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Vuelvo a casa

Vuelto a mi querida tierra, doy noticia de ello a los que nos honran con sus visitas y comentarios.

De mi viaje poco diré, por dos motivos: por el escaso interés que puedan tener mis experiencias personales para los temas sobre los que conversamos, y porque cualquier conclusión estará teñida por la visión del turista, que, junto a la del periodista, es de las más parciales y equívocas que existen.

Con tales advertencias, permítaseme comentar un par de ideas recurrentes durante mi visita al viejo continente.

La primera ¡Que continente tan católico! Y no es por ser triunfalista, no dudo que muchas de las leyes que pasan los gobiernos europeos se alejan cada día de sus raíces cristianas, y seguramente la mayoría de los gobernados viven según los principios de esas mismas leyes, pero si Europa se ha construido sobre una identidad cristiana en 1700 años de historia, el esfuerzo para borrar de ella la marca del evangelio es una empresa que con mucho sobrepasa el transcurso de unas pocas generaciones.

Tal vez es cierto que el cristianismo pierde terreno día a día, muchas iglesias han sido convertidas en museos y conventos en oficinas gubernamentales, pero hay tantas catedrales, pinturas y esculturas dedicadas al mensaje del evangelio, que no puedo dejar de recordar el evangelio de San Lucas

19:39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40 Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Sin dudas, si Europa llegara a silenciar a los cristianos, esas piedras seguirían clamando el mensaje.

Lo segundo que me vino a la mente mientras paseaba en medio de una obra monumental tras otra, es lo difícil que debe ser crecer ahí. El individualismo que bombea desde los EUA nos impone a cada uno la necesidad de “dejar huella” y “ser original”, pero contemplando lo que ya está hecho ¿a qué podría aspirar un joven? ¿a ser un escultor mejor que Miguel Ángel? ¿a construir una catedral más gótica? prácticamente lo único que le queda es revelarse contra todo lo pasado y tratar de crear todo desde cero. En ese contexto, casi comprendo la rebeldía, y la necesidad del llamado “arte moderno”. Casi, porque fuimos a un museo de arte moderno, y sigue siendo feo y absurdo.

Cuando leo a mis autores favoritos, Tolkien, Chesterton, habitualmente me dan ganas de imitarlos y probar mis habilidades como escritor, pero luego me pregunto qué sentido tendría dedicar tiempo y esfuerzo en una empresa que nunca se compararía a lo hecho por ellos. Mejor disfrutarlos y aprender de ellos. Algo parecido creo que debería sentir un pintor, escultor o arquitecto creciendo en Europa.

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  1. 5/04/10 en 4:37 pm

    Ese catolicismo europeo del que hablas se ha quedado, en su mayor parte, en algo “cultural”. Una de las cosas que más enfermo me ponen en este mundo es estar en una de esas maravillosas catedrales oyendo Misa (que es para lo que están) y ver pasar grupos y más grupos de turistas a los que les trae absolutamente sin cuidado lo que DE VERDAD está ocurriendo allí en ese momento. Me da por pensar que lo mejor que le podría ocurrir a la Iglesia es que todas esas maravillosas catedrales se vinieran abajo y volver a empezar a partir de comunidades pequeñas, en iglesias modestas en su tamaño (que no en su riqueza interior) y bien enlazadas unas con otras bajo el Papa y sus obispos. Ya sabes lo de las minorías creativas de Toynbee-Ratzinger.

    Tu segundo párrafo (lo del individualismo) es el viejo problema Tradición-Revolución. Se puede, con humildad, caminar sobre “hombros de gigantes” (lo que nos ha sido dado, la Tradición en su concepto más amplio) y construir desde ahí y dejar huella. O bien se puede uno revelar en toda su soberbia y pretender que lo anterior no vale, que son cosas rancias y superadas, e intentar pretenciosamente construir cosas completamente ex-novo. Y entonces de la soberbia se pasa a la desesperación cuando uno se da cuenta de lo que decía D’Ors: “Lo que no es tradición, es plagio”, y un adefesio, añado yo.

    Comparto tu último párrafo, pero con el tiempo me doy cuenta que hay gente que es capaz de hacer lo de Tolkien y Chesterton trasladándolo a hoy (hombros de gigantes, etc….) y pienso que si estos pueden a lo mejor con un poco de esfuerzo yo (y tu) también. Lo que nos falta es posiblemente coraje.

  2. 6/04/10 en 11:52 am

    No me cabe duda que la mayoría del catolicismo es cultural, pero es la condición humana nada más, al igual como la mayoría del islam o del budismo es cultural. Pero igual tiene valor, pienso en un Leonardo, que sin ser ningún santo, de todas formas hizo las madonnas más hermosas, y esas imágenes tienen un mensaje poderoso que entregar.

    Por cierto, yo también espero la Iglesia de las minorías creativas, diría que es el hábitat natural de la Iglesia.

    A lo mismo que explicas sobre la soberbia y la desesperación, apuntaba yo al mencionar el individualismo gringo.

    ¿Me falta coraje? tal vez me falta esperanza y mi cobardía sea un pecado contra esa virtud. En fin, ya era hora de ir a confesarse.

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