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¿Puede el Infinito limitarse?

En el blog de Daniel Iglesias, un comentarista consulta:

Verá usted, me han preguntado que cómo es posible que la Segunda Persona de la Stma. Trinidad, el Hijo, que es Dios y, por tanto, infinito, pueda concretarse, limitarse en una persona concreta.

¿Existe contradicción filosófica en esto? ¿Puede el Infinito limitarse?

Espero que Daniel no se moleste por “robarle el comentario”, pero la pregunta es muy interesante, y de una u otra forma todos nos la hemos hecho. Desde luego, tratándose de un asunto atingente a la Santísima Trinidad, es algo que se encuentra envuelto en el misterio, y donde tanto nuestros conceptos como el lenguaje se muestran una y otra vez como insuficientes. Sin embargo, tal vez podamos anotar algunas ideas que nos permitan descartar las acusaciones de inconsistencia lógica en este misterio central del cristianismo.

En primer lugar, debemos recordar que al hablar de Dios como un ser infinito, estamos refiriéndonos a algo que se encuentra más allá de nuestra comprensión. Tratamos de englobar en una palabra una característica de la divinidad que no entendemos, y lo hacemos mediante una negación, pues “infinito” significa sin límites. El problema es que nosotros somos seres finitos, y todas nuestras experiencias comparten esa característica, de modo que al intentar comprender a Dios ¡no tenemos con qué compararlo! Necesariamente nos encontraremos con cosas que no entendemos.

Pero veamos si, a pesar de eso, podemos decir algo respecto de la pregunta.

Hay un principio lógico (relacionado con el principio de causalidad) que en la disciplina jurídica se expresa con el aforismo “quien puede lo más, puede lo menos”, es decir, si algo o alguien posee una característica que se puede encontrar en diferentes magnitudes, no hay razón para suponer que ese algo sólo puede encontrarse fijo en esa magnitud, y no podamos hallarlo en las magnitudes inferiores. Por ejemplo, si un motor produce una fuerza que le permite a un automóvil alcanzar los 100 km/h, no hay contradicción lógica en que ese mismo motor le imprima al vehículo 50 km/h.

Si aplicamos este principio a un ser infinito, tenemos que “ser infinito” es una magnitud superior a “ser finito” y ambas se refieren a la misma característica, por lo que no habría inconveniente en que un ser infinito se limite a un lugar y tiempo concretos. Eso parece sencillo, pero en realidad esta respuesta plantea otra pregunta: Si esto es cierto ¿Puede Dios dejar de ser Dios?

La respuesta, es que no, porque Dios no puede cambiar, y no puede cambiar porque todo cambio implica ganar o perder una perfección, lo cual sería contradictorio con Su perfección (o no era perfecto antes, o no lo es después). A su vez, que Dios sea perfecto se deduce de la definición de Dios como Ser Supremo. Parece que hemos encontrado nuestra incoherencia ¿no?

No necesariamente. Para salvar esta aparente contradicción debemos volver a la enseñanza cristiana acerca de la encarnación y la unión hipostática, y recordar que NSJC es verdadero Dios y verdadero hombre, una persona divina con dos naturalezas. (Recordemos aquí que el pecado no es parte de la naturaleza humana, sino un defecto de ella; luego, NSJC era más humano que tú o yo. Fascinante ¿no?). Con esto podemos afirmar que al ocurrir la encarnación, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad no dejó de ser Dios, pues no fue la naturaleza divina la que se limitó y cambió (cosa imposible), sino que fue la naturaleza humana la que se elevó hasta unirse a la divinidad, y en eso no hay inconveniente, porque la naturaleza humana sí es mutable.

Estamos acostumbrados a pensar en que NSJC es el pan bajado del cielo (Jn 6,58), pero si esto es cierto también podemos decir que, en la encarnación, la naturaleza humana subió al cielo por ese mismo milagro.

Addenda

En lo comentarios de Infocatólica, Andrés agrega a su consulta original:

Con todo, aun no lo tengo del todo clado. Usted dice: “no fue la naturaleza divina la que se limitó y cambió (cosa imposible), sino que fue la naturaleza humana la que se elevó hasta unirse a la divinidad.”

Eso supondría que la naturaleza humana, creada y por lo tanto finita, puede cambiar y elevarse al infinito. ¿No es esto imposible?

Como usted dice, un motor que puede ir a 100 bien puede ir a 50, pero un motor que sólo puede ir a 50, ¿puede ir a 100?

Estos temas son fascinantes, y se debatieron con pasión en cuanto la Iglesia pudo respirar con paz luego de la persecusión.

La naturaleza humana puede cambiar, en eso no hay inconveniente, y elevarse hasta encontrarse con Dios, pero ese encuentro y unión no implica que deje de ser lo que es. Dicho de otro modo, tienes razón en decir que es imposible que la naturaleza humana se convierta en infinita, pero eso no es inconveniente para que ocurra la encarnación.

En esto hay que tener presente que, como lo definieron los concilios ecuménicos, en Cristo la naturaleza humana y divina no se confunden para formar una cosa nueva sino que ambas subsisten, unidas. La naturalez humana alcanza en NSJC (y en Nuestra Señora) una perfección que sólo era posible a causa de la encarnación, pero no pasa a ser infinita, sino que sigue siendo humana… y finita.

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