido que los campos aumenten su producción con mayor rapidez que la población. Bueno, en el mismo sentido, no sabemos todavía qué avances tecnológicos estarán disponibles en el futuro, que nos permitan hacer más cosas usando menos energía, que disminuyan la necesidad de transportarnos, que permitan convertir en alimento recursos que hoy no son comestibles.

Si hay hambre en el mundo no es por la falta de alimentos, más bien el problema es que la comida no llega donde hay gente que la necesita, mientras en los países ricos ya buscan políticas contra la obesidad. De igual modo, donde existen problemas de acceso al agua, no es porque las personas consuman mucha, sino a causa de grandes operaciones industriales, como la minería, que requieren cantidades enormes y la dejan inútil para el consumo humano.

También es cierto que el estilo de vida que llevan los países desarrollados no es ecológicamente sostenible a largo plazo, y que mucho antes de una crisis de población, seguramente estaremos ante una crisis de recursos. Contra esto, la Iglesia propone como ideal y solución, una vida más sencilla, sin grandes lujos ni gasto innecesario de recursos.

Pero tiene que haber algún límite ¿no?

Hipotéticamente, no lo sé. Puse como ejemplo el estado de Texas, pero el desierto del Sahara se ve bastante grande, Arabia, Gobi, Atacama, son todos lugares que se pueden habitar sin grandes problemas y con ingentes recursos de energía solar. Y todavía no cuento los océanos, que cubren dos tercios del planeta y se podrían habitar y cultivar.

Entonces, el problema de la sobrepoblación es tan complejo y lleno de incertidumbres, que mientras existan tantas variables en juego, no se justifica asustar a la gente, mucho menos imponer medidas tan horrorosas como el aborto forzado, como lo ha hecho China, con la bendición de la ONU.

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Categorías:General, Pro-vida
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