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Más pruebas de la divinidad de Jesús

Hace tiempo teníamos pendiente actualizar la entrada acerca de las pruebas de la divinidad de NJSC, así que aquí les ofrezco un argumento más, según lo escuchamos al Padre Joseph Fessio S.J., editor jefe de Ignatius Press, en el podcast de Catholic Answers live.

Nuestro punto de partida es el conocido episodio de Jesús y el joven rico. Es llamativo que los tres evangelios sinópticos refieren este encuentro con notables similitudes. Veamos entonces cómo aparece en el capítulo 22 del evangelio según San Mateo.

16 En esto se le acercó uno y le dijo: “Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?”
17 El le dijo: “¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”
18 “¿Cuáles?” – le dice él. Y Jesús dijo: = “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, =
19 = honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” =
20 Dícele el joven: “Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?”
21 Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.”
22 Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Cuando este pasaje se menciona a propósito de la divinidad de Jesús, habitualmente es invocado por quienes la niegan, a causa de la primera respuesta que recibe el joven rico. “¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno”. NSJC parece reprender a su interlocutor, por haberlo llamado “Maestro Bueno”, pero nosotros, como cristianos, sabemos que nunca ha existido otra persona que mereciera más ese apelativo que el mismo Jesús. Con esto en mente, parece que en realidad NSJC le está diciendo “sí, tienes razón, pero tú mismo no conoces la verdad que encierran tus palabras”.

Pero este es un debate habitual. Mi intención es que nos enfoquemos en la segunda parte del intercambio.

A pesar de haberlo recibido con duras palabras, Jesús responde la consulta, diciéndole que debe cumplir los mandamientos, a lo que el joven rico replica preguntando ahora a cuáles mandamiento se refiere. Esto puede parecernos una perogrullada pero la Antigua Alianza contenía más de 600 “mandamientos” de la más diversa índole, desde la ley moral natural, como el “no matarás” hasta regulaciones acerca de la dieta y urbanísticas. Jesús le contesta con un breve catálogo, que comprende parte de los 10 mandamientos, específicamente –y en este orden–, el quinto, el sexto, el séptimo, el octavo y el cuarto. Luego agrega el mandamiento que resume todos ellos: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

La cuestión clave es ¿Qué tienen en común estos cinco preceptos?

Un judío observante de la época, como lo era NSJC y sus discípulos, habría objetado inmediatamente las palabras del maestro, porque parte por los llamados tradicionalmente “mandamientos de la segunda tabla”, es decir, aquellos referidos al prójimo, y omite completamente mencionar los tres primeros, acerca de Dios, que son anteriores. El mismo Jesús, consultado luego por los fariseos, responde que el mayor y primer mandamiento es “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22,37). Si eso es cierto ¿Por qué le da esta otra respuesta al joven rico?

El intercambio continúa, y el joven insiste, diciendo que todo eso lo había guardado. Luego de haber escuchado de San Pablo que la antigua ley era imposible de cumplir, estas palabras nos parecen impregnadas de soberbia, pero al mismo tiempo ellas nos dan a entender que nos encontramos ante una persona que conoce a fondo la Torá, y por lo tanto no se conforma con una solución estándar a la necesidad de alcanzar la vida eterna, sino que busca algo especial y nuevo en este Rabbí, del que todos hablan.

Y la respuesta de Jesús es inesperada: Entonces ven, y sígueme.

Es como si el joven rico estuviera pensando “no robar, no matar, está bien, eso lo conozco, pero ¿No te falta algo antes? ¿No habrás olvidado los primeros tres mandamientos?”. Y ante esa sugerencia Jesús hace lo impensable: le dice “tienes razón, todavía hay algo más, pero no es lo que tú piensas, soy Yo Mismo a quien tú debes seguir“. Con estas palabras NSJC se pone efectivamente en el lugar de Dios y reclama para sí un sitio anterior incluso al primer mandamiento entregado por Dios a Moisés.

El relato prosigue refiriendo que el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes, pero no puedo evitar pensar que parte importante de su turbación provenía de que, con sus palabras Jesús estaba diciendo que Él era Dios omnipotente, y esa es una idea perturbadora para cualquiera que tenga un concepto de la majestad divina, por vago que sea.

¿Que los escépticos esperan pruebas científicas de la divinidad de Jesús? Eso no tiene sentido, porque la divinidad no es una cuestión científica.

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Categorías:Religión
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 26/11/11 en 12:26 pm

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