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Acerca del celibato de los sacerdotes (y su debate)

Lo que viene a continuación es una exhaustiva exposición acerca del desarrollo del celibato sacerdotal en la historia de la Iglesia Católica, sus fundamentos bíblicos y teológicos, para concluir en las múltiples y categóricas razones que justificación su mantención.

¡Hey, esperen! ¡No se vayan! ¿Qué dicen? ¿Que la red está llena a rebosar de esos artículos, de sus réplicas, dúplicas y contra dúplicas? ¿Que están hartos de explicaciones acerca del celibato sacerdotal (y, en mi caso, de un amateur, más encima)? Vale, pero tal vez quieran escuchar un par de ideas que tengo dando vueltas respecto al debate acerca de ese tema, y dejarme sus comentarios.

Pero antes, hay que cumplir con la ley y hacer las mismas aclaraciones que salen en esos miles de artículos: El escoger a los sacerdotes del rito latino exclusivamente entre varones solteros es materia de disciplina eclesiástica, no de institución divina; de modo que, si mañana el Vaticano decidiera escoger a varones casados para ordenarlos sacerdotes, nada cambiaría.

Segundo, un par de definiciones: castidad es la virtud por la cual laicos y consagrados ordenamos nuestra sexualidad al estado de vida en que nos encontramos, de modo todos estamos obligados a guardar la castidad, laicos y consagrados, solteros o casados; celibato, por su parte, no es más que la condición de estar soltero, no casado; y así, el cura que engendra a un hijo no ha faltado al celibato, porque no se ha casado, sino a la castidad, porque no haber guardado el comportamiento propio de su estado de soltero.

Y tercero, no tengo el tiempo ni las ganas de escuchar historias tristes acerca del pobre cura rebelde que se monta en su caza-X para combatir contra el malvado y opresivo imperio de la jerarquía. A nadie le pusieron una pistola al pecho para ordenarse sacerdote, sabían en lo que se metían e hicieron un voto voluntario. Si ese voto no fue libremente asumido (le amenazaron con un arma o no era lo suficientemente maduro para saber lo que hacía) la ordenación fue nula y así debe declararse; Si, por el contrario, el cura se comprometió, pero luego no fue capaz de cumplir su promesa, pues únase al resto de nosotros, confiésese y haga propósito de enmienda, porque faltar a una promesa adquirida libremente es pecado, y si se la hizo a Dios, no le diré yo lo grave que es.

Ahora, yendo a lo nuestro.

La verdad es que sí pensaba escribir acerca de las razones para defender el celibato, y naturalmente me puse a revisar la red, sólo para encontrarme con que hay poco que no se haya escrito ya al respecto. Sobre todo me llamó la atención el abultado currículum de los sacerdotes, profesores de añosa universidades y teólogos de tantas asociaciones teológicas, que escribían sobre ese asunto ¿Qué podría aportar un simple laico con un blog? Pues nada, sólo la perspectiva de un laico con un blog.

Padres y hermanos teólogos (nótese el vocativo)

En primer lugar les digo la pena que me dio el ver a que usan su tribuna –que les viene precisamente de los títulos que les ha concedido la Iglesia– como sacerdotes o teólogos ¡para atacarla y tratarla con tan poco respeto! La Iglesia es nuestra madre, su jerarquía es de institución divina (por eso Dios escogió a doce apóstoles de entre sus seguidores, no llamó a elecciones), y si bien todos hemos sido maltratados por algún superior, el cuerpo jerárquico es la voz de NSJC (Lc 10,16 no dice “el que a sí mismo se escucha, a mí me escucha”).

Miren que la regla del celibato no es nueva, ha sido discutida y revisada por hermanos mucho más santos e inteligentes que nosotros, ha sido criticada en épocas cuando ni los papas cumplían con ella ¿Qué les hace pensar que Uds. tienen la “bala de plata” para acabar con la bestia? ¿Justo el torpedo protón que irá a golpear el extractor termal? (Ok, no más referencias a La Guerra de las Galaxias, lo prometo) ¿No hay un poco de soberbia de vuestra parte?

“Ah” piensan algunos “es que estos tiempos son diferentes. Bla bla bla el Espíritu del Concilio, bla bla bla los signos de los tiempos y bla bla bla el diálogo con la cultura”. A ese espíritu no lo conozco, sí sé que el Concilio no dijo nada acerca de cambiar la enseñanza católica en materia de moral sexual, y endilgarle dicha responsabilidad a los Padres Conciliares no hace más que darle excusas a los sedevacantistas y contribuir a desprestigiar su legado, cuya luz guiará a los cristianos por siglos ¡si tan solo nos tomamos la molestia de leer los documentos, caramba!

Y en cuanto a los signos de los tiempos y el diálogo con la cultura, no creo que nadie se sorprenda si digo que, desde 1965 a 2011, las opiniones acerca de la sexualidad entre la modernidad y la Iglesia sólo se han alejado cada día más. La doctrina de NSJC, junto con la opinión de todos los seres humanos cuerdos que han poblado este planeta, pone un fuerte énfasis en el ejercicio de la castidad en todo lo referido a nuestras potencias sexuales; el mundo, en cambio, no solamente se mofa de la castidad (eso lo ha hecho siempre) ¡sino que ni siquiera la considera una posibilidad en el hombre psicológicamente sano!

Esas son las opciones, y yo no veo un campo común donde conversar. Corríjanme si me equivoco, pero yo creía que el plan de la Iglesia seguía siendo convertir a las naciones en seguidoras de NSJC, y no a los cristianos en hijos del mundo.

Por otro lado, quisiera pedirles –con mucho respeto– que dejaran de arrogarse la representación del pueblo cristiano, porque a Uds. no los eligió nadie (salvo la Iglesia, que les dio sus títulos, véase más arriba) para hablar por mí, ni por NSJC, que para eso Él designó a los obispos en comunión con el Papa. Me imagino que muchos de los que abogan por la ordenación de varones casados están rodeados de personas que comparten su opinión, pero entiendan que no son más que una colonia de exploración en el cuadrante gama, en la enorme galaxia que es la Iglesia (Hey, no dije nada acerca de Star Trek).

¿Quieren saber cuándo podríamos empezar a pensar en sacerdotes casados? Cuando haya tantos diáconos permanentes con esposa y familia mantenidos por la Iglesia, que la proporción con los sacerdotes sea 10 a 1. Hoy existe la posibilidad del diaconado permanente y casado, que puede realizar las mismas funciones que un sacerdote, salvo por la misa y la confesión, y sin embargo no hay listas de espera para asumir esa labor. Esa es la forma como el pueblo cristiano vota: con sus opciones de vida y de santidad.

En serio, puede ser muy bonito fantasear acerca de una nueva primavera de vocaciones cuando el celibato sea una opción, pero vayan a ver la contabilidad de cualquier parroquia y pregúntense qué padre de familia responsablemente sometería a su familia a una forma de vida como la que tienen los curas.

Tal vez no todos sepan que, si bien existen sacerdotes casados en los ritos orientales de la Iglesia y en la Iglesia Católica Ortodoxa, en ninguno de ellos se permite al presbítero soltero, casarse luego de haber sido ordenado, y los obispos se eligen sólo dentro de los solteros. Es decir, o te casas antes de recibir el Sacramento del Orden, o no te casas, y si te casaste ahí te quedas. Esta ha sido la práctica desde los tiempos de NSJC y si la Iglesia llegara a considerar la posibilidad de sacerdotes casados, necesariamente lo haría bajo esa tradición. Esto impone una barrera casi tan alta como la actual, porque si un varón tiene la capacidad para aprobar cursos de filosofía, teología y psicología, y tiene una familia, es casi irresponsable optar por el estilo de vida del sacerdote. Dicho de otro modo, ordenar hombres casados no es ningún incentivo para “atraer más vocaciones”.

Finalmente, si quieren que se los tome en serio, dejen de emplear argumentos oportunistas, como los vergonzosos casos de abusos de niños por parte de sacerdotes. Vincular esos crímenes con el celibato no resiste ningún análisis lógico ni estadístico, y Uds. aparecen como buitres eclesiásticos, aprovechando una ocasión de dolor y sufrimiento de sus hermanos, para avanzar sus propias causas particulares.

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Categorías:Iglesia
  1. 18/09/11 en 11:44 am

    Lo he leído lentamente y meditado. Casi todo está dicho, pero no con tanto humor y tan bien fundamentado, como siempre, Pato.

    En relación a cuidar la castidad: es tan difícil para un célibe como para los casados. LOs remedios parten por huir de las ocasiones, y para qué estamos con cuentos, para ninguno de los dos grupos el ambiente erotizado nos la pone fácil, y para los consagrados, no es ayuda la familiaridad con que los tratamos, el poco cuidado de las actitudes, la vestimenta, el lenguaje, etc, Todo un tema.

    • 19/09/11 en 9:00 pm

      Muchas gracias, Ale. Estoy contigo en eso de la dificultad en guardar la castidad, y ni siquiera quiero imaginar las dificultades para los consagrados.

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