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La Iglesia no es una opción

Puesto que el núcleo de la polémica entre la Iglesia Católica y Lutero era la cuestión de la autoridad (quien puede interpretar auténticamente la Escritura) , es fácil darse cuenta que la única forma en que los reformadores podían tener éxito en su empresa era separando a la Iglesia Católica de Jesús, de modo que uno pudiera decir “Sigo a Cristo, pero rechazo a la Iglesia”.

Este ha llegado a ser en uno de los legados más trascendentes de la reforma protestante, y hoy, a 496 años desde que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg, parece que la distancia entre Jesús y la Iglesia Católica no podría ser mayor.

En efecto, para los millones de hombres y mujeres occidentales, este carpintero judío, que sólo predicó tres años y fue ajusticiado como criminal por un pretor desconocido, es la figura culturalmente más influyente y poderosa. Basta fijarnos en que desde el 525, cuando el Papa Juan I pidió al monje rumano Dionisio el Exiguo calcular el año del nacimiento de NSJC, cada vez que recordamos la fecha, declaramos que con el nacimiento de Jesús de Nazaret se inició una nueva era en la historia de la humanidad. Puede parecer una mera cuestión convencional, pero hay que recordar que hasta ese año, las fechas se calculaban por el tiempo que el gobernante de turno llevaba en el poder, u otro evento de gran importancia, como la fundación de Roma, de modo que el usar uno u otro sistema de datación se convertía verdaderamente en una declaración de lealtad.

Otro evidencia de la ineludible relevancia contemporánea de NSJC, es que todos queremos pasar por sus seguidores, y así tenemos un Jesús a imagen y semejanza de cada uno de nosotros: vegetariano, gay, socialista, ario(!!), feminista, revolucionario, budista, más recientemente un indignado y un largo etcétera que suma y sigue cada día. Incluso el niño símbolo de los nuevos ateos no ha podido resistir a la necesidad de vestirse con la túnica del maestro de Occidente, y Richard Dawkins dijo en una entrevista que “alguien tan inteligente como Jesús habría sido ateo, de haber sabido lo que sabemos hoy”.

Por su parte, en un marcado e incomprensible contraste, la Iglesia Católica es objeto de uno de los últimos prejuicios aceptables para la propia cultura que ayudó a construir. En nuestra época de delicados protocolos acerca de lo políticamente correcto, pocos son los grupos que pueden ser presentados como villanos sin riesgo de ofender a nadie en una película hollywoodense, sólo quedan los nazis, los racistas y los católicos, y cualquier insulto que, de ser dirigido contra otro grupo religioso sería calificado inmediatamente como inaceptable, es válido cuando se trata de un sacerdote de la religión romana. Sólo la Iglesia Católica puede ser acusada por cualquier ignorante de los cargos más increíbles, como promover la corrupción de menores, hacer injusticia a las mujeres, o buscar la propagación del SIDA en África, y contra toda lógica y justicia, es ella la que debe defenderse antes de que sean presentadas pruebas en su contra.

Decía que el contraste entre la percepción general acerca de Jesús y la Iglesia fundada por él no puede ser más marcado e incomprensible, porque si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que no escribió ningún texto que contuviera lo esencial de su mensaje, sino que se rodeó de una comunidad de seguidores, eligió a doce de ellos para liderarla, y los envió a predicar sus enseñanzas a todos los hombres… es decir, anunció el Reino de los Cielos, y nos dejó a Su Iglesia.

Cabe preguntarse entonces si es normal que un fundador sea una figura buscada y respetada por todos, al tiempo que la institución que él quiso establecer sea generalmente rechazada.

Parece que en general no es así: Si pensamos, por ejemplo en la Madre Teresa de Calcuta y su obra las Misioneras de la Caridad, es evidente que esta congregación se beneficia enormemente de la fama de santidad de que goza su fundadora (con plena justicia). En el otro extremo, Los Legionarios de Cristo eran una organización en ascenso dentro de la Iglesia, con numerosos frutos en vocaciones, hasta que se dieron a conocer públicamente los terribles secretos (y no tan secretos) que rodeaban la vida de Maciel, y eso ha provocado la crisis en que se encuentra hoy. Ejemplos fuera de la Iglesia también abundan, y vemos que cada régimen dictatorial que ha logrado mantenerse hasta la actualidad se funda necesariamente en una permanente propaganda acerca de las bondades de su líder.

Hay casos en que algunas personas logran separar al líder admirado de los “frutos podridos” de sus seguidores, y así algunos comunistas todavía sostienen que Stalin fue engañado por sus colaboradores acerca de la represión y persecución política durante su régimen. Sin embargo, esos casos son poco frecuentes y generalmente sólo se sostienen en versiones “revisionistas” de la historia.

En el caso de la Iglesia Católica, en cambio, no hay necesidad de “revisar” la historia en ningún sentido para concluir que los apóstoles de Jesús fueron los que, a través de su predicación, se encuentran claramente en los orígenes de la Iglesia Católica. Y sin embargo, ateos, agnósticos, protestantes y católicos están dispuestos a aceptar cualquier teoría que sirva para justificar el doble estándar “Jesús sí, Iglesia no”, muchas veces sin siquiera el más mínimo respeto por el registro histórico. Por ejemplo, muchos protestantes endilgan a Constantino haber fundado la Iglesia, como un instrumento para afianzar su poder, ignorando totalmente que Constantino era pagano y lo fue hasta su lecho muerte, y que no fue él sino Teodocio el que estableció el cristianismo como religión de Estado. Algunos escépticos, por su parte, quieren hacer de San Pablo la figura fundadora del cristianismo, sin explicar cómo los esfuerzos reformadores de este fariseo podrían haber pasado inadvertido a los apóstoles.

Incluso teólogos católicos tienden a aceptar livianamente que los primeros cristianos estaban dispuestos a modificar sustancialmente el mensaje cristiano, alterar los hechos y suplantar a NSJC en sus palabras, por cualquier fin político que tuvieran en vista a ese momento, resultando en texto evangélicos que no serían confiables, y completamente ininteligibles más allá de la comunidad en que se escribieron.

Sin embargo, a la luz de la historia, y de la forma como generalmente las instituciones crecen a partir de las doctrinas de su fundador, simplemente no tiene sentido separar a Jesús de Nazaret de la Iglesia que él fundó.

Si uno no es seguidor de Jesús, pero lo considera una persona digna de ser escuchada en sus enseñanzas, debe reconocer que la Iglesia es un fiel reflejos de ellas, o resolver el dilema de cómo puede ser bueno quien funda una institución tan terrible. Si uno es cristiano, no puede simplemente ignorar que en los credos de la comunidad cristiana la Iglesia siempre se consideró un pilar fundamental de la fe. Sin ir más lejos, así lo declara San Pablo (1Tim 3,15), y lo atestigua la historia en esta fórmula, anterior al credo de los apóstoles, que Denzinger ubica en el año 150 y 180:

[Creo] en el Padre omnipotente, —y en Jesucristo, Salvador nuestro—, y en el Espíritu Santo Paráclito, en la Santa Iglesia, y en el perdón de los pecados.

Entonces, si es parte integrante y central del mensaje de NSJC, indudablemente la Iglesia será de institución divina para los cristianos, y cualquiera que se honre a sí mismo con ese título, se encuentra compelido por la Verdad misma a someterse a ella, pues en caso contrario, estaría poniendo a su propia opinión antes que las enseñanzas de aquel a quien dice seguir.

Lamentablemente, hoy esta no es la realidad, el fenómeno de los católicos “a mi manera”, a la carta o de cafetería existe en todas partes, y son habituales comentarios como el siguiente:

La iglesia que Jesus formó no es la iglesia de hoy definitivamente. Yo creo en Dios pero no en la iglesia que es una institución jerárquica con poder sobre el ser humano y, eso…no lo quiero para mí ni mis hijos. Hace ya bastante tiempo que la iglesia dejó de representar a Jesús en la tierra tomándose atribuciones que no le corresponden.

Uno puede opinar eso. Es posible que Jesús no haya sido más que otro predicador judío, que murió, fue a convertirse en polvo como todos los demás y luego vinieron otros a hacer cosas buenas o malas con su figura. Pero si esa es nuestra posición, si vamos a revestirnos con el ropaje de Jesús e invocar su autoridad, sólo cuando él esté de acuerdo con nosotros e ignorarlo completamente cuando diga algo que nos moleste, al igual que lo haríamos con Mahoma, Ghandi o Luther King… entonces simplemente estamos mintiendo al decirnos cristianos.

En conclusión, es evidente que la Iglesia no es una opción, como la vocación a la vida religiosa, que uno toma si le gusta y es llamado, o no y no pasa nada. Fue fundada por NSJC y Él le dio autoridad para hablar en su nombre, de modo que todos los que son Sus discípulos, pertenecen también a ella por necesidad lógica. Dicho de otro modo, así como no hay salvación fuera de Cristo, porque nadie va al Padre sino por Él, fuera de la iglesia tampoco hay salvación.

Sin dudas que a uno le gustaría que la Iglesia siempre hubiera sido perfecta, como lo fue NSJC, a la que sólo pertenecieran los santos y yo, pero Él sabía que la cizaña y el trigo crecerían juntos hasta el final, y no nos dio la libertad de abandonarla y fundar “La Iglesia de los Puros” cuando el Papa o los obispos no estuvieran a la altura de su labor (y sabemos que han habido muchos de esos), ni de purificarla por nuestros propios medios.

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Categorías:Religión
  1. 2/11/11 en 1:54 pm

    ¿Qué te parece ésto? A mi no me parece para plácemes. Me gustaría tu opinión: Feliz día de la Reforma evangélica!

    • 2/11/11 en 9:15 pm

      Ja, ja. Tengo pocos comentaristas, no me pidas que me enemiste con ellos.

      El problema es que “Feliz día” puede entenderse de dos formas: como un saludo a los evangélicos, y en ese sentido puede ser sólo eso, o como una afirmación que lo celebrado fue un evento feliz, lo que es evidentemente inaceptable.

      No puedo ver la foto que puso, pero como el post es tan breve, mi primer enfoque sería entenderlo como un saludo a sus amigos protestantes. Por otro lado, sí me parece que su respuesta a tu comentario fue demasiado “a la defensiva”.

  2. 3/11/11 en 2:14 pm

    Sí, ella es muy frontal, muy española, tal como son con los que se “agarra” seguido por apasionados, me parece.

    Su marido es evangélico luterano y ella sabe que son muy buenos y bienintencionados, tal como nosotros, los católicos, lo somos. De todo hay en la viña del Señor, pero de ahí a alegrarme por la Reforma….chuta, hay un abismo.

    Ella dice que “Lutero era super católico y no quería una división, sino un perfeccionamiento 😉 “

    ¿SÚPER católico? era un monje agustino católico, claro, y como tal debió hacer algo desde dentro de la Iglesia, no dejar la “tendalá” desde la crítica que luego se unió a la política y etc.

    Bueno, disculpa que comente acá un post de allá. Saludos de nuevo

    • 3/11/11 en 2:41 pm

      No soy ni de lejos un experto en Lutero, pero mi impresión general es que su doctrina fue desarrollándose a medida que cambiaban las circunstancias.

      Así, puedes tomar a un Lutero joven y defender razonablemente que sólo quería purificar las formas de la Iglesia Católica, no una división, o puedes enfocarte en sus escritos más maduro y demostrar que su sistema era claramente herético para un católico.

      Creo también que el gran “ideólogo” de la reforma no fue Lutero, porque como te digo sus opiniones parecen bastante fluctuantes, sino Calvino.

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