Inicio > Matrimonio > Comentando comentarios

Comentando comentarios

¡Vaya que de reacciones a la entrada anterior! la verdad no me lo esperaba. Muchas expresiones de asco y desagrado ante mis palabras, apelaciones a la caridad cristiana, y hasta acusaciones de nazismo y amenazas de acciones legales. Entre tanta reacción ofendida y visceral, poca gente abordó el fondo de la discusión, y por eso preferí abordar esos comentarios en una entrada aparte.

Para comenzar positivamente veamos un acercamiento más constructivo de uno de los visitantes habituales:

Creo que esta polémica es completamente artificial.
La Iglesia ni siquiera reconoce como matrimonio el casamiento civil y lo llama desde el s. XIX “concubinato”.
Sin embargo no veo manifestaciones pidiendo que al matrimonio civil no se le llame “matrimonio”, para no desvirtuar al auténtico matrimonio que es el eclesiástico.

Aquí hay varios conceptos mezclados que conviene aclarar, y para eso debemos partir diciendo que la Iglesia reconoce que existe un matrimonio sacramental, que es el único vínculo conyugal que puede existir entre dos personas bautizadas, y un matrimonio natural, que, si bien es tan verdadero como el primero, no cuenta con las gracias sacramentales que otorga NSJC.

Así, cuando dos cristianos que se casan “solamente por el civil”, se encuentran efectivamente en concubinato, como lo ha dicho la Iglesia, porque la ceremonia civil no puede suplir la necesidad del matrimonio religioso y la realidad que implica. Esta condena a la situación objetiva se mantiene, sin perjuicio de la culpa actual que tenga cada persona, por un mayor o menor conocimiento acerca de la naturaleza de sus actos. Por su parte, los no bautizados que se casan solamente conforme a la ley, están verdaderamente casados, y tienen los mismos derechos y obligaciones civiles que surgen de la naturaleza de la relación, pero su matrimonio es puramente natural.

Sostener que la Iglesia sólo reconoce como válido los matrimonios celebrados ante ella, llevaría al absurdo de calificar como concubinato y adúlteras las relaciones mantenidas durante miles de años antes de la institución de los sacramentos, incluyendo a Nuestra Señora y su casto esposo, la de San Joaquín y Santa Ana o las de todos los no cristianos que todavía existen en el mundo.

Tampoco se debe confundir “matrimonio natural” con el celebrado ante un oficial estatal. A lo largo de la historia los matrimonios han tenido diferentes “formas” de celebración y la participación del Estado en ese proceso no es esencial. Así, en muchas culturas el matrimonio es un contrato entre dos familias, cuyas solemnidades varían de caso a caso, y en otras se consuma por el rapto de la novia desde la casa de su padre. Si las sociedades modernas exigen en este proceso que el consentimiento de los cónyuges se exprese ante un agente del Estado, está dentro de sus prerrogativas.

Asimismo, cabe aclarar que no se puede identificar “matrimonio sacramental” con aquel celebrado en una iglesia católica ante un cura, puesto que entre los protestantes también existe un verdadero vínculo sacramental, que se perfecciona conforme a las prescripciones de su comunidad eclesial (a pesar de que Lutero opinaba lo contrario).

De todo esto se sigue, primero, que no se equivoca la Iglesia cuando habla de que entre cristianos el solo matrimonio civil equivale a un concubinato; y segundo, que no tendría sentido pedir que se deje de llamar “matrimonio” a relaciones que efectivamente lo son, aunque sólo sean matrimonios naturales.

Si uds. solo reconocen como verdadero a su propio matrimonio, dejen que los demás hagan lo que quieran y que lo llamen como quieran, y dejen de formar escándalo, que a fin de cuentas las demás religiones que son más antiguas que uds. (animismo, budismo, judaísmo, hinduismo, zoroastrismo, etc,) no se quejan de que uds. se consideren la religión única y verdadera ni les piden el copy right del matrimonio.

El matrimonio emana de la naturaleza humana, específicamente de la forma de reproducirse que tiene nuestra especie y de que nuestros retoños tienen un periodo de crianza ridículamente prolongado, si nos comparamos con otros mamíferos. Prueba de ello es que el matrimonio ha existido, como una institución importante para la comunidad incluso desde tiempos prehistóricos. Por eso ninguna persona, ni siquiera un pueblo o una religión, puede reclamar derechos de autor sobre él, y tampoco puede el Estado arrogarse la facultad de definirlo o modificarlo, sólo debe reconocerlo. En ese reconocimiento pueden haber diferencias asociadas a un mayor o menor desarrollo cultural, pero cuando la ley altera un elemento esencial, se convierte en una norma falsa e injusta, que debe ser combatida; y la diferencia de sexo entre los cónyuges es esencial, no sólo porque durante toda la historia se ha reconocido como tal, sino además porque es indispensable para la reproducción.

Volviendo a los comentarios en general, muchos visitantes insistían en la centralidad del amor, como por ejemplo:

Me encanta la idea del matrimonio, de unir mi vida con alguien más y celebrar nuestro amor frente a toda mi familia. Crear un proyecto de vida juntos, amparados bajo las leyes que nos ayudarán a crear una casa, una familia. […]No importa quienes la cpompongan, si es solo un padre o una madre; o una pareja gay; o una pareja hetero casada por la iglesia y que va a misa los domingos, lo importante es el amor

A juzgar por la reacción a mi post anterior hay que ser muy cuidadoso cuando uno habla de estas cosas… pero no es cierto que en cuestiones de matrimonio “lo importante es el amor”. Si así fuera, tendríamos que preguntarnos por qué no permitimos que se casen dos hermanos. La reacción habitual a este planteamiento es de ofenderse, asumiendo que se intenta hacer una comparación, pero solamente estamos revisando la regulación actual del matrimonio, y en ese contexto, es una pregunta válida. Lo cierto es que no basta el amor para casarse sino que se deben cumplir una serie de requisitos, además de la voluntad de los cónyuges (que es donde podríamos meter el amor en este esquema). Uno de ellos es que los contrayentes no estén vinculados entre sí por ciertos grados de parentesco, pero si “lo importante es el amor” ¿De dónde surge esta exigencia?

La respuesta lógica es que hay en el matrimonio algo más que el amor y ese algo es el sexo: se espera que los esposos mantengan relaciones sexuales y hay algunas que, aunque no hacen daño a nadie, todavía no estamos dispuestos a tolerar.

Faltaría explorar los otros requisitos del matrimonio, como el que los novios sean solteros, pero baste esto para establecer
que la idea de que “lo importante es el amor” es falsa, o al menos incompleta.

Dentro de los pocos comentarios que apuntan al núcleo de lo expuesto, uno señala:

Evidentemente la falsificación de dinero dinamita la credibilidad de una institución vital en el sistema financiero (el banco central) y por tanto además de tratarse de un simple robo es un delito que se persigue con especial dureza.

Por tanto su analogía no es válida, luego ya suelta todo eso de mandar mensajes a la sociedad, es decir, los derechos colectivos por delante de los individuales, puro totalitarismo argumentado sobre una concepción de la sociedad infantil que necesita ser protegida y guiada.

Me alegro que reconozca el valor de la analogía, pues efectivamente el matrimonio gay dinamita la credibilidad de una institución vital para la comunidad. Ahora bien, si la sociedad no necesita ser protegida y guiada, pues cerramos las oficinas públicas, apagamos las luces ¡y nos vamos para la casa, caramba! Es evidente que, una vez que se han satisfecho las necesidades básicas, el Estado existe para alterar la conducta externa de los ciudadanos, impidiendo aquellas que hacen daño mediante castigos, o incentivando las que se aprecian como deseables. Y si la acusación de totalitarismo se refiere solamente al matrimonio, y por lo tanto se sostiene que el Estado no debe proteger o guiar las decisiones que adopten los ciudadanos en asuntos amorosos, la respuesta es evidente: el Estado no debe legalizarlos matrimonios homosexuales ¡sino derogar su regulación del matrimonio!

En fin, bastante poco abordaje al fondo de la cuestión, para cerca de 120 comentarios ya, de lo que sólo puedo deducir que es un tema demasiado apasionante para algunos, como para conversarlo tranquilamente. Afortunadamente la discusión se ha desviado también a otros temas, como el sacrificio de Isaac, que será bueno tratar más adelante.

Anuncios
Categorías:Matrimonio
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: