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Crisis en la Iglesia

A juzgar por los titulares en medios de prensa seculares, parece que desde hace unos 5 a 10 años nuestra vieja Iglesia hubiera estado en una crisis permanente, gatillada por los escándalos de abuso sexual de los sacerdotes a menores de edad, y se encontrara a punto de desbandarse en un gran acto de penitencia, o, al menos, de que el Papa pusiera su cargo a disposición del Consejo de Seguridad de la ONU, para que ese órgano decidiera qué hacer con San Pedro y las demás obras de arte que hasta ahora han albergado los templos católicos.

Puede parecer que exagero, pero no conviene olvidar que en lo referido a periodismo religioso, la mayor parte de la población no suele ir más allá de los titulares, y esa es una mayoría a la que nuestra misión evangelizadora no nos permite ignorar.

Existe otro “nivel de análisis”, alimentado por una nube amorfa de columnistas, bloggers, ensayistas y disidentes, que no se diferencian demasiado en cuanto a la conclusión de que la Iglesia se encuentra en una crisis terminal, pero sí en lo relativo a los tiempos. Según esta corriente, la Iglesia estaría en una coyuntura donde debería optar entre el colapso o la modernización, situación a la que se habría visto arrastrada por la evolución (mágica palabra) de la sociedad occidental en los últimos años, cuyo sentido puede variar según el tema favorito del autor (revolución sexual, liberación femenina, irrupción de los medios de comunicación, falta de vocaciones, y un largo etc.). Estos “analistas” remontan la crisis más atrás hacia el pasado, llegando incluso hasta la época del fin de la 2a Guerra Mundial, y hacia el futuro, estimando un poco más de vida para la Iglesia, pero en todo caso esperando ser testigos en el curso de sus vidas del colapso y cesión de poder a la ONU.

¿Cómo reaccionar ante esta “crisis permanente”?

Una de las cosas que más me gusta de la Iglesia Católica, aparte de que enseña la verdad y que puede perdonar mis pecados, es que sus largos años en este mundo nos otorgan una perspectiva histórica única para enfrentar los titulares de los noticiarios, lo que a su vez nos permite vivir mucho más tranquilos.

Esa misma perspectiva nos autoriza a preguntarnos: de las crisis que ha sufrido la Iglesia durante 2000 años ¿Cuál es la mayor?

Sin dudas que la respuesta a esa pregunta tendrá que ser el juicio y ejecución de su líder y fundador a manos de las autoridades romanas y judías, ocurrido en el año 33, y posterior dispersión de su círculo interno de seguidores. No se trata de dar una “respuesta ingeniosa” a mi propia pregunta, sino de constatar un evento histórico único y hasta milagroso.

En efecto, muchos hombres a lo largo de la historia se han propuesto reunir un grupo en torno a determinadas doctrinas religiosas (y en los hechos fundar una religión), y la gran mayoría de ellos han fracasado en ese intento. Si bien algunos logran establecer un cuerpo cohesionado y distintivo, pocos han continuado más allá de la segunda o tercera generación de seguidores, y aún cuando esos han comenzado con mucha fuerza, la persecución por parte del Estado los ha llevado a desaparecer.

Por el contrario, si bien muchos “fundadores exitosos” de una religión han sufrido persecuciones en uno u otro momentos de sus vidas, todos ellos han muerto rodeado de sus seguidores, y con un importante poder político ellos mismos, o respaldados por las autoridades de su tiempo.

En este sentido el cristianismo es un caso único en la historia de las religiones, pues, su líder y fundador de un grupo religioso fue condenado como criminal por la autoridad política y ejecutado públicamente, y a pesar de eso el grupo que fundó llegó a convertirse en una religión del alcance global, lo que es un antecedente relevante cuando se trata de evaluar la capacidad del cristianismo de sobrevivir a las crisis.

¿Siguiente crisis en orden de gravedad en la historia cristiana?

Necesariamente debemos remitirnos a las persecusiones sufridas por los cristianos bajo los emperadores romanos.

En Occidente, donde estamos acostumbrados a que el Estado nos sigua desde la cuna (si logramos sobrevivir al aborto) hasta la tumba (si no fue el mismo Estado el que nos mató), el poder del imperio romano puede parecernos algo limitado, pero a nadie cabe duda que fue la organización política de mayor poder y fuerza civilizadora que haya conocido la humanidad hasta ese momento… y eran unos salvajes. Nuestra historia suele enfocarse en aquellos que perseveraron, pero basta conocer la naturaleza humana para afirmar que ante la amenaza de torturas y muerte, el número de apóstatas era muy superior al de mártires, y esa fue una verdadera crisis.

Como cristianos hablamos frecuentemente de persecusión, porque cada día se hace más frecuente, dura y evidente, pero creo que podemos afirmar con certeza que ninguno de nosotros espera ser muerto públicamente en medio de los vítores de una multitud hostil, y con la posibilidad abierta de renegar de la fe para salvar el pellejo.

Y sin embargo, eso fue lo que tuvieron que soportar los mártires para transmitirnos la fe, por lo que nuestra deuda con ellos nunca podrá ser saldada. Eso es una crisis, y de ella la Iglesia salió triunfante, no destruyendo a sus enemigos, sino convirtiendo a todo un Imperio.

La magnitud siguiente en cuanto a las crisis a las que ha sobrevivido la Iglesia es discutible, pudiendo mencionar la reforma protestante, el cisma de oriente y las cruzadas, la herejía arriana, las controversias con los judaizantes que resolvió el primer concilio de Jerusalén, o los conflictos con los antipapas medievales.

Lo que sí es evidente es que esto, que a los medios masivos les gusta llamar “crisis” no guarda ninguna relación de importancia con otras, las verdaderas crisis que ha sufrido la Iglesia, y de las cuales ha salido adelante, más o menos herida pero siempre triunfante.

Todos tenemos la tendencia a lamentarnos acerca de la moral de nuestros actuales líderes, pero eso implica olvidar que la mayoría de las crisis de la Iglesia se vivieron en medio de y tuvieron por causa un profundo deterioro moral entre el clero y los fieles, me atrevería a decir que mucho mayor del que conocemos hoy en día.

Tampoco se trata de quedarnos tranquilos; estos son los tiempos en que nos ha tocado vivir, y es nuestro deber cristiano hacer lo posible para que la Esposa de Cristo se presente lo más inmaculada posible, pero hay que hacerlo con esperanza y alegría, firmemente fundados en las lecciones que nos entrega la historia.

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Categorías:Historia
  1. 28/07/10 en 8:59 pm

    El Señor ha dicho “Confiad, Yo he vencido al mundo”. Y yo le creo

  2. 29/07/10 en 10:28 pm

    Siempre han existido crisis en la Iglesia y siempre por las mismas razones: “la humanidad caída de los miembros del Cuerpo Místico”. Es una pena que desde el Vaticano II se hayan sucedido una serie de “situaciones” que alejan a los fieles de la Grey. Sacerdotes que se creen psicólogos o sociólogos; Misas que parecen cenas protestantes o convivencias comunitarias; Predicación de una doctrina “flexible” y no la perenne que siempre ha caracterizado la Infalibilidad Eclesial.
    Lo más grave es el escándalo de la pérdida de las almas… unas se van a sectas de todo tipo, otras simplemente pierden la poca fe que tenían, otras ayudan a desprestigiar a la Madre… principalmente los ateos y los amigos del Mandil.
    En fin, sine Cruce nequa Luce… a pesar de que el mundo termine, aunque la conflagración de la tierra se precipite ya sobre nosotros… NUNCA olvidemos la palabras del Maestro: las puertas del infierno no prevalecerán!!!

  3. Rodolfo Plata
    3/08/10 en 9:01 am

    Para evitar la muerte anunciada de la Iglesia, la religión y la Iglesia deben perfeccionarse estructurando la fe conforme a la razón, y erradicando el celibato, la explotación laboral de los religiosos consagrados y el autoritarismo. Benedicto XVI de mutuo propio o colegidamente puede hacerlo, sin embargo no lo hace, debido a su ineptitud.

    • 3/08/10 en 4:18 pm

      La Iglesia se estructura, no conforme a lo que cada uno cree que son los ideales políticos de su tiempo, sino a lo que ordena NSJC.

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