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Más sobre estabilidad en el matrimonio

En nuestra anterior entrada acerca del matrimonio, musa reconoció como propio el comentario que la encabezaba y puso un extenso comentario, que amerita una respuesta tan bien desarrollada como la suya.

Pero antes, algunas aclaraciones.

En primer término, se debe tener en mente que lo que exploramos aquí es una especie de reductio ad absurdum: si el matrimonio no es nada más que un compromiso de amor y fidelidad, se sigue de esto que es necesario derogar la regulación estatal del matrimonio; como tal conclusión es absurda, sólo podemos afirmar que la premisa (el matrimonio es sólo amor y fidelidad) también lo es.

Conversando sobre este tema en otros foros, me he encontrado con liberales y feministas que me han dicho “efectivamente, el matrimonio no es más que un atavismo y eventualmente dejará de existir”. No es esa mi opinión, y creo que tampoco es la de musa, lo que deduzco de su insistencia en preservar la regulación pública de la unión conyugal.

Mi intención, entonces, es dar argumentos para conservar y aumentar la relevancia que tiene el matrimonio en la sociedad, pero también que lo hagamos por las razones adecuadas, lo que a su vez nos permitirá distinguir un matrimonio verdadero de otro que no lo es, y avanzar hacia una legislación más favorable para todas las personas involucradas en él.

Lo que tenemos hoy en día es una verdadera política de “no preguntes, no digas”, que en un ámbito tan importante, es la peor respuesta posible.

Dice musa:

No veo por qué hay que derogarlo si se trata de un contrato público necesario, en la medida en que las parejas tienen descendencia y las leyes necesitan estos contratos para resolver la atención debida a los hijos, las legítimas herencias, los usufructos, etc.

Existen lo contratos públicos, aquellos en los que interviene el Estado, y los privados, que celebran los particulares entre sí. Tradicionalmente el matrimonio era un contrato público, en que el representante del gobierno casaba por su autoridad a los contrayentes, pero el catolicismo occidental ha avanzado la idea de que no es el sacerdote el que imparte el sacramento, sino los contrayentes los que lo confiere mutuamente.

Actualmente la mayoría lo consideraría un contrato privado, donde lo esencial es la voluntad de los novios, y el consentimiento de nadie más, menos de Estado, debería intervenir.

Hay responsabilidades que los contrayentes están obligados a cumplir por ley más allá del amor, el respeto o la fidelidad/infedilidad, en los cuales el Estado ni entra ni sale, como es obvio, ya que eso entra en la esfera privada e íntima de cada cual.

Este es precisamente el meollo de nuestra conversación ¿Cuáles son esas responsabilidades, más allá del amor y la fidelidad? ¿De dónde nacen? Si surgen de un deber religioso (como casarse en el recinto de una iglesia, para los católicos), estamos de acuerdo en que no pueden ser objeto de una regulación estatal, ¿pero si son otras las fuentes?

Es más razonable y necesario socialmente el matrimonio civil que el religioso. Al fin y al cabo, el matrimonio religioso sirve de poco si no se acomete el proceso civil y judicial, pues es el verdaderamente efectivo para el mundo en el que, guste o no, vivimos. Que luego cada uno piense en el matrimonio como algo trascendente no deja de estar sujeto al más profundo y recóndito ámbito de la conciencia de cada cual. Sin embargo, el contrato matrimonial civil responde pragmáticamente a la realidad legislativa que hemos acordado. Es necesario y oportuno a mi jucicio.

Je je, que las leyes sobre el este u otro asuntos sean producto de un amplio acuerdo social es un tema altamente dudoso, en mi opinión, pero no es el punto ahora.

El matrimonio civil es el “verdaderamente efectivo para el mundo” por un simple tema de costumbre. En caso que se derogara, el hecho de estar casados se convertiría en un mero problema de prueba, y no se produciría ninguna debacle. De hecho podría dar paso a soluciones más justas en tribunales, pues hay muchas parejas que sin estar casadas viven como tal, y viceversa.

Vista su oportuna declaración pública, legal y civil del matrimonio, no veo por qué cada cual no puede llamar matrimonio y representar de la forma que quiera las uniones (ya estas sí de completo ámbito privado, tanto para su enlace como para su disolución). En eso debe haber libertad siempre y cuando no vaya en contra de las leyes vigentes acerca de las responsabilidades y derechos que adquieren los contrayentes.

Me parece que este párrafo es contradictorio: las “leyes vigentes” pueden decir que en una declaración pública y legal asumes el compromiso de no divorciarte, y estoy seguro que no estarás de acuerdo con eso.

En conclusión, no sé de dónde sacas que fundamentar el matrimonio en el amor, el respeto y la fidelidad deslegitima las responsabilidades que los padres tienen con los hijos legalmente. Más al contrario, me reafirmo, y es una opinión personal, que un matrimonio sin esos componentes no es más que una farsa.

Reviso y reviso mis palabras, y no encuentro cómo alguien podría quedar con la idea de que el matrimonio “deslegitima las responsabilidades de los padres”.

No te olvides, por otra parte, que tanto el niño que ha sufrido la ausencia del padre o de la madre en el hogar familiar por una causa voluntaria no borra el sufrimiento de aquellos que han crecido en un hogar donde, a pesar de conservar el matrimonio, el amor ha estado ausente. Ambiente propicio para las peleas, las malas caras y, en definitiva, la infelicidad familiar que, sin duda, acabará pasando factura a los hijos. El amor puede y es entendido de muchas formas y maneras… el Estado solo debe velar por el mejor ámbito de crecimiento del niño así como los legítimos derechos de los contrayentes

.

Buscar el mejor ámbito de crecimiento de los hijos es una excelente razón para otorgar al matrimonio reconocimiento legal y estabilidad, más allá de los sentimientos de los contrayentes, pero luego se nos dirá que los infértiles, ancianos u homosexuales no podrían casarse, y nadie quiere eso ¿o no?

Conflictos en las parejas siempre habrá, pero debo aclarar que proponer la estabilidad en el matrimonio no implica mantener las peleas ni la violencia. En tales casos la separación es una opción más conveniente, con la ventaja que el niño sabe que no tiene que competir con otra familia por la atención de su padre.

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Categorías:Matrimonio
  1. kewois
    9/09/10 en 9:56 am

    Yo sigo pensando que es todo un problema de terminología.

    Si quizás el matrimonio civil se llamase “unión legal” y dejaríamos la palabra “matrimonio” solo para el ámbito religioso tendrías menos objeciones.

    Es decir TODOS los que deseen formalizar algo deben pasar por la “unión legal” (idéntica a lo que es hoy el matrimonio civil) luego la gente que es religiosa celebra su “matrimonio”

    Un ejemplo seria. Yo puedo concretar y tener una amistad. Puedo incluso hacer algún tipo de ceremonia que ritualice o celebre esa amistad.Puedo hacer digamos un juramento de amistad ante mi comunidad. Por otro lado si quiero establecer una relación económica con mi amigo (poner un negocio juntos, tener propiedades en común, etc) celebro un contrato.

    Saludos
    Kewois

    • 9/09/10 en 9:46 pm

      Si el matrimonio civil se derogase y estableciera una “unión legal” (como parece que se propuso en Argentina) tendría una razón para creer que son sinceros en su afán de regular una situación concreta, y no intentan hacernos a todos aprobar y celebrar el estilo de vida gay.

      Todavía estaría la pregunta de por qué se establece una regulación inflexible para un contrato entre particulares, pero ganarían puntos en coherencia.

  2. Kewois
    9/09/10 en 11:17 pm

    Se propuso pero fue rechazada por los grupos de homosexuales.
    Querian explícitamente la palabra matrimonio y no un eufemismo o sinónimo por más que la ley fuese en la práctica y en los derechos y obligaciones la misma cosa.

    Kewois

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