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La Iglesia no prohíbe el condón

Tal como lamentábamos hace unos días que Stephen Hawking declarara que el universo pudo haber sido creado sin Dios, a días de publicarse un nuevo libro suyo, como una mera estrategia para aumentar las ventas, no podemos dejar de pensar que algo parecido ha ocurrido con la polémica sucitada por la supuesta apertura a los condones que vendría incluida en la entrevista a Benedicto XVI, que se publicará en estos días bajo el título “Luz del Mundo”.

A los católicos que han leído con sorpresa los titulares de los diarios y la TV al respecto, me gustaría transmitirles tranquilidad, porque aquí no ha cambiado nada, ni el Papa ha dicho algo que no se supiera.

Sólo recuerden cómo hace algunos era objeto de ácida polémica titular “El Vaticano se abre a la posibilidad de tener sacerdotes casados”, pero hoy en día cada vez más gente sabe que (1) el celibato es una norma disciplinaria y no dogmática, y que (2) el admirable sacrificio de nuestros sacerdotes produce cada día más y más santos.

A los esbirros de la cultura de la muerte, en tanto, les pido que lean a continuación, y luego me digan si las palabras del Papa son la victoria para su bando, que se apresuraron en celebrar.

Primero que nada, conviene leer la excelente traducción de los extractos del libro que hizo La Buhardilla de Jerónimo, para tener un adecuado contexto. El párrafo atribuido al Papa y que provocó la polémica es el siguiente:

“Pueden haber casos particulares justificados, por ejemplo cuando una prostituta usa un profiláctico, y ésto puede ser un primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar nuevamente la consciencia del hecho que no todo está permitido y no se puede hacer todo lo que uno desea”

Advertimos desde ya que la versión en español del párrafo contendría una imprecisión importante, como se verá, pero empecemos por el principio.

La doctrina tradicional del catolicismo fue reiterada por Paulo VI en la profética encíclica Humanae Vitae, donde se indica “la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador” y a partir de esto lógicamente se sigue que “queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación“.

De esta enseñanza, que por ser mantenida a lo largo del tiempo se considera expresión de la infalibilidad de la Iglesia, se concluye que nunca es moralmente lícito usar un condón en su uso normal, es decir, para impedir la procreación, aún cuando fueran eficaces en impedir el contagio de una enfermedad.

Pero aquí viene lo interesante, porque Humanae Vitae no habla de una “relación sexual”, sino de un “acto conyugal“, conceptos que no son sinónimos, pues un acto conyugal es una relación sexual, pero no toda relación sexual ocurre entre esposos, para ser considerada como un acto conyugal. De este modo, el Papa Paulo VI optó por no emitir un pronunciamiento respecto de las situaciones que ocurren en las relaciones sexuales fuera del matrimonio, dejando así la puerta abierta para futuras reflexiones al respecto, las que pueden concluir que las mismas prevenciones se aplican a todas las relaciones sexuales, o no.

Quienes vean como conveniente una condena más amplia a los anticonceptivos pueden cuestionar la decisión papal de haber limitado la enseñanza de Humanae Vitae sólo a los actos conyugales, pero si toda relación sexual fuera del matrimonio es evidentemente inmoral ¿necesitamos una declaración infalible de la Iglesia que nos diga que no debemos involucrarnos en ellas?

En el otro extremo de reacciones posibles a esta doctrina, se dice que es demasiado elevada, y que la Iglesia podría admitir otras soluciones más “pastorales”, que acogieran las realidades de personas que dicen “Dura es esta palabra ¿quién la puede oir?”. Para responder a esto, déjenme ponerles un ejemplo: Si durante la dictadura militar en Chile se hubiera ordenado a los oficiales torturar y ejecutar a los prisioneros políticos ¿Debería la Iglesia emitir una declaración diciendo que es mejor matar a los prisioneros rápidamente y no torturarlos antes? Es evidente que no, que la circunstancia de que ciertas personas hagan oídos sordos al mensaje cristiano no es un motivo suficiente para “suavizarlo”, y se corre el riesgo de que otros entiendan que, si no la tortura, al menos la Iglesia apoya la ejecución.

En parte, precisamente eso es lo que ha ocurrido con lo dicho por el Papa: Aunque Benedicto XVI se las arregla para repetir varias veces en dos párrafos que el condón no es la solución para el SIDA, lo único que sale publicado es que la Iglesia ahora apoya el condón, y los personeros de la ONU celebran las declaraciones, y a renglón seguido admiten ¡que no las ha leído!

Específicamente el Papa mencionó un ejemplo de un caso donde puede ser justificado usar condón, que (1) está en plena consonancia con lo enseñado en Humanae Vitae, pues no se refiere a un acto conyugal, (2) no dice que esté justificado, sólo menciona la posibilidad, y (3) lo hace en una entrevista, que no conlleva ningún peso magisterial.

Cabe mencionar además que se incurrió en una falta grave al momento de hacer la traducción al español del texto en cuestión, pues, según nos informa Jimmy Akin, en el original italiano, Benedicto XVI no se refiere a una prostituta, sino a un sujeto que ejerce la prostitución masculina.

La diferencia es relevante, porque entonces no sólo no estamos ante un acto conyugal, sino que existen serias dudas de que se trate de una relación sexual, ya que las actividades de este tipo entre varones se parecen mucho más a una masturbación, de modo que el condón, usado en ese contexto, nunca puede tener por objetivo “hacer imposible la procreación”. El condón en una relación entre hombres, apenas alcanza a tener una finalidad higiénica, y nunca será una medida anticonceptiva.

Recordemos además, que la Iglesia no “prohíbe el condón”, porque un objeto (sea una píldora, un arma, una pantalla) nunca será bueno o malo en sí, sino que dependerá del uso que se le dé. Así, un arma usada para matar a otro puede ser buena, si se cumplen los requisitos de la legítima defensa, o mala, cuando se comete un asesinato. En cambio, la Iglesia prohíbe actos, en este caso “hacer imposible la procreación”, y no cosas, por difícil que sea encontrar un buen uso para el condón.

Addenda: ¡Ya encontré un buen uso para el condón! Cubrir la sonda durante una ecografía transvaginal.

Por todo esto podemos decir que, desde un punto de vista doctrinal, no ha pasado nada de lo que valga la pena preocuparse. Pero claro, los periódicos no están para sutilezas de ese tipo y les conviene pensar en frase cortas del tipo “La Iglesia Prohíbe el condón” o “Se abre al condón”, y todo eso nos lleva a la pregunta de si era conveniente o no que el Papa hiciera esas declaraciones, pero eso lo dejaremos para una entrada posterior.

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