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Pruebas extraordinarias

Ya en varias oportunidades me he encontrado que los escépticos gustan de terminar sus argumentaciones con el aforismo

Hechos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias

Para ellos no es más que un slogan, porque parten de la base que tales “pruebas extraordinarias” no existen, pero para mí, que son un abogado, y vivo de pensar en qué se debe probar, cómo y cuándo hacerlo, he decidido analizar esta frase.

En primer lugar, vemos que se habla de “hechos extraordinarios”, expresión que lleva implícta una distinción entre eventos que podríamos calificar de “ordinarios” y otros “extraordinarios”. Es evidente que para creer en hechos ordinarios, uno no necesita prueba alguna, basta con la experiencia personal y la lógica.

Por ejemplo, si un desconocido me dice que tiene un perro que respira (hecho ordinario) seguramente no le pediré pruebas de ello, me bastará con su palabra, la experiencia (que me dice que todos los animales terrestres vivos respiran, y que es habitual que las personas posean perros) y un simple silogismo (todos los perros respiran/este es un perro//este perro respira) para dar por cierto lo que se me dice… no hay pruebas, ni ordinarias ni extraordinarias envueltas aquí, a menos que se considere que la sola palabra de un desconocido es una especie de proto-prueba.

¿Cuándo cambia esta “actitud básica”? ¿Cuándo empezamos a desconfiar de los demás?

Pues cuando lo que se afirma se aleja de nuestra experiencia personal habitual, y cuando lo que se afirma beneficia a quien lo dice.

Por ejemplo, la gran mayoría de las personas no se ha encontrado nunca con un perro verde, y si bien el concepto no tiene nada de ilógico en sí mismo, si alguien nos dice que tiene un perro de ese color, nuestra reacción natural será dudar de ello, porque nunca hemos visto uno, ni hemos escuchado de que exista tal criatura. Es lo que podríamos llamar un hecho extraordinario, y en ese momento parece justificado exigir pruebas.

Pero ¿pruebas ordinarias o extraordinarias? ese es el meollo del asunto, porque en sentido estricto, toda prueba es ordinaria. Desde la más sencilla de las evidencias, como el testigo que se presenta a un juicio, hasta el más complejo peritaje científico, todas son “pruebas ordinarias” que vienen a demostrar un hecho extraordinario, algo que no ocurre todos los días o que no forma parte del curso normal de los hechos: que Juan mató a Diego, que Pedro violó a Ana, que Pablo no le pagó a José.

Si esto es así ¿qué sería una “prueba extraordinaria”? No se nos dice.

Ciertamente que la fuerza probatoria guarda relación con la frecuencia con que ocurre un hecho: Por ejemplo, si ocurre el robo de un auto en un barrio pobre, el auto se encuentra en poder de una persona que ha sido condenada antes por ese delito, y a quien la víctima no conoce previamente, seguramente bastará con su declaración para condenar al sujeto, pero si el acusado resulta ser el cuñado del dueño del auto, es razonable pedir más pruebas para aclarar si la presunta víctima no le prestó el vehículo a su familiar ¿Por qué? pues porque no resulta conforme a la experiencia habitual que las personas presten su automóvil a desconocidos, y sí que es común que lo hagan con sus cercanos.

Pero aún en un caso tan extraordinario como que alguien sufra un robo dentro de la propia familia, las pruebas para condenar al cuñado serán ordinarias: tal vez otro testigo que, sin conocer al acusado, diga que lo vio forzando la chapa del vehículo. Pero nuevamente queda en el misterio a qué se le podría llamar una “prueba extraordinaria”.

El otro factor mancionado como fuente de desconfianza es el beneficio, es decir, que exista una ventaja para el que nos cuenta de un hecho. A modo de ilustración, digamos que poseer mascotas es lo más natural del mundo, y a nadie llama la atención que alguien diga “yo tengo un perro”, pero si el gobierno ha establecido un beneficio asociado a la posesión de ciertos animales, lo natural es que la oficina encargada de entregarlo exiga alguna prueba de que se cuida de una mascota. ¿Por qué esto es así? porque la experiencia nos dice que, a pesar de que nuestra cultura pone un gran énfasis en la veracidad, hay factores, como la perspectiva de recibir dinero, que disminuyen el apego que pueda sentir una persona a decir la verdad. Es por eso que en los juicios los testigos prestan su declaración bajo juramento: para crear en ellos un factor, sea el temor a Dios o a la sanción por perjuirio, que les lleve a vencer aquellos factores que los puedan alejar de la verdad.

Una manifestación contraria de este mismo factor ocurre cuando alguien confiesa algún hecho que le resulta perjudicial. Si uno confiesa haber cometido un delito, y desde su propia perspectiva no obtiene de ello más que la sanción correspondiente, lo normal será darle pleno valor a esa declaració y no exigir otras pruebas.

Los lectores observadores, como los que suelen comentar en este blog, habrán notado que los factores que nos permiten mantener una actitud general de confianza hacia las afirmaciones de otros son dos (la experiencia y la lógica) pero sólo el contravenir la experiencia se menciona entre los aspectos que nos hacen dudar. ¿Qué ocurre con la lógica?

Lo que pasa es que nuestra cultura ha levantado la lógica a un nivel superior a la experiencia, de modo que, si bien nos resulta posible admitir que existen fenómenos ajenos a nuestra experiencia, no estamos (en general) dispuestos a aceptar fenómenos que escapen a la lógica. Por ejemplo, si alguien nos dice que puede dibujar un círculo de 4 lados, simplemente le decimos “eso es absurdo” y no le damos más vueltas al asunto; o si un ciego nos dice que vio cómo se cometió un crimeno, no cavilamos acerca de la distancia a la que pudo haber estado o si obtiene algún beneficio por decir eso, nos limitamos a catalogar de mentiroso sin más, porque por definición un ciego no tiene la capacidad de usar sus ojos.

Y es en este punto que dejamos los ejemplos judiciales y volvemos a empalmar con el tema de los escépticos y los milagros, porque la distinción entre lógica y experiencia puede parecer clara en una primera exposición, pero se vuelve cada vez más nebulosa cuando se comienza a combinar con el concepto que cada uno tiene del mundo.

Así, una corte en una nación donde es creencia común la existencia de un tercer ojo, no material, que puede funcionar como un sexto sentido visual, podría admitir el testimonio de un ciego como prueba de un homicidio, cosa que resulta absurda en occidente.

De igual modo, un escéptico que adhiera a una visión estrictamente mecanicista del universo, juzgará imposible la existencia de fenómenos ubicados fuera de la cadena causal de eventos, y aún aquellos eventos que parecen no estar sujetos a causalidad (como la conciencia) serán atribuidos a la ignorancia de todos los factores antes que a un error en la cosmovisión.

Los creyentes también empleamos el mismo mecanismo, por ejemplo cuando alguien nos hace notar la contradicción entre los mútiples y evidentes males que ocurren en el mundo (pienso en el terremoto de Haití) y nuestra afirmación de un Dios providente y bueno, momento en que recurrimos a nuestra ignorancia de los motivos de Dios para actuar de un modo u otro.

En todo caso, existe una diferencia entre el acercamiento del creyente y del mecanicista a esta apelación a la ignorancia, y es que en la cosmovisión cristiana la ignorancia forma parte del sistema, pues por definición nunca llegaremos a comprender totalmente a Dios, mientras que el mecanicista precisamente afirma que, de conocer todos los factores, será capaz de prodecir todos los resultados. En esta dicotomía los escépticos suelen introducir una tercera posibilidad, llamada mecánica cuántica, que comprendería la posibilidad de eventos afectados por la incertidumbre, pero los fundamentos de esta mecánica se hallan en observaciones tan particulares y matemáticas tan avanzadas, que para el 99% de los escépticos equivale a una fe, es decir, sólo pueden confiar en lo que otros han dicho.

Esta influencia de la cosmovisión hace que lo que se considera posible para unos (por ejemplo, que Dios haga un milagro) sea absurdo para otros, y recordemos que es imposible probar lo absurdo.

Así, los cristianos apilamos pruebas y pruebas de hechos milagrosos que acreditan la veracidad de nuestra fe: De la resurrección de NSJC tenemos 11 testigos (los apóstoles) que la declaran, y son testigos extraordinarios,porque a ellos se les ofreció vivir a cambio de retractarse, 4 documentos independientes (los evangelios) que relatan lógicamente los hechos que arribaron en la muerte y resurrección, y que fueron escritos más cerca de los hechos y con más objetividad que cualquiera de la antigüedad; de las curaciones en Lourdes, se instaló una comisión médica con doctores creyentes y escépticos; de los milagros de los santos, se estableció un procedimiento casi judicial de canonización con una exigente revisión de todos los antecedentes médicos; de los evento de Fátima, hay artículos publicados en la prensa secular comunista; de la regeneración de una pierna, hay actas notariales. Así, suma y sigue.

Pero claro, no son las “pruebas extraordinarias” que nos pide el escéptico, son testimonios, documentos, las mismas evidencias que se usan para demostrar los hechos posibles.

En el fondo esa famosa frase “Hechos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias” está vacía, porque no existen las pruebas extraordinarias, ni en la religión ni en ningún otro ámbito, y lo que realmente deberían decir es que, sin importar las pruebas, ellos no creerán en un milagros, porque así se los dice su visión del mundo.

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Categorías:Escépticos
  1. Kewois
    19/02/10 en 2:33 pm

    Hola:

    >Si uno confiesa haber cometido un delito, y desde su propia perspectiva no >obtiene de ello más que la sanción correspondiente, lo normal será darle pleno >valor a esa declaración y no exigir otras pruebas.

    Cuando alguien confiesa un crimen debes corroborarlo con evidencias (que arma uso, que hizo con ella, si hubo testigos, que hizo después, etc) para descartar a los locos que se autoincriminan. Algo que es MUY común.

    Hay una frase que dice: “A confesión de culpa relevo de pruebas”…
    Te confieso que yo maté a JF Kennedy. No hemos resuelto el caso verdad?

    >creyente y del mecanicista

    Hay muchos tipos de creyente. Hay quienes dicen que Dios NO interviene. Para otros Dios no es todo bondad y amor (el dios del antiguo testamento no es un ángel de bondad precisamente).

    El mecanicista no dice que el universo es bondadoso y asume que hay mucho no conoce o que hay eventos impredecibles.
    Incluso si conociera mucho mas tampoco podria predecir ciertas cosas.
    PEro eso es distinto a afirmar que algo que viola un conocimiento científico deba ser aceptado.

    Algunos creyentes dicen que Dios es todo amor y todo poderoso y que todo lo sabe. Ahi es donde caen en una contradiccion cuando sucede algo como lo de Haiti. Si quitas una sola de las “hipotesis” no hay problema. O dios no lo sabe todo y no se enteró de lo de Haiti, o no puede evitarlo ( no es todopoderoso) o no quiere (no es todo bondad).

    El típico caso es cuando se estrella un avión mueren 199 personas y una sale ilesa. “Milagro” gritan. Y los otros 199????

    Por otro lado creo que tienes razón en decir que no hay pruebas extraordinarias. La frase debería ser:
    “Hechos extraordinarios requieren que las pruebas de los mismos sean evaluadas y corroboradas con mucho mayor cuidado que en el caso de hechos ordinarios.”

    Kewois

  2. 19/02/10 en 3:58 pm

    La afirmación es algo confusa. Hay un problema epistemológico en ello, porque lo cierto es que incluso fenómenos considerados como ordinarios, en algún momento pueden presentar elementos que para nosotros son extraordinarios, pero que en realidad ahora captamos ya sea por un cambio en el hecho mismo, por una mayor percepción, por mejoras en la técnica, etc.

    La distinción entre el noúmeno y el fenómeno, no es del todo definitiva en el mundo sensible, real, la naturaleza o como queramos llamarla.

    Por eso hay un dilema. Porque la aceptación de la existencia de hechos extraordinarios (insisto aún cuando los quiere negar) implica un proceso empírico previo que parece no considerarse, que tiene relación con que un fenómeno, para ser calificado de extraordinario, debería ser primero apreciado de modo sensible, de lo contrario es mera ficción.

    Es decir, debe ser considerado empíricamente por más de uno, de lo contrario puede ser un simple engaño perceptivo individual o un producto de la imaginación. Porque ¿Cómo podemos catalogar un fenómeno como un hecho extraordinario o no, si no ha sido primero captado empíricamente? Pero ¿Cuál es el criterio para calificar un hecho de extraordinario o no en el mundo sensible?

    Y ojo, que pienso en cualquier cosa, no necesariamente en dios. Lo mismo se aplica a los ovnis. ¿Crees en los ovnis Pato? Hay muchas pruebas.

    En otras palabras, no existen fenómenos extraordinarios sino otros y nuevos fenómenos comunes, que son ahora captados y que requieren otras nuevas pruebas.

    En cuanto al beneficio, no veo en que beneficia a unos u otros la discusión sobre dios. A no ser que alguno se aproveche de lo que eso genera.

    Creo que en tu distinción entre creyentes y no caes en un absolutismo erróneo, puesto que muchos “escépticos” en ningún caso consideran que manejan todas los factores y que pueden predecirlo todo. Al contrario se oponen a cualquier historicismo (como si lo tiene el cristianismo con la segunda venida) u holismo.

    Luego sigo desarrollando la idea. Saludos

  3. 20/02/10 en 1:02 am

    Tres comentarios:

    1.- Es “afirmaciones extraordinarias”, y no “hechos extraordinarios”. Prefiero creer que es un descuido tuyo y no un intento de engaño. Entiendo que un “hecho” es una verdad como tal, ya demostrada, con lo que das la impresión que al pedirte evidencias por un hecho hay una redundancia. Si eres tú quien afirma que Jesús resucitó, esta afirmación debe sustentarse con una prueba acorde.

    2.- Siguiendo lo anterior, veo que insistes en presentar los evangelios, a pesar que anteriormente ya te mostré una pequeña cantidad de errores en el texto. ¿Realmente insistes en presentar como evidencia un relato incoherente y contradictorio entre los evangelistas?

    3.- Piensa ahora en lo siguente: “Joseph Smith es un profeta enviado por dios, lo afirma el Libro de Mormón”.

  4. Nicolás V.
    20/02/10 en 9:19 am

    Y toda esa mágica revelación vino a travéz de unas piedras en un sombrero, y creen firmemente en calzoncillos santos que les protegen, pero que podemos esperar a este spin off del catolicismo cuando este nos ofrece joyitas como serpientes y arbustos parlantes, okupas de ballenas o a Santa jesus haciendo moonwalks en el agua (algo muy popular entre los dioses de la epoca).

  5. Alejo
    26/02/10 en 1:16 pm

    Perdón, Nicolás V. ¿puedes citar algún documento “de la época” donde uno de los dioses camine sobre el agua? (Mucho más interesante sería el de un texto antiguo que diga que el mismo redactor o una de sus fuentes haya sido testigo personal del hecho es decir, que haya ocurrido contemporáneamente y no en un “tiempo mítico”).

  6. Javier
    28/06/11 en 6:34 pm

    Kewois :

    Algunos creyentes dicen que Dios es todo amor y todo poderoso y que todo lo sabe. Ahi es donde caen en una contradiccion cuando sucede algo como lo de Haiti. Si quitas una sola de las “hipotesis” no hay problema. O dios no lo sabe todo y no se enteró de lo de Haiti, o no puede evitarlo ( no es todopoderoso) o no quiere (no es todo bondad).
    Kewois

    Esa parece una frase epicureana. Epicuro era un filósofo hedonista y el hedonismo parece definir el bien y el mal en terminos del placer que puede obtener. Si no obtiene placer entonces en malo. Lo que está mostrando es un desconocimiento teológico del punto de vista cristiano del bien y el mal (esto es escencial para poder criticarlo). Para poder entender porque un creyente afirma que Dios es amor y todopoderoso debe analizar el pensamiento cristiano, no puede sustraerse de ello. En realidad está contradiciendo algo que no conoce o que no entiende por eso su argumento no es bueno.

  7. Kewois
    30/06/11 en 7:58 am

    Javier:

    Hay una diferencia entre que algo no de placer y algo malo. El terremoto de Haiti devastó toda una ciudad matando e hiriendo miles de personas incluyendo hombres, mujeres y niños. No es que el “placer” de los Haitianos fue disminuido porque por lluvia se suspendio un partido de futbol. Hubo muertos, heridos, mutilados encima en un país que de por si vive en la extrema pobreza.

    Dime entonces si Dios es TODOPODEROSO y TODO AMOR donde se expresa ese amor si hubo hombres mujeres y niños que murieron o perdieron a sus familiares.

    Es facil decir “eso no es así porque no entiendes” explicalo y debatimos.

    Por otro lado te copio lo que sale en Wikipedia de Epicuro y veras que lo que el entiende por placer es algo acotado y moderado

    Kewois
    ———————————————————————————
    El placer y la felicidad

    Epicuro consideraba que la felicidad consiste en vivir en continuo placer. Este punto de su doctrina ha sido a menudo objeto de malentendidos, pese a que Epicuro hace una cuidadosa categorización de los placeres, indicando cuáles son recomendables y cuáles no.

    En efecto, Epicuro señala que existen tres tipos de deseos:

    Los naturales y necesarios: las necesidades físicas básicas, alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.
    Los naturales e innecesarios: la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
    Los innaturales e innecesarios, que considera superfluos: la búsqueda de la fama, del poder político o del prestigio.

    Epicuro formuló algunas recomendaciones entorno a todas estas categorías de deseos:

    El hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
    Se pueden perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.
    No se debe arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto sólo conduce a un sufrimiento futuro.
    Hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.

    También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre en dos entes diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:

    placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal;
    placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

    Epicuro dice que “todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza”. Los placeres vanos no son buenos, porque a la larga acarrearán dolor y no sólo son más difíciles de conseguir, sino además más fáciles de perder.

    También habla de la importancia de poseer una virtud para elegir y ordenar los placeres: la prudencia.

    El discernimiento de los diferentes placeres y la recta prudencia, permiten acercarse a una vida feliz, lo cual constituye el objeto de la filosofía.

    Epicuro valoraba como placer fundamental la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento por su vivacidad. Cuando decimos entonces, que el placer es un fin, no nos referimos a los placeres de los inmoderados, sino en hallarnos libres de sufrimientos del cuerpo y de turbación del alma”.

    Una vida en privacía, rodeada de amistades y de placeres moderados con el mínimo de dolores posibles y tranquilidad en el alma, brinda la felicidad.

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