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Ilicitud de todo aborto

Con ocasión del debate nacional acerca del aborto terapéutico, el profesor de Derecho Constitucional Antonio Bascuñán Rodríguez plantea uno de los pocos aportes interesantes a favor del aborto.

En una tribuna en El Mercurio, titulada “¿Ilicitud de todo aborto?” el profesor señala:

¿Quiénes tienen derechos? La respuesta clásica es: las personas. ¿Quiénes son personas? La respuesta clásica es: los seres racionales (que tienen alma racional). ¿Cómo se sabe que un ser es racional (tiene alma racional)? Indiscutidamente, cuando posee ciertos atributos que en general corresponden a esa combinación de capacidades cognitivas, volitivas y emotivas que paradigmáticamente poseen los seres que pertenecen a la especie humana en condición adulta.

El concepto de “persona” ha sido discutido durante mucho tiempo, y por su misma indeterminación ha servido de herramienta para las más nefastas ideologías. Incluso hoy, conforme al derecho occidental, The Coca Cola Company es persona, mientras que algunos individuo de la especie humana no lo es. Si cada cual puede definir este concepto como más le convenga y no existe ningún estándar para hablar sobre él, su uso no hace más que entorpecer el debate, y no sirve para nada.

Pero en concreto el punto de este párrafo es establecer que la calidad de “persona” es progresiva, es decir, mientras más una cosa se parezca a cierto ideal de individuo racional, emocional, intelectual, mayor grado de “personalidad” gozará esa cosa. Se ignora de este modo que el artículo 55 del Código Civil define persona como una categoría binaria (“Son personas todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condición. Divídense en chilenos y extranjeros.”), que sólo admite una respuesta de sí o no, precisamente para superar las doctrinas tradicionales que desconocían dicha calidad a los individuos de ciertas razas, edades o sexo.

El profesor continúa:

Pero incluso suponiendo que el feto humano tiene derecho a la vida, de eso no se deduce una prohibición del aborto equivalente a la prohibición del homicidio. “Deberás abstenerte de matar a otro” nunca implica entre seres humanos nacidos “deberás tolerar que otro adhiera a tu cuerpo para sobrevivir”.[…] Así pues, cuando se pretende que el problema moral que plantea el aborto consiste en la evaluación del acto que interrumpe el embarazo como si fuera un acto homicida se asume que está resuelto lo que sin embargo hay que justificar: por qué la mujer tiene el deber de tolerar el embarazo. La mera invocación del derecho a la vida no provee un fundamento suficiente para ese deber.

Recuerdo haber oído este argumento en otra formulación: Imagina que un día despiertas en tu cama y te das cuenta que acostado a tu lado se encuentra el violinista más famoso del mundo, y horrorizado te das cuenta que ha sido quirúrgicamente unido a tus riñones, que es lo único que le permite seguir viviendo ¿Sostendrías que existe el deber de tolerar esa situación? ¿No sería más natural decir que, por lamentable que fuera su condición, tú tienes la libertad de rechazar una intervención de ese tipo?

El argumento es interesante porque, al poner al feto en analogía con un sujeto adulto, termina por reconocer varios puntos que en otra época eran disputados por los abortistas: que el feto fuera un sujeto diferente de la madre, que estuviera vivo y que contara con derecho a mantener esa vida, o que fuera un ser humano. Nada de eso se discute y lo que se cuestiona es si el tener derecho a la vida, implica la obligación de otro de proveer los medios para que se ejerza ese derecho.

Don Antonio Bascuñán, con gran prudencia dice que la respuesta no se obtiene por la mera invocación del derecho a la vida y la prohibición del homicidio, pero no responde directamente a la pregunta, aunque es evidente por dónde van los tiros.

Una primera consideración es que en un caso como el de la intervención quirúrgica, donde se une a la persona a otra contra su voluntad, la legítima defensa de la integridad corporal autorizaría a revertir el procedimiento, más no a ponerle fin por cualquier modo, y se debería evaluar si existen otros medios para “desconectar” al famoso violinista en un tiempo breve y sin necesidad de matarlo.

Pero más relevante aún es considerar que la analogía es defectuosa, porque compara la situación de un niño y su madre con la relación que existe entre dos completos extraños. Si bien uno tiene la libertad de ayudar o no a los desconocidos, no ocurre lo mismo con los niños, cuyos padres por el solo hecho de serlos, tienen el deber de proveer los medios para su adecuada subsistencia, así como los hijos tienen el deber de proveer por el bienestar de sus padres en su ancianidad.

Entiendo que esto pudiera sonar extraño en nuestra época, en que el dominio del voluntarismo es tan amplio que creemos que las obligaciones sólo pueden surgir de nuestra propia voluntad (como en los contratos) y cuando es evidente que otros nos imponen su normas (como en el caso de las obligaciones legales) nos inventamos mitos acerca de un contrato social, donde habríamos dado nuestro consentimiento, o que los políticos “representan nuestra voluntad”.

Pero no son más que mitos populares, y por eso el derecho reconoce que los padres tiene el deber de cuidar de sus hijos. Así, cuando una madre deja morir de hambre a su hijo ella es responsable de homicidio, por que la relación que tenía con él la ponía en posición de velar por su adecuada alimentación; mientras que, por ejemplo, un vecino que pudo haber conocido la situación pero tampoco hizo nada, no recibe ninguna sanción. Es por esa misma posición de garante que tienen los padres respecto de sus hijos, por ese mismo interés preponderante del niño, niña o adolescente frente a los adultos, que la mujer tiene la obligación de tolerar que su hijo se desarrolle hasta que sea capaz de valerse por sí mismo, y la prohibición al aborto se mantiene.

No deja de ser paradójico que nuestra época busque sancionar con severas penas al amo que abandona a sus perros, y sin embargo aboga por la más absoluta licitud de la conducta de la madre que procura la muerte de su hijo.

En conclusión, efectivamente como dice el profesor Bascuñán, la apelación al derecho a la vida no responde por sí sola el problema del aborto, sino que es más bien una respuesta a los argumentos abortistas de que el feto no sería un individuo de la especie humana, y que por lo tanto podría ser muerto libremente. Para arribar a la prohibición general del aborto se debe además considerar el deber que tienen los padres de cuidar de sus hijos, deber que no depende de la voluntad, sino de la mera existencia de esa relación.

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Categorías:Pro-vida
  1. 5/01/11 en 1:39 am

    Hola Pato,

    No se si has oido hablar de Peter Singer. El es un filosofo muy en la onda de eso de q los ninnos no nacidos son humanos, pero no personas. Aprueba el infanticidio y la eutanasia.

    Lo que me parece mas destacable de este personaje es q su madre sufria de alzheimers en un estado avanzado, por lo q en su definicion, ella ya no era persona y habria q matarla (o ayudarla a morir como le gusta decir a esta gente),lo q “curiosamente” en su caso, no se llevo a cabo.

    Saludos

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