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Como me puse así IV: La mala educación

Bueno, no es que haya tenido una mala educación, pero me gustó seguir con el tema de las películas de Almodóvar. De hecho, puedo decir que tuve una de las mejores educaciones que puede entregar esta larga y angosta faja de tierra, pues, al haber sido educado en colegios particulares, pertenezco a la élite chilena

Los chilenos, así como en general tendemos a ser catolico-a-mi-manera, sentimos un profundo apego hacia la clase media. Se ha vuelto un lugar común quejarnos de las diferencias económicas que vemos con solo salir a la calle, pero al mismo tiempo, nadie dice “yo soy pobre” o “yo soy rico”, todos nos consideramos “de clase media”.

¿Cómo hacemos los chilenos para meternos todos en ese gran saco? ¡Fácil! hacemos consistir nuestra “clase media” en diferentes cosas: en un extremo, cierto grupo que en cualquier medición formaría parte de la clase alta, que paga su casa propia, tiene automóvil y puede vacacionar en el extranjero, se califica a sí mismo de “media”, pensando en que no tiene ingresos independiente de su trabajo, no es dueño de empresas o vive de las rentas; en el otro extremo hay personas realmente pobres, que viven en casa de familiares y no tienen un trabajo estable, pero ven que nunca le ha faltado para comer y celebrar, y eso basta para subirse al mismo carro.

Como buen chileno, yo también creía estar en esa cómoda posición media, me tomó 30 años para darme cuenta de lo contrario y aun ahora me avergüenzo de decir que pertenezco a la clase alta.

Pero disgrego, el punto es que, salvo casos catastróficos, cualquier chileno educado en colegio particular pertenece a la élite, y yo lo fui.

En el apartado religioso, sin embargo, es necesario decir que la educación fue muy mala, como he mencionado antes en este blog. Así puedo anotar a pesar de 12 años de educación salesiana, que era de los más interesados en clases de religión, que fui tutor de un curso de catequesis para la primera comunión (niños de 10 u 11 años, cuando yo tenía 16), y que era el único del curso al que le gustaban las clases de filosofía egresé de 4° medio sin saber qué era la transubstanciación o la inmaculada concepción. Lo que recuerdo de las clases de religión es más que nada formación valórica (¡Cómo nos gusta esa palabra a los chilenos!) y conciencia social, lo que en sí no tiene nada de malo (de hecho es absolutamente necesario) pero no es clase de religión.

A nuestro amigos escépticos que, bajo la bandera de un Estado ateo, proponen terminar con la asignatura de religión en los colegios, les digo que no se desgasten en una lucha simbólica; la asignatura de religión que encuentran en el currículum no son más que educación cívica, y todos las pasan con nota máxima sin saber el nombre de 3 sacramentos. Sería interesante hacer una encuesta a los egresados de la educación media acerca de la religión que profesan, sin exagerar creo que en educación particular, el cristianismo sería una minoría.

Pues bien, a pesar de la educación en colegio católico terminé siendo este monstruo de intransigencia católica ¿Cómo me puse así?

Para mí que por pura gracia de Dios. De partida, nunca me compré el cuento de que la Iglesia Católica era la suma de todos los males del mundo, tal vez por que al menos los curas lograron inculcarme el respeto a los santos, o tal vez por admiración a mi madre, que a pesar de estar excluida de la comunión, nunca nos habló mal de los curas, o puede ser porque las rebeliones “porque sí” nunca fueron con mi temperamento filosófico.

A pesar de que mi madre es abogado de la Universidad Católica, yo opté por la Universidad de Chile, fundada por los masones, para seguir mis estudios de derecho, y allí vine a encontrarme con la Iglesia. De partida mi querido profesor de Introducción al Derecho, don Jaime Williams Benavente, junto con otros textos básicos, nos entregó como lectura para el curso el tratado sobre la Ley, incluido en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Para mí, leer ese texto fue… una epifanía, si me disculpan la expresión.

La prosa era simple, las palabras comunes, era casi el lenguaje de un manual de instrucciones, que intenta ser lo más preciso posible; y a la vez, las ideas eran profundas, los conceptos claros, las implicancias se desplegaban con cada nueva frase eran sutiles. Había que leer tres o cuatro veces la oración para entender qué quería decir, y una vez que lo entendías, había que detenerse a cavilar cómo se relacionaba con el argumento principal, pero cuando se alcanzaba ese punto era evidente que no había forma más concisa de expresar la idea del autor.

Además, era una filosofía adulta, con conceptos, definiciones y características claras, una filosofía con la cual vivir y por la cual morir, filosofía de vida y para la vida. Nada de esta tontería infantil e inmovilizadora, acerca de pensar por el gusto de pensar, de dudar hasta de la duda, y de revolcarse en pensar acerca de la propia astucia, tan característica de los intelectuales, y que infectó el pensamiento posterior. Siempre que intenté leer filosofos modernos me encontraba a las 5 ó 6 páginas pensando “Bueno, y ¿de qué me sirve toda esta paja molida?” Luego se sorprenden que nadie quiera tomar en serio a los filósofos, si no son más que sofistas.

En fin, mi primer contacto con el tratado de la ley me llevó luego a pedir en la biblioteca la Suma Teológica, y naturalmente me fui directo a las pruebas sobre la existencia de Dios. Mismo proceso nuevamente: leer una y otra vez, con atención, tratar de entender qué se quería decir; pero cuando dejaba de lidiar con el texto, la respuesta no podía ser otra: la lógica demostraba la existencia de Dios. Más importante aún, podía rebelarme  contra toda esa basura de “Nadie sabe si Dios existe, o por qué estamos aquí, cada uno tiene su propia respuesta”. ¡Las respuestas estaban ahí, y teníamos razones para creer!

Ya he dicho que tengo un carácter emotivo y supongo que mucha gente experimenta fuertes sensaciones leyendo libros sobre la vida espiritual, pero creo que serán escasas las personas que puedan decir que se emocionaron hasta las lágrimas leyendo partes de la Suma Teológica. Eso me pasó a mí, porque mientras seguía los argumentos, pensaba ¡Esto es orden! ¡Esto tiene sentido! ¡Esto es verdad!

Fue en esa época que empecé a participar en foros sobre religión, aunque todavía ni iba a misa ni me confesaba, ni estaba muy convencido acerca de las enseñanzas católicas más ajenas al común de la gente. Por ejemplo, siempre he considerado el aborto inaceptable, pero no me parecía que la anticoncepción estuviera mal, o que hubiera mucha base para sostener la asunción de María. Más bien era un modesto esfuerzo por dar un contrapunto, cuando la conversación era demasiado unilateral.

Desde esa época en adelante ha sido un proceso de aprendizaje permanente, y cada una de las objeciones que yo mismo ponía a las doctrinas católicas iban cayendo, lentamente: anticoncepción, divorcio, presencial real, papado, sacerdocio femenino, homosexualidad, inspiración bíblica, purgatorio y una largo etcétera; cada una dio su pelea, pero la razón y sobre todo la exigencia de coherencia interna derribó todas a su momento.

¿A qué viene todo esto?

Como me puse así

Cómo me puse así I

Como me puse así II: todo sobre mi madre

Como me puse así III

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Categorías:General
  1. 2/02/10 en 4:02 pm

    Acabo de terminar algo que estaba escribiendo sobre educación y libertad y veo que escribes sobre educación.

    Tu texto es extenso y el mío también, aunque empecé a leerte ya veo que difiero en algunas cosas.

    Saludos

  2. 3/02/10 en 11:38 am

    1. Vamos a desmitificar algunas cosas:
    Muchos colegios particulares no entregan buena educación y sus alumnos claramente no pertenecen a la elite chilena. No cualquier chileno educado en colegio particular pertenece a la elite.

    2. No todos pretender terminar con las clases de religión sino que con el monopolio del catolicismo en éstas. Si queremos una educación plural se deberían enseñar las diversas doctrinas y que cada cual elija.

    3. Dices: “la regla de oro de la moral era no hacer daño a los demás. Sin duda que, así planteado, esa es una gran regla; el problema, como lo veo hoy, es que la gran mayoría no van más allá, y se quedan con esta moral de niños para toda la vida”.

    Sin saberlo, mencionas el axioma de no agresión que defienden los ácratas, que plantea que una sociedad sería libre si no hubiera coacción alguna –uso o amenaza de la fuerza- (lo que no implica que se ejerza la legítima defensa).

    Por lo mismo, y contrario a lo que dices, la gente lo pasa a llevar diariamente de distintas formas. ¿Qué más tendrían que hacer o qué sería ir más allá? ¿Obligar a otros a algo?

    El axioma de no agresión es una norma ética no moral. Se centra sólo en la justicia del acto. La coerción no es justa.

    Sería interesante que explicarás porque alguien que dice “mi moral es no dañar a nadie” no tiene moral.

    7. En cuanto al ejemplo del prisionero, es dudoso en su base, pues ningún amigo mantiene a uno de sus amigos prisionero, menos aún lo amenaza con el uso de la fuerza (no respeta el axioma de no agresión). Claramente hay un dilema utilitario -pero no del axioma de no agresión y legítima defensa-.

    Por otro lado, el hecho que uno sea prisionero implica que tal axioma ya fue roto. Es más, sea cual sea la decisión que tome, no es en libertad, por tanto, cuestionar cuál es más ética o determinar si es moral o no, es fútil y carece de sentido.

    8. Los delincuentes justifican su actuar por una cuestión utilitaria, no de otra índole. Lo que buscan es evitar una mayor pena, no sentirse mejor consigo mismo.

    Saludos

  3. 4/02/10 en 9:06 am

    1. Tal vez debí definir élite. Entiendo este concepto como un conjunto de personas ligadas por vínculos sociales y de familia, no digo que sean necesariamente las más capacitadas o las que reciban mejor educación.

    2. De acuerdo con esto.

    3. Creo que lo he explicado aquí, pero tal vez requiera un mayor desarrollo. ¿Qué es una “norma ética no moral”?

  4. 4/02/10 en 9:46 am

    Del punto 3 salto al 7. Parece que al ordenar borré algunos números.

    En relación al punto uno, aún con tu concepto, tu afirmación es errada en cuanto a decir que por estudiar en colegio particular eres parte de la élite, lo que claramente no es cierto.

    Hubo algo que me faltó mencionar en relación a una idea que planteas cuando estableces que la existencia de derechos humanos de cierta forma refleja que existe dios. No obstante, en ciertas épocas, en nombre de dios, muchos han matado como ocurrió durante la inquisición y en parte durante la cristianización de América.

    Y ahí veo una paradoja, porque quienes llevaron a cabo esos crímenes, fueron quienes se supone habían llegado a acercarse más al verdadero dios.

    • 4/02/10 en 2:44 pm

      Respecto al concepto de élite, te pido que nos des los fundamentos de tu negación. Para mí es evidente que, con los precios que se pagan y una cobertura inferior al 10%, la educación particular califica como de élite.

      No veo cómo una violación de los derechos humanos, cometida bajo la excusa del nombre de Dios, pueda ser argumento para decir que los derechos humanos no existen. ¿Lo podrías aclarar?

  5. 4/02/10 en 3:51 pm

    1) Hay colegios particulares, donde sus alumnos son todo menos parte de la elite y el costo del colegio no es tan alto, aunque sus padres se endeudan e incluso dejan de gastar en otras cosas para ello.

    Por lo mismo, estudiar en un colegio particular no es razón para decir que alguien pertenece a la élite, pues hay otros factores que tienen mayor incidencia -que algunos llaman capital social y otros el habitus- como el barrio donde se vive, el apellido, la profesión o labor de los padres, el nivel de ingreso, el lugar de veraneo, lo que se habla, etc incluso la fisonomía, en que una persona pueda ingresar a lo que llamamos élite.

    De hecho, tú eres parte de la elite no por haber estudiado en un colegio particular, sino que porque tienes un capital social determinado, tienes nexos sociales determinados e influyentes, etc.

    Pero y si mal, no recuerdo, te comenté que un estudio de la facultad de economía de la Chile, rebeló que entre alumnos de una misma generación, existían diferencias de remuneración, relativas a la procedencia, apellido y origen, y no al rendimiento.

    El con apellido “de élite” ganaba más que el de apellido “común2 aún cuando el primero tenían más bajo rendimiento que el segundo.

    2) Tú dices: “A veces me pregunto cómo pueden vivir algunas personas con tan altos ideales éticos como “debemos conservar la tierra para nuestros nietos” o “ningún niño debe morir de hambre”, y al mismo tiempo no ver que todo eso, sin Dios, no es más que una moda”.

    No digo que no existen, lo que digo es que esa relación que estableces en tu frase es dudosa, pues muchos asumieron -que como había (un) dios y “lo encontraron”- había que matar a quienes se opusieran a éste u obligarlos a creer.

    En términos simples, con dios, esos ideales éticos se convirtieron en letra muerta.

    • 5/02/10 en 12:54 pm

      1) Esos padres se privaron de tantas cosas, pensando que su hijo tendría mejor educación y oportunidades que el 93% que no accede a un colegio particular. Si ellos no se equivocaron ni fueron defraudados, su hijo pertenece a la élite, ese 6% de la población que recibe una mejor educación que el 93%.

      No especules acerca de mi capital social o de mis nexos sociales, porque no los conoces.

      Evidentemente que hay otros factores: uno puede ser profesional exitoso, y luego quedar cuadrapléjico, y será pobre igual. El punto es que la educación define una élite (aunque tal vez no LA élite) porque es una minoría que recibe algo de muy superior calidad que la gran mayoria.

      2) Los actos de las personas no siempre dan cuenta de sus creencias: muchos ateos se comportan como si Dios existiera, y muchas veces los creyentes se comportan como si no. Eso no suma ni resta a la conversación acerca de si existe Dios o no.

  6. 4/02/10 en 3:53 pm

    Perdona algunos errores de tipeo, pero quería responder pronto.

  7. 5/02/10 en 2:50 pm

    Tu argumento se sustenta en una falacia porque tratas de estiras el concepto de élite tratando de decir que todos los colegios particulares son de la misma calidad, lo que tampoco es cierto. Es claro que en comparación a un colegio municipal podría serlo, pero hay colegios (como algunos técnicos que mostraron hace algún tiempo)donde los padres pagan y la educación es deficiente.

    En cuanto a tu capital social, claro que no los conozco, pero leí tu historia en 4 capítulos y eso me indica que probablemente tienes más nexos que otros abogados.

    Y ser de la élite no implica ser rico y pudiente necesariamente(La chica del crillón).

    En cuanto a los actos y las personas, tu argumento me indica que dios no es necesario entonces.

  8. 6/02/10 en 9:27 am

    No es necesario en un sentido relativo, como causa inmediata de cada acción buena de cada individuo. Sí es necesario como causa final, ya que si Dios no existe, decir que un acto es bueno o malo no pasa de ser una opinión personal, compartida por más o menos gente, pero opinión al fin y al cabo.

    Sobre el tema de la educación de élite, justo hoy sale este artículo en La Tercera, donde dice que la educación particular llega apenas al 7%, luego se trata de una educación de élite.

  9. 8/02/10 en 8:55 am

    Según tu planteamiento cuantitativo, ser minoría es ser élite.

    Si bien generalmente la élite es cerrada y minoritaria en comparación a la gran masa de ciudadanos, en el caso de ese 7% (dato que no vi en el artículo), éste no implica que todos son de la élite, sino que son parte de una minoría que se educa de forma privada.

    De hecho, el mismo artículo que citas te indica una mayoría emigró a la educación pagada (por razones obvias), lo que no implica necesariamente que ganen más dinero como la élite (sino que se endeudarán) ni que por ello serán elite.

    Es más, la tendencia aumentará probablemente y muchos más estarán en colegios pagados y entonces tu argumento cuantitativo no será válido.

  10. Kewois
    9/02/10 en 1:38 pm

    Respecto a la educación religiosa en las escuelas:

    1) creo que cada padre tiene el derecho de educar a sus hijos en la religión que el desee. Por lo tanto que lo mande a un colegio Católico, Judio o Bautista. También debe respetar la religión o no religión que el hijo elija al ser mayor.

    2) Los colegios estatales pueden mostrar lo que son las religiones en general pero sin tomar partido por ninguna. Los padres católicos que envian a su hijo a escuela estatal y desean darle formación religiosa, que manden al hijo a Catequesis, a misa los domingos, sabados viernes y al grupo Scout. El estado debe ser independiente de la religión.
    Podría llegar a subsidiar a algún colegio religioso en zonas donde no hay otras escuelas o en barrios muy carenciados. Pero en argentina el estado subsidia tambien colegios religiosos que son CARISIMOS, les cobran a los alumnos, donde concurre la elite.

    3) Es verdad que la formacion religiosa en la mayoria de esos colegios catolicos es pauperrima. Basta con discutir tres o cuatro temas con algun egresado para darte cuenta que no saben nada de nada. Algunos creen, por ejemplo, que se puede ser católico y creer en la rencarnacion.
    Pero yo creo que eso se debe a que la formacion que se da en muy leve. Algunas doctrinas, algunos parrafos versiculos o capitulos de la biblia.

    en paises como EEUU al haber tantas variantes del cristianismo cada iglesia instruye bastante bien a sus fieles sobre sus dogmas y sus creencias para DEFENDERSE de la accion de captacion de las otras iglesias.

    Supongo que la iglesia catolica acostumbrada a ser la mayoria en nuestos paises, descuido la parte educativa religiosa. Hay parrafos Biblicos que requieren mucho analisis, otros que son bastante subidos de tono. Y no olvidemos que en una epoca la biblia estaba prohibida al vulgo.

    Pero ahora deberian cambiar la estrategia, no solo por nosotros los perfidos ateos, sino por todas las variantes evangelicas, new age, y basura eclectica que viene de todos lados.

    Saludos
    Kewois

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