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Por qué soy católico: La cuestión filosófica (parte II)

Seguimos explorando la existencia de Dios, en nuestro intento de llegar a saber si existen buenas razones para ser católico, según nos propusimos en esta entrada. Hemos dividido la cuestión acerca de la existencia de Dios en dos partes, para no alargarnos tanto, por eso recomiendo leer antes la primera parte.

Las 5 vías de Santo Tomás

¿No las conocen? Véanlas aquí ¿Ya volvieron? si las entendieron de una vez es que nacieron en el S. XIII o han estudiado extensivamente la escolástica, para el resto de nosotros vale la pena  revisarlas nuevamente, a ver si sacamos algo en limpio esta vez. Sin dudas que el tipo escribía sin concesiones, y sólo leyéndolas varias veces es posible comenzar a dilucidar qué quiere decir. Por lo mismo, para quien ha decidido que no hay pruebas porque Dios no puede existir, es fácil darles un vistazo y descartarlas.

No explicaremos cada una de las vías aquí, que bastante se ha escrito al respecto, sino que iremos directamente a los obstáculos que el hombre moderno encuentra para comprenderlas en su sentido original.

“¿Probar por el movimiento? Pero si en esa época ni siquiera conocían la gravedad. Hoy sabemos que algunas cosas no se mueven por otros que las empujen, sino por la fuerza de gravedad”

Primero que nada aclaremos que el Aquinate aquí no se refiere al movimiento en el sentido estrictamente local, de desplazarse de un lugar a otro, sino en el sentido de la filosofía escolástica, es decir, de pasar de la potencia al acto, de modo que una traducción moderna de la premisa sería “todo cambio es provocado por otro”

Pero aún así, ¿Es razonable suponer que Santo Tomás nunca vio un objeto caer, lo que bastaría para anular su argumento? ¿O que ninguno de sus alumnos u oponentes le llamó la atención sobre ese punto? ¡Hay que darle un poco más de crédito al autor, por favor! Después de todo, la premisa “todo lo que se mueve es movido por otro” no implica que sea empujado por otro. En el caso de las cosas movidas por la fuerza de gravedad, la regla se mantiene porque lo que cae es movido precisamente por la fuerza de gravedad.

“La causalidad es una categoría que asume el argumento, pero que sólo existe en nuestra mente, en la realidad sólo podemos observar correspondencia más o menos regulares”.

Negar la causalidad es absurdo, porque para hacerlo habría que demostrar esa afirmación, y toda demostración es una forma de comunicación que se traduce en una serie de expresiones (causa) que busca provocar el convencimiento en otro(efecto), y por lo tanto presupone y usa la causalidad. Es más, el mero hecho de manifestar esa idea ya es un ejercicio de causalidad, donde la causa es la idea en nuestra mente; el efecto, la expresión verbal de la misma.

Es como si, al le preguntáramos a alguien “¿Es usted mudo?” y nos respondiera en alta y melodiosa voz “Sí, lo soy, perdí el habla cuando tenía 5 años y desde entonces no he dicho ni una sola palabra”. Cuando se intenta negar la causalidad para afirmar que Dios no existe, al tiempo que se la usa para todo lo demás, sólo cabe preguntarse si nos están tomando el pelo.

“¿Por qué debemos descartar la posibilidad de que la cadena descrita se detenga en Dios? ¿No puede haber una cadena infinita o autorregresiva?”

Es cierto que en esta formulación de las pruebas de la existencia de Dios se descarta rápidamente la posibilidad de una cadena infinita, pero eso se atribuye a la misma concisión del texto, que presuponía que quien lo leyera tendría una preparación en cuestiones filosóficas.

Una regresión infinita de causas materiales supone que la materia disponible es infinita, lo cual no parece confirmado por los datos actuales que nos entrega la ciencia; y una cadena autorregresiva es imposible, para lo que basta imaginarse un círculo de fichas de dominó que caen, una tras otra, sin que ninguna disposición de las mismas permita que la última vuelva a levantarse.

“Entonces, ¿Quién creó a Dios?”

No deja de sorprenderme que esta objeción todavía encuentre acogida en tantos ateos e incluso haya sido la piedra de toque para figuras de renombre, como Bertrand Russel o Richard Dawkins, porque es pueril. La respuesta, desde luego, es “Nadie creó a Dios, porque Dios no es creado, ha existido siempre”, y esto no viola la premisa del argumento, porque la premisa no es “todo es movido por otro”, sino “todo lo que se mueve es movido por otro”. Entonces, Dios, al ser inmóvil, no necesita de otro que lo mueva o, dicho de otro modo, al ser eterno, no necesita de otro que lo cree o que lo cause.

“Vale, puede que haya algo ahí, pero eso no demuestra que ese ser sea el dios de los cristianos o de la Biblia, puede ser el big bang o el monstruo de espagueti”

Es cierto, las 5 vías son pruebas de la existencia de Dios y no de sus otro atributos, pero no es difícil seguir pensando y leyendo la Suma y para arribar a algunos de ellos, como su eternidad y omnipotencia. Como se quiera llamarlo no es relevante.

Esta es la conclusión a la que llegan muchos de los ateos modernos, incluso Dawkins admite que si las convicciones ateas se midieran en una escala de 1 a 10, él se ubicaría en un 9. En el fondo, reconocen que no tienen problemas con la existencia de Dios en sí, por lo que un mero deísmo sería aceptable, sino que se oponen a las religiones en general, y al cristianismo en particular. Dicho de otro modo, Dawkins y los suyos son, más que a-teos, anti-cristianos.

¡Pero la ciencia/evolución/progreso explica todo lo que los primitivos explicaban con sus “dioses”!

Es cierto que frecuentemente los hombres han recurrido a mitos para explicar fenómenos naturales, en muchos de ellos participaban sus dioses, y a veces (no siempre) esos relatos se integraban a las prácticas religiosas de los politeístas. Pero eso no tiene nada que ver con la cuestión filosófica acerca de la existencia de Dios, porque los hombres que creían en esos dioses nunca propusieron que alguno se identificara con el Ser Supremo al que se refieren las vías de Santo Tomás.

Las objeciones serias

Santo Tomás también anota las únicas objeciones serias a la existencia de Dios.

“Todo parece funcionar bien sin Dios, así que Dios no existe”

Aquí se agrupan extensísimas disquisiciones acerca de la ciencia, la navaja de Occam, la evolución de las especies y el fino ajuste del universo que permite su existencia. Pero como ya hemos dicho, la cuestión acerca de la existencia de Dios no es científica sino filosófica, y por lo tanto, la ciencia, entendida como un conjunto de conocimiento acerca del mundo material adquiridos a través de la observación, nunca tendrá mucho que decir al respecto.

Los que asumen que solamente el conocimiento adquirido a través del método científico cuenta con grados de certeza suficientes para una cuestión tan importante como la existencia de Dios, pueden encontrar consuelo en esta admisión (Si no puedes demostrarlo científicamente, entonces es seguro afirmar que Dios no existe), pero la premisa es evidentemente absurda, como lo mostró Descartes, al poder afirmar con plena certeza la propia existencia sin necesidad de observación científica alguna, sólo recurriendo a la lógica.

“Suceden cosas malas, luego Dios no existe”

Para el que sufre por un hijo que murió o de un cáncer incurable, hay poco consuelo en saber que el mal no existe realmente, que no es más que la privación de algo que por naturaleza nos corresponde. Santo Tomás, siguiendo a San Agustín, responde que, siendo Dios perfecta bondad, puede sacar el bien de lo que actualmente nos parece un mal, pero admitimos aquí que esta formulación es muy propia del cristianismo y tal vez no tenga sentido para un deísta, que ve al ser supremo como infinitamente indiferente al sufrimiento humano.

Y las otras

Emborrachada con los sorprendentes logros de la técnica, nuestra época desprecia a la filosofía y sus hijas, y los aportes que ella pueden hacer para conocer el mundo. “Muy bonito todo esto,” dice “pero de qué me sirve ahora, a mí”.

Así, las conversaciones acerca de la existencia de Dios suelen desviarse a aspectos técnicos: que si el big bang va al big crunch; que si existen universos paralelos y el nuestro es uno más; que si la materia no es sólida, sino formada por un vacío dentro de otro; que si la cuántica… bueno, como nadie la entiende, la cuántica sirve para cualquier cosa.

¿Mi respuesta? Mira, todo es posible, es posible que vivamos en un capítulo de La Dimensión Desconocida y que la real realidad sea algo totalmente diferente a aquello con lo que nos encontramos cada día. Tal vez vivimos en La Matriz y todas las sensaciones e ideas son alimentadas artificialmente a nuestro cerebro; tal vez se necesita un IQ de 140 y años de cursos en matemáticas avanzadas para empezar siquiera a entender la realidad; tal vez en otras partes del universo las cosas aparecen y desaparecen en el campo cuántico, y las naves interestelares no atraviesan los campos de fuerza.

Esas y miles de otras fantasías son posibles, pero mientras tanto tú y yo vivimos en un universo donde todo lo que se mueve es movido por otro, los fenómenos se encadenan causalmente, y dado un ser contingente podemos colegir la existencia de otros seres necesarios. En esta realidad que nos ha tocado vivir, suponer la existencia de un Ser Supremo y necesario es lo más lógico y razonable, y quien quiera sostener lo contrario deberá demostrarlo.

Con esto podemos concluir este somero examen del aspecto filosófico de la cuestión. En la próxima entrada comenzaremos a explorar la cuestión histórica.

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Categorías:Escépticos

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